Pellizcables. Si esta palabra de verdad existiera en el diccionario, su definición sería algo así como: eso que no hacemos pero que podríamos hacer si no estuviera mal hecho. La moral no significa que a veces no nos den ganas de hacer cosas, sino no hacerlas. Al parecer, en este momento alguien recoge firmas para quitarme a Lorenzo porque mis palabras fomentan a la violencia. Es broma, no sobra aclarar. Me acusaron de fomentar la violencia por utilizar una palabra tan atroz como pellizcable contra un niño, como si por el hecho de desearlo, estoy segura que no soy la única que se le ha cruzado por la cabeza, significara que lo hubiera hecho. Que pena con las santísimas vírgenes Maria que jamás han torcido ojo ante un niño inmanejable ajeno. Niños que parece que se le salieron de la mano a las mamás. Cuento con la suerte de ser una niña que nunca fue golpeada por sus padres para castigarla y adoctrinarla. Cuento con la inteligencia y el amor para no hacerlo con mi hijo. Y es ese amor, el que me refuerza cada día más, que hacer que mi hijo respete ciertas normas lo convierte en un ser amoroso, respetuoso y respetable. Negociarlo todo porque el niño así lo quiere sólo lo vuelve egocéntrico, sordo ante las necesidades de otros y prepotente. Por naturaleza ya tenemos que aprender a manejar las pataletas normales de un niño como para sumarle a ellas, una actitud peor debido a un niño que sabe que siempre puede hacer lo que quiere. Tampoco olvidemos que todas tenemos algo llamado sentido común, y algo mejor aún, llamado instinto maternal, lo que nos permite saltarlos ciertas reglas por diversas situaciones particulares (que hoy está enfermo, que el llanto es además por otro problema, que su negativa tiene otras razones , etc) En mi casa hay varias reglas, normas, órdenes, póngale el nombre que quiera… A modo de ejemplo una a continuación:

1pm: En mi casa siempre se sirve el almuerzo a la una en punto. Papá viene hambriento del trabajo, a mamá le suenan las tripas del hambre y Lorenzo jugando con unos bloques dice que no quiere almorzar.

  • Ana: Lolo está servido el almuerzo, vamos
  • Lolo: No
  • Ana: ¿No tienes hambre?
  • Lolo: No
  • Ana: Ok, mamá si tiene mucha. Puedes quedarte jugando, cuando tengas hambre me avisas, pero mamá si se va a sentar a la mesa a almorzar con papá. (Obligar a comer a alguien que no tiene hambre si me parece un acto violento)
  • Lolo: uaaaaa uaaaaa (No sé claramente como describir el llanto, pero el caso es que Lorenzo quiere que yo siga sentada a su lado y no reciba mis alimentos)




Cuando Lolo era bebé me senté a la mesa frente a mi almuerzo frío muchas veces cuando ya todos los comensales se habían retirado. Lolo era un bebé y a veces tenía que amamantarlo a esa hora, o a veces me quedaba arrullándolo para que durmiera, etc. Hoy está por cumplir tres años y entiende lo que es la empatía, el bienestar del otro, sabe que tiene necesidades pero que papá, mamá, los abuelos, sus amigos y primos, también.

  • Ana: amor, si quieres me acompañas así no tengas hambre y ahora seguimos jugando. Tenemos toda la tarde para jugar.
  • Lolo: No
  • Ana: ok, entonces quédate jugando y mamá viene apenas termine.
  • Lolo: No.

Alguien está diciendo demasiados NO y no soy yo.

Me siento a la mesa y almuerzo con mi 10%. La primera vez Lolo vino a tratar de halarme de la mano para pararme de la mesa de una manera agresiva, lloró, le conté hasta 10 y cuando la calma regresó se sentó a almorzar al lado mío por decisión propia. Después jugamos toda la tarde. La segunda vez primero dijo que no quería almorzar, y al rato cuando íbamos por la mitad llegó a la mesa y se nos unió. Ha habido unas veces que decide quedarse jugando y almuerza dos horas después, hay otras que a la primera viene y se sienta, pero aprendió a respetar. En este caso, respetó el hambre de sus papás y nos regaló esos 10 minutos, gracias a un no no-negociable que una vez usé.

Los niños tienen muchas necesidades que debemos satisfacerle nosotras, pero a medida que crecen, sobretodo después de los dos años, también debemos satisfacerles una necesidad y es la de conocer el mundo y aprender a relacionarse con él. Porque oh sorpresa no vivimos en una isla desierta. Sólo con estos límites y un no a tiempo entienden que ellos tienen necesidades pero también el resto de personas. Una regla mínima de respeto que nos permite decir que estamos educando seres humanos capaces de relacionarse con los otros, de respetar espacios, de sentir empatía por el otro y, eso que tanto nos cuesta de adultos, que es ponerse en los zapatos del otro.

Póngase a la tarea de ver niños a los que nunca se les dice que no y se darán cuenta de lo difíciles que son. Hasta la vida misma se pone difícil. Salir a la calle es una odisea. Jugar con ellos, a menos que sea todo como ellos dicen, es imposible. Y ni les digo los problemas que tienen de adultos. Yo quiero que mi hijo respete a otros niños, que respete a sus abuelos, que se respete a si mismo. Sólo así podrá exigir respeto también. Quiero un hijo que entienda que la idea del otro también puede funcionar, e incluso puede ser mejor, y no uno que imponga la suya a como de lugar porque así ha funcionado siempre en casa. Quiero un hijo que también pueda decir que No, cuando algo le parece incorrecto. Quiero un hijo que entienda que no todo es negociable, como quisiera que lo entendieran nuestros políticos. Quiero un hijo que pueda relacionarse con la sociedad de manera amorosa y el trato amoroso nace del respeto. Tengo varios no no-negociables y van cambiando a medida que Lolo va creciendo, todos basados en el respeto hacia él y hacia nosotros que somos su universo más cercano en este momento. No creo que sea violento querer entregarle a la sociedad un hombre amoroso que respete que hay ciertos límites que todos debemos respetar para una convivencia llena de amor. Ya lo dijo mejor que yo, Jean Paul Sartre “Mi libertad se termina donde empieza la de los demás”.




Hace unos años un sobrino sufrió un accidente que nos volcó a todos con exceso de mimos sobre él. Necesitaba todo nuestro apoyo y amor, y durante su convalecencia y recuperación hicimos todo para complacerlo. Recuerdo un día que recorrí tres supermercados en busca de un helado especifico que él pedía, y estaba bien, era el momento de no escatimar esfuerzos para hacerlo sentir mejor. Después, alguien muy acertado le explicó a su mamá, quien después me lo contó a mi, la necesidad de no desdibujar las reglas de casa, no suprimirle sus tareas domésticas y escolares, no olvidar las horas establecidas para dormir, para ver tv, y no evitar corregir si tenía una conducta grosera a pesar de su situación. Su “desventaja” (que no lo es) no podía ser la excusa para manipular al mundo, ni nuestra razón para victimizarlo y de paso limitarlo. Si alguna vez se cruzan con un niño adorable, respetuoso, amoroso y de muy buen humor puede ser él.




Los niños son capaces de cosas maravillosas, no limitemos su potencial creyendo que no pueden entender y aprender de un no no-negociable. Igual cada quien tiene derecho a criar bajo las creencias que considere más prudentes y adecuadas…y ojalá la suerte nos acompañe a todas en esta tarea. 

 

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  • Asi es Ana, el negociar todo con ellos los vuelve niños egocéntricos y manipuladores y hay que enseñarlos a aprender esos no, no-negociables a los que se van a enfrentar en la vida, por ejemplo en el colegio con los profesores o en el trabajo con el jefe.
    Las nuevas teorías de crianza las cuestiono porque están motivando a los padres a ser esclavos de los hijos y eso no va conmigo.
    Excelente artículo

    Saludos,

    Diana
    http://www.agirlinafrica.com

  • Me encantó, el No es la manera de articularse al mundo y a la cultura y eso es justamente como padres debemos hacer, no podemos ser flexibles y permisivos en todo, por temor a generar “traumas”. Me cuestiono sobre aquellas alternativas neuroliguisticas en que los padres remplazan la palabra NO por otra, con el fin de no causar ningún daño psicológico a su criatura, serán luego capaces de vivir en un mundo que tiene reglas, normas y límites o Irán por ahí haciendo de las suyas por falta de un NO durante su vida.

  • Mas real no puede ser. Apoyo total, muchas de las que criticaron tu artículo pasado ni mamás deben ser y no saben que en cuestión de crianza la teoría aguanta con todo, la práctica es muy diferente. Saludos y sigue con los articulos, que muestran el día a día de una mamá real, no de la sicología que apoyaba al 100% antes de meterme en esta hermosa locura de ser madre.

  • Ana me encanta todooooo todo lo q escribes es tan cierto y a la vez tan claro que todos los papás deberíamos leerlo pa que caigamos en cuenta de unas cosas q son verdad! GRACIAS

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