Cuando pensamos en hacerle un homenaje a las mamás siempre pensamos en las cosas altruistas que somos capaces de hacer una vez tenemos hijos. Crear vida, sacrificar una carrera profesional, decir que no queremos ese pedazo de pastel sólo porque vemos una carita que ya le puso el ojo, trabajar las 24 horas… la lista puede ser larga y todas nos la sabemos de memoria. Yo agradezco que muchos reconozcan que nuestra labor es fundamental, valiosa y difícil de reemplazar. Pero hay otro tipo de nimiedades imperceptibles y dadas por sentado que hacemos día a día por las que no recibimos crédito alguno y que merecen ser mencionadas a fin de que cuando alguien se cruce con nosotras en vez de criticarnos nos elogie o al menos nos entienda.

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  1. Estar arreglada.

Recuerdo casi con nostalgia aquellas hermosas pérdidas de tiempo en la mañana midiéndome las 18 pintas posibles para salir a la calle, recuerdo vagamente como podía poner mi playlist favorito y en medio de cantos desafinados con cepillo en mano iba haciéndome un blower perfecto, añoro cuando mantenía mis uñas pintadas con el color de moda y tengo algunos flashes de tiempos memorables donde me maquillaba sin afanes. Salir regia a la calle era toda una rutina de no menos de una hora y hoy, con todo el tema de ser mamá, esta rutina sufrió un severo recorte justo y cuando más lo necesitábamos, porque la maternidad y el embarazo por bien llevados que sean, nos golpean fuertemente. Y sí, una vez nos volvemos mamás estamos más cansadas, más ojerosas, más flácidas y más calvas pero esto no puede traducirse en una renuncia a lo más divertido de ser mujeres. Nadie dijo que iba a ser fácil pero convertirnos en las exponentes por excelencia de la tibieza no es una opción. Como bien dicen por ahí, primero muerta que sencilla.

El arte ahora está en verte producida pero casual en menos de 20 minutos, la astucia está en que la primera pinta que escojas sea la ganadora y si no lo es, llevarla con estilo el resto de día, la destreza está en verte regia y a la moda con un despeluque genial desprovisto de plancha. Cuando vemos una mujer bien arreglada en la calle no podemos saber a ciencia cierta cuanto tiempo se demoró en lograr dicho resultado pero cuando vemos una mujer bien arreglada en la calle llevando un coche y un niño de la mano sabemos a ciencia cierta que fue poco y eso, al mejor estilo de los realities que piden hacer maravillas en tiempo record, amerita un reconocimiento. Reconozcámosle a todas las mamás del mundo el talento para verse lindas sin el tiempo y el descanso que tienen el resto de mujeres.

  1. Llegar puntual.

La puntualidad siempre ha sido una de mis exigencias y obviamente viviendo en un país como éste, también ha sido la razón de muchas de mis peleas. Ahora que soy mamá en vez de volverme un poco más flexible con el tema me he vuelto más paranoica. Llegar puntual en ésta ciudad, o en cualquier ciudad capital latinoamericana, es un arte, un estrés y un chiste, pero no un imposible. Las mujeres que somos mamás y llegamos puntuales nos merecemos más que un reconocimiento: un premio, un busto o en su defecto un bono ilimitado en una tienda de zapatos. Es hora de que todos reconozcan las maratones que corremos las mamás para llegar a tiempo a un lugar. La mejor manera que se me ocurre es que comiencen a ser puntuales, que les de vergüenza cuando no lo logren o al menos que escojan de manera muy delicada la excusa que van a dar cuando lleguen tarde porque siempre habrá una mamá oyéndola y retorciéndose de la ira. Si yo, que soy mamá, que tengo que bañarme, vestirme y arreglarme (para que me reconozcan el punto anterior) bañar, vestir, alimentar y mimar al bebé, escogerle la pinta al marido, alistar la pañalera, preparar snacks para el camino, empacar coche, alistar mi cartera, parar a mitad de camino a cambiar un pañal…etc., si yo puedo llegar a tiempo, usted que no tiene hijos, no solo puede sino debería hacerlo. Si este esfuerzo no me lo reconocen al menos reconozcan que llegar tarde no siempre es culpa de Petro sino de la pereza.

  1. Tener un matrimonio feliz.

Siempre hemos oído que mantener vivo el amor y no dejarse matar por la monotonía es una de las cosas más difíciles en una relación. Y si. Del enamoramiento desenfrenado del comienzo en el que un peo nos provocaba ternura o una carcajada va quedando solo un olorcito maluco que ya no nos parece tan divertido. Salir arreglada de la casa es un chiste comparado con mantener el amor igual o más bonito que el día uno. Y si la cosa nos parece complicada entre dos seres humanos súmele un tercero. Un hijo, con todas las cosas lindas que trae, también pone a ratos a tambalear eso que creíamos tan sólido. Nosotras estamos más irritables consecuencia clara de la falta de descanso y ellos…pues ellos también han trasnochado con nosotras y no están en sus mejores condiciones para aguantarnos. Aparecen peleas que no conocíamos pensando en la manera de como criar a los hijos y nuestras convicciones chocan entre si porque cada uno cree que es mejor hacer las cosas de una u otra manera. Nosotras enamoradas por completo del nuevo integrante familiar olvidamos a ratos que ya teníamos otro amor de la vida que no se puede descuidar. Ahora la labor es más desafiante y nada mejor que respirar las veces que sean necesarias para encontrar la claridad que nos haga apostarle al primer amor por encima de todo para que el segundo crezca en un hogar que valga la pena. Si mantener un matrimonio es una maratón mantener uno con hijos es una triatlón. Encontrar parejas bonitas en medio de un mundo que ya no cree en cuentos de hadas es fantástico pero encontrar parejas felices y enamoradas con hijos es realmente fenomenal. Y es algo tan difícil que el crédito hay que compartirlo con ese 10% que en este caso se vuele un 100.

  1. Hablar de temas de actualidad.

Si bien el tema que más dominamos es el de la maternidad, cuando encuentre una mamá con la que pueda sostener una conversación acerca del último revés de algún político, o comentar un libro que no sea 50 sombras de Grey, o debatir cualquier tema interesante de actualidad: Atesórela. Entre levantarnos a media noche a lidiar un llanto, madrugar a preparar un tetero, arreglarnos para llegar a tiempo, consentir al marido, ver un capítulo de La Casa de Mickey Mouse por veinteava vez, inventar un juego para que nos reciban el almuerzo, salir al parque, hacer mercado, llamar a la mamá, luchar para que en la noche por fin se queden dormidos, arreglar el desorden, etc., queda muy poco tiempo para ver un noticiero y muy poca energía para leer más de dos páginas de un libro o ver una película completa. Así que disculpe si algunas veces parecemos disco rayado con el tema de la crianza o si no estamos enteradas del último look de las Kardashians pero también denos el crédito cuando se siente a nuestro lado y podamos hablar de Carrie, la bipolar agente de la CIA y no de Callie, la gatita Sherrif de Lindo-rincón-amistoso. Eso si, consejo de mamá, húyale a la mujer sin hijos que anda como loca buscando boletas para el Pretelgate porque le dijeron que era el espectáculo de moda en Colombia.

  5.   Antojarse del segundo.

Si yo diseñara un concurso para premiar a las madres, habría un galardón especial dedicado a todas aquellas que después de haber pasado por un primer embarazo, un primer parto, un primer post-parto, una primera lactancia deciden libremente tener un segundo hijo e incluso un tercero. Nadie les reconoce su valentía, dedicación y locura. Quedar embarazada de tu primer hijo es como ir a Disney por primera vez, estás extasiado con todo lo que ves, no puedes creer semejante maravilla, quieres hacer absolutamente todo, es tu mejor experiencia pero al mismo tiempo descubres que las boletas para entrar son carísimas, las filas para cada atracción son mortales y el cansancio que te queda encima no te lo habías imaginado. Quedar embarazada de tu segundo hijo es volver a Disney, sabes que la experiencia va a ser increíble pero también sabes todo lo que te va a costar. Y si ésa osadía no merece un reconocimiento especial no se que más puede tenerlo. Dicen que los segundos hijos se crían solos pero con uno para mi ya es bastante difícil estar arreglada, llegar puntual, seguir felizmente casada, estar enterada de lo que pasa en el mundo o simplemente ir a cine, por eso todo mi reconocimiento a aquellas que deciden ser mamás una y otra vez teniendo plena conciencia de lo duro del trabajo… bueno y también toda mi envidia porque sus billeteras claramente están mucho más acolchadas que la mía.

Por último, les pido que si la próxima vez que nos veamos parezco recién levantada, nada me combina, el pelo me brilla de lo cochino, llego media hora tarde, ando de pelea con mi 10%, no se quién es Nicolás Gaviria y en vez de buscar el segundo bebé ando rifando el primero, abráceme porque estoy en uno de esos días Juemadre, dígame que me veo linda sin maquillaje, que ser puntual es para la clase media, que nadie sabe quién es Nicolás, ni Paloma, ni Frank Underwood y que mejor deje de joder porque la manera como me mira mi bebé y mi 10% es el mejor reconocimiento y la mejor razón para ser feliz.

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Embarazo: 40 semanas (en mi caso 38) en el que, aún no logro entender muy bien como, creamos vida en nuestra barriga. Periodo en el cual experimentamos cambios morfológicos indeseados, transformaciones físicas increíbles, algunos trastornos psicológicos tiernos otros desesperantes, alteraciones hormonales, incontables malestares emocionales, algunos daños patológicos y (sobretodo si eres mamá primeriza) un sin número de despilfarros monetarios comprando cosas inútiles para el bebé que está por nacer.
Quedar embarazada por primera vez es sinónimo de malgastar. No hay producto que veamos exhibido que no consideremos indispensable, práctico y necesario.
Esperando a mi primer hijo compré muchas cosas inútiles convencida de que me harían la vida más fácil. Hoy, lo único que se me ocurre hacer con ellas es una venta de garaje donde pueda embaucar a otras mamás primerizas, inocentes y entusiasmadas como yo. Si alguna está interesada, estos son algunos de mis artículos en venta:

Zapatos antes del año.

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Hay algo más divino que un par de zapatos diminutos imitando los modelos de adulto? Hoy en día hay mocacines, tenis, botas incluso sandalias que como prototipos hechos a escala son perfectos pero como accesorios útiles, indispensables y prácticos son un verdadero fracaso. No hay un modelo, por bonito que sea, que permanezca adherido al pie por más de 20 minutos, los que se quedan más de 20 son realmente difíciles de poner y corremos el riesgo de cortar el flujo sanguíneo del pie de nuestros pequeños. El zapato, si bien es un accesorio, su principal función es la de proteger al pie mientras se realizan actividades. Así que pongámonos serias: dormir, babear, llorar, dormir, estar alzado, comer, eructar, dormir, hacer poco, dormir, vomitar y dormir no son actividades que requieran el uso de un zapato, es más, son actividades que se disfrutan más en la comodidad y suavidad de unas medias. Que vivan las medias hasta que los bebés se aburran de gatear y que vivan los zapatos antes del año… pero colgados en el retrovisor del carro.

Protectores para bordes de mesa.

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Mi peor pesadilla era ver incrustada la esquina de la mesa del comedor en un ojo de Lolo o en sus cercanías, así que la mañana de un domingo me dediqué a volver mi casa un lugar seguro y habitable para un bebé. La promesa de venta de estas piezas de plástico, hay unas incluso acolchadas, es absorber el impacto previniendo lesiones graves por golpes o caídas. Traducción: las tenía que tener. Las busqué por internet, las pedí, las esperé impacientemente y más me demoré en pegarlas en su lugar que en ver a Lolo caminando tranquilamente con dos en la mano y otra en la boca. Mi hijo ha sobrevivido, como dirían los expertos en seguridad en un “ambiente hostil” lleno de bordes de mesas de vidrio. Proteger la casa con este tipo de artículos es a mi modo de ver uno de los mejores placebos de la historia. Yo, y de seguro muchas de ustedes, sobreviví en una casa donde los vasos eran de metal o tarros de mermelada reciclados, sin tapas para las tomas de corriente, con piezas de estralandía regadas por el suelo, con tres hermanos hombres rodando por las escaleras, yendo a la tienda por una botella de Coca-Cola en envase de vidrio para el almuerzo y, acá muchas enloquecerán, tomándomela!

Brasier para lactancia.

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No dudo que sean cómodos y hasta prácticos, pero existe algo más feo? Tras de que uno sale de la clínica sintiéndose realmente mal, no sólo por lo barrigona y fofa sino porque realmente en el parto recibes una paliza, no hay derecho tener que sumarle feura y falta de glamour al asunto. La primera vez que me lo puse me sentí usando el famoso brasier de conos de Madonna pero despojado de todo sex appeal o para ser más exactos, era una mala imitación del autoretrato de Frida Kahlo “columna rota”.

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La primera semana que Lorenzo se me pegaba a comer lloré mis ojos, hoy con esa prueba superada, estoy por creer que mis lágrimas no eran producto del dolor sino de la vergüenza de ver a mis pobres téticas metidas en semejante oprobio. Creo que solo lo usé una vez a riesgo de que mi 10% no me volviera a tocar un pelo. Y seamos sinceras cualquier top, y de esos si hay muchos y muy bonitos, sirve. Eso si, infaltables los protectores para no andar por ahí jugando a las camisetas mojadas.

Plato con chupa.

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Es verdad que el juego más divertido de los niños es tirar al suelo cualquier objeto que vean pagando sobre la mesa, por eso, este artículo nos parece el mejor invento después del bombillo eléctrico. Pero no lo es. Primero, fíjese que la superficie de su mesa sea lisa, preferiblemente de vidrio, de lo contrario nunca pegara y será un plato cualquiera. Segundo, si pega, el juego será despegarlo aplicando toda la fuerza del mundo dejando un lindo decorado de sopa de espinacas en el techo y en todos los comensales. Tercero, en el mejor de los casos, el niño meterá sus dos manos completas en la comida al menor descuido suyo y el plato estará tan bien pegado que estará fuera de su poder ponerlo a una distancia segura del bebé a tiempo.

En mi caso también fue un error comprar cucharas y tenedores de plástico especiales para bebé. A Lorenzo le gustan los cubiertos de plata y las cucharitas de postre son sus favoritas. Hasta el momento, afortunadamente, no hemos tenido problemas con los ojos y los tenedores pero no me responsabilizo así que compre su kit de cubiertos.

Tetero que simula el pezón.

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De sólo pronunciarlo me da risa y acordarme de su valor me dan ganas de llorar. Es un tetero que, en teoría, hace que el bebé haga el mismo ejercicio de succión que cuando le damos pecho a fin de no malacostumbrarlo. Habrá a quien le funcione y no hay enfermera que no lo recomiende pero yo y sobretodo Lolo, lo odiamos. Empezando porque no hay manera de que el tamañote de ese chupo se parezca al tamañito de mi pezón. Y su lento fluir de leche colmaba la paciencia de Lolo, y no es extraño, es muy diferente jugar con una teta natural que con una de plástico…bueno, habrá algunos que pueden contradecirme.

Ojo, no todas las cosas inútiles para mi, lo han sido para otras mamás. Hay inventos maravillosos que Lorenzo rechazó desde el comienzo y ahí se exonera mi culpa como derrochadora porque no había manera de preverlo. Por ejemplo a Lolo nunca le gustó el coche, alcancé a tener tres y actualmente solo me verán usarlo si nos agarra una siesta en la calle, ya muchas conocen mi experiencia con el primero que compré. El chupo sólo lo usó un día, después lo aborreció y en lugar de calmar un llanto con él, podíamos provocarlo. Los tres meses inmediatamente anteriores a que Lolo empezara a caminar, desesperaba y jorobada hubiera sido capaz de vender mi alma al diablo por un caminador porque él sólo quería caminar pero, como aún no era capaz, lo hacía agarrado de mi dedo índice. Un alma caritativa me lo regaló y no tengo cara para decirle que ese caminador de unos ceros considerables a la derecha no tuvo a Lolo sentado ahí 2 minutos completos.
Podría seguir enumerando otro par de cosas que están empolvándose en el deposito de mi casa, pero como nadie aprende en cuero ajeno, mi premio de consolación es que ustedes vayan y cometan sus propios errores con su propio dinero.




Ser mamá es, de lejos, la labor más difícil, retadora y compleja del mundo, y aún así, nos embarcamos en ella sin tener siquiera un simple manual de instrucciones. Cada experiencia y cada hijo es diferente por eso he optado por no creerle a aquellos “gurús” que defienden una teoría o desprestigian otra. El colecho, la lactancia materna, la disciplina, la niñera etc., son temas que siempre encontrarán quien los defienda y quien los satanice. Para mi, que cada una haga lo mejor que pueda, cuando las cosas se hacen con amor no pueden quedar tan mal hechas. Hay tantos temas que nos dividen, lo que hace imposible escribir un “Manual de Cómo ser Mamá”, pero por fortuna hay muchas otras situaciones que nos unen. Estas son sólo frases que aunque no nos cambiarán la vida, saberlas, aplicarlas o decirlas de vez en cuando nos pueden alivianar nuestra labor diaria. Mis “5 frases que describen lo que es ser mamá” es un compendio de expresiones que he ido subiendo a mi página en Facebook desde que comencé a escribir este blog. Aquí, las 4 más exitosas y una quinta que hace su estreno:

Número 1

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Hay algo más real? Antes de ser mamá criticaba a la mía por hacerme comer champiñones que ella no probaba porque los odiaba. Peleaba con ella porque quería meterme a clases de piano cuando ella no tocaba ningún instrumento. Me bastó ser mamá para entenderlo todo. Somos así y no porque seamos perversas, represivas y obstinadas, simplemente somos mamás y queremos que nuestros hijos sean mejores que nosotras y lleguen mucho más lejos.

Número 2

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Quién no ha sentido que las siestas del bebé son demasiado cortas para alcanzar a hacer el resto de cosas que nos gustaría hacer? Quién no ha sentido ese mirada reproche por no hacer algo más que cuidar al bebé? La realidad es que yo hago de todo pero no hago nada. Y por “nada” me refiero, a cosas que el resto de humanos no ven a simple vista, o no les parecen desafiantes, o no pueden medir su valor en dinero. A mi el día me alcanza para hacer todo lo que el bebé quiere pero nada que yo necesite.

Número 3

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Muchas marcamos con rojo ese anhelado día en el calendario en el que por fin,  después de solucionar los problemas de logística del cuidado del bebé, vamos a salir de nuevo a la calle en la noche, con tacones, maquillaje, oliendo a perfume y no a vómito, para disfrutar unos tragos como antes. Lo cierto es que este día llega y una vez dejamos el bebé no dejamos de hablar de él, nos da sueño a las 11.00pm y lo peor de todo es que descubrimos que nuestro hígado no es el amigo resistente y fiestero que teníamos en la memoria. Volvemos a casa alzadas y listas para recibir un guayabo que nos acompañara tres días seguidos.

Número 4

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Un verdadero clásico que no necesita presentación.

Número 5

No engordar Listo

Ser mamá me ha vuelto una caneca o para ponerlo más elegante una recicladora.  No sé si es pesar o antojo pero no hay migaja que deje Lolo que yo no me coma. Si un genio se me apareciera mi deseo sería que Lolo se comiera todo lo que le sirvo en el plato o en su defecto que el hecho de que yo le de remate no se refleje en mi peso. A las mamás nos debería premiar y blindarnos contra las calorías que dejan los sobrados.

Hasta ahora mi compendio va en estas cinco se me ocurren mil más que seguiré posteando poco a poco. A ti se te ocurre alguna que merezca un meme?

Después de mi artículo de los tipos de mamá, alguien me escribió diciéndome que me había hecho falta una: la mamá sacrificio. Esa a la que le parece una herejía tener una niñera. Después de 1 año y 9 meses (edad exacta de Lolo) me vengo a dar cuenta que soy esa mamá exagerada, que debe y tiene que hacer todo lo que se refiere a Lolo. Imagino perfectamente las cosas que me critican mis familiares cuando les da por darme rejo a mis espaldas, y esa es una de ellas.

MEJOR QUE NUNCA BLOG

Yo me la paso con Lolo y cuando hay algo que tengo que hacer sin él, mi mundo colapsa, bueno, no sólo el mío. Yo entro en crisis y el primer perjudicado es mi 10%, pongo mi peor cara de ternero degollado y pregunto suavemente si será muy grave que no vaya a la oficina por un par de horas. Cuando mi 10% no puede, los segundos damnificados son mis papás, miro el calendario a ver si mi compromiso coincide con su visita, si no, los llamo y pensando que no se dan cuenta de mis oscuros intereses les pregunto si no tienen ganas de adelantar su llegada a la “calurosa y poco congestionada” Bogotá. La mayoría de veces mi 10% y mis papás me resuelven la vida. Y si no, recurro a mi cuarta víctima: Oma. No estoy hablando de la cadena de café, sino de la directora, subdirectora, jefe administrativa, coordinadora de la limpieza, organización, funcionamiento y alimentación de mi hogar.

En el último mes, tuve que recurrir a ellos más de la cuenta. Despedirme de Lolo cada vez que tenía que salir de casa, cuando no era en medio de un mar de lágrimas y abrazos, era gracias a toda una logística de escape coreografiada y medida, digna de cualquier agente de la CIA.

Todo esto, para que a los 5 minutos, con los ojos hinchados de llorar, todavía llenos de lágrimas y con la voz entrecortada, yo llamara a preguntar como seguía mi chiquito y me dijeran que estaba mejor que nunca. Mejor que nunca? Hombre, es reconfortante saber que tu hijo quedó en buenas manos, que está tranquilo y feliz, pero MEJOR QUE NUNCA? ¿Tan intensa soy que se siente aliviado sin mi? ¿entonces que fue ese show que hizo para que no me fuera, puro teatro?Es que acaso no me extraña?

Al parecer, o al menos lo que me han dicho sus cuidadores, no. Es decir, por momentos empieza a buscarme por toda la casa, a ratos se para en la puerta con la llave pensando que estoy por llegar o va de cuarto en cuarto revisando las puertas pensando que estoy detrás de una, como solemos jugar. Pero lo cierto es que Lolo no entra en crisis como yo. Es más, no sólo no echa de menos a su cuidadora estrella (modestia aparte) sino que para colmo de males se comporta de maravilla o, para seguir escociéndome la herida, se porta MEJOR QUE NUNCA. En un comienzo llegue a pensar que eran mentiras piadosas que me decían para que yo estuviera tranquila cuando me iba. Y si, obvio, muchas veces no me dicen todo lo que pasa en el día para no preocuparme. Pero con el tiempo, empecé a descubrir que los niños se portan diferente, por no decir mejor que nunca, cuando no estamos cerca. Lo notaba cuando veía al hijo de mi amiga pasando una tarde solo con la tía, lo confirmaba cuando veía a mis sobrinitos un fin de semana solos con los abuelos y me sorprendía cuando recibía las fotos de Lolo en mi ausencia comiéndose todo el almuerzo.

Alguna vez escribí que los hijos estaban diseñados para hacernos quedar mal, pensando en esas veces en las que chicaneamos alguno de sus logros o buen comportamiento y en público hacen todo lo contrario. Pero he descubierto que su verdadera cualidad para hacernos quedar como un zapato es portarse como unos príncipes cuando no estamos, con el cruel objeto de darle credibilidad a esa frase que odiamos: “el niño estaba bien hasta que llegó la mamá”. Y aunque me dicen esta frase a menudo tengo mis oídos entrenados para que conviertan esas palabras odiosas, pero ciertas, en “eres una madre excelente, mira como tienes de bien educado a tu hijo que no nos dio lora cuidarlo”.

La cosa es que uno nunca sabe la clase de mamá que va a ser hasta que tiene un hijo. Y yo acabo de darme cuenta que como mamá soy muy parecida a una novia intensa y celosa. No tengo niñera, no he querido meter a Lolo al jardín hasta que cumpla 2 años, yo misma lo llevo y me quedo con él las dos mañanas a la semana que va a pre-jardín, yo me baño con él, hago mercado con él, monto en bici con él, voy al médico con él, entro al baño con él, peleo con él y me reconcilio con él.

Y si esto me convierte en una novia intensa y celosa debo confesar que no me falta mi novio canalla. Un hijo es como ese novio que todas tuvimos de adolescentes. Un convencido que sabe que nos pone a correr a la primera llamada, un muchachito consentido que necesita ser criado y al que nos sentimos capaces de cambiar, un chico malo que hace lo que le prohibimos por puro placer, un coquetón que no tiene problema en olvidarse de nosotras por irse detrás de una niña en la calle, un don Juan que sabe que nos domina tirándonos un beso, un conchudo que sabe que siempre le limpiaremos sus cagadas y, aparte de todo, un descarado que después de haber pasado una tarde increíble con otra gente se atreve a hacernos un show de celos tan pronto nos volvemos a encontrar. La verdad sea dicha, como mamá soy una novia celosa y Lolo como hijo es mi novio bandido.

Pero, a diferencia de la inocencia de adolescente que me hizo ganarme varios cachos, esta vez si puedo asegurar que si Lolo se porta más juicioso sin mi y hace un escándalo cuando me ve, es para demostrarme su cariño. Estamos enamorados, nos extrañamos, marcamos territorio, nos aguantamos muchas cosas, entre esas tener por momentos que estar separados, nos conocemos todos nuestros achaques y cuando nos volvemos a encontrar nos desquitamos. O es que acaso, ustedes no se portan mejor en presencia de aquellas personas con las que sienten menos confianza?

Quinta ganadora

Una historia de Adriana Gómez**

**El nombre real ha sido cambiado para proteger la identidad de la autora, logrando así evitar una hecatombe familiar.

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Ser mamá y trabajar no es fácil, la mitad del mundo te juzga pues cree que irte a la oficina y dejar a tu hijo en manos de alguien que lo cuide es una infamia. Hay quienes se atreven a decir “¿y entonces para que quiso ser mamá, sino se va dedicar a serlo?”. Hay otros por el contrario, para quienes eres la mujer más valiente del universo, trabajar ocho horas o más al día (en el caso de aquellas mujeres que muy seguramente tienen jefes que no son o no han sido mamás y no entienden lo que implica), y luego de aguantarte a tu jefe, llegar a la casa a aprovechar al máximo posible antes de que el bebé caiga fundido.

Por supuesto, hago parte del grupo de mamás trabajadoras, en parte por decisión propia, en parte por necesidad, aunque confieso que tengo la bendición de tener a mi mamá que me ayuda con el cuidado de mi hijo, por lo que no tengo que dejarlo a cargo de una persona desconocida. Valientes todas las que por la razón que sea, deben dejarlos en manos de una persona de la que poco o nada saben.

Pero bueno, esto por supuesto conduce a una de esas historias de sonríe y hazte la güevona, cómo les conté es mi mamá la que me ayuda a cuidar a mi hijo mientras estoy en la oficina, sin embargo hace poco, mi mamá y mi papá fueron atacados por una peste horrible de esas que no te dejan parar de la cama en dos días. No habiendo más opciones, recurrí a mi suegra para que me ayudara, sin embargo sus destrezas para cuidar niños están bastante desactualizadas, por lo que acomodé mis horarios de la oficina de manera que pudiera recogerlo a las tres de la tarde, y así no le quedara tan complicado.

Mi hijo ya camina, y ese día en el transcurso de cinco horas que fue el tiempo en que estuvo al cuidado de mi suegra, se cayó y se hizo un chichón del tamaño de una pelota de golf, tomó agua del plato en que toma el perro, para evitar que se quemara mi suegra le puso maicena en el pañal, esta se supone es bendita, el problema es que le puso harina de trigo y eso le generó una quemadura de pañal que tuvo que ser tratada médicamente, hasta esa fecha hacía siesta en la mañana, cuando llegué estaba furioso, no había podido dormir pues estuvo participando toda la mañana en un “estudio fotográfico” mil fotos subidas a Facebook que le tomaron los abuelos en todas la poses y rincones del apartamento que se puedan imaginar. Para esa época había logrado quitarle el tetero de medio día y ya solo tomaba el tete de la mañana y la noche, fue tanto el tetero que le dieron en esas cuatro horas que no solo no comió ni un poquito del almuerzo, sino que tuvimos que volver a empezar con el proceso y por supuesto lo mismo pasó con el chupo de entretención (compraron nuevos porque no encontraron en la pañalera) a pesar que sabían que ya no lo usaba, y para completar como no le gustaba la ropa que puse en la pañalera , le compró ropa nueva (eso está muy bien), solo que le compró ropa talla 3 a un niño de nueve meses, cuando llegué parecía una gran carpa de circo con la ropa gigante.

No la critico, porque sé que todo lo hizo con la mejor intención, pero créanme aunque tenía ganas de asesinarla, por supuesto en aras de mantener una relación cordial, lo único que pude hacer fue sonreír y hacerme la güevona, y prometerme a mí misma que a menos que la emergencia sea algo similar al fin del mundo, evitaré dejar al niño al cuidado de mi suegra.

Cuarta ganadora:

MARTHA DUQUE Y TIN

Marta Duque

Es sábado y ya casi son las 11. Por fin después de mucho correr detrás de Tin y de subirlo a la cama unas 200 veces en una mini batalla para ver quien aguanta más, logre dormirlo sin dormirme yo primero. Con un ojo medio cerrado después de correr todo el día, bañarlo, ir corriendo a mercar, desempacar, guardar, darle el almuerzo, volver a vestirlo, porque luego del almuerzo quedó como si hubiera ido a la guerra, y volver a salir para terminar de hacer las “vueltitas” para las que sólo hay tiempo el sábado, con una gripa que me tiene poseída y que creo  sólo me la quitaría un exorcismo, me he “hecho la güevona” todo el día ayudada de cuanto antigripal, antihistamínico, jarabe para la tos y bebida de abuelita existe, pensando solo en que bueno sería echarse todo el día a pasar la peste…

Pensamiento que sólo desaparece al ver la carita de Martín diciendo mamá, mamá y disfrutando esos pocos meses en que su complejo de Edipo hará que el 90% del día me prefiera a mi…. Bueno aunque eso tiene sus pormenores porque reconozco que extraño poder ir a hacer pipí sola y quedarme unos segundos mirando para el techo sin pensar en nada…

Pero no dejo de reconocer que se me hincha el corazón de alegría apenas veo los post de LaNuwe. Porque siento que alguien sufre lo mismo que yo…. Que no estoy sola dando la batalla contra el mundo, aunque realmente no es tan trágico como suena, y saber que cada día abro los ojos sin ser la única que se ha remordido pensando en tomar la mejor decisión con cada cosa de Tin ….
No se si de tanto hacerse la güevona uno se pueda quedar así… Pero yo tengo en este momento 3 cosas en esta etapa del Martín con 18 meses con las que he seguido tu consejo al pie de la letra:

ES QUE EL NIÑO NO COME NADA! ¿QUE VAMOS A HACER? EL DE PEPITA, LOLITA, EL DEL VECINO QUE TIENE LA MISMA EDAD Y EL QUE SE SIENTA A UN LADO EN EL RESTAURANTE, SIEMPRE COME MÁS, SIN IMPORTAR CUANTAS CANCIONES ME HAYA APRENDIDO, QUE HAGA EL AVIÓN, QUE PROMETA GOMITAS, QUE BAILE Y LE DEJE UNTARSE DE PIES A CABEZA, EL OTRO SIEMPRE COME MÁS. Y entonces que vamos a hacer? Pues corrí como loca buscando la respuesta de porque el mío no come y los otros sí. Leí cuanto libro había, le consulté mil veces al doctor Google, hasta fui donde gastroenterólogo pediátrico y decidí que Martin va a comer cuando le saque gustó a la comida y le dé la gana. Y no me quise dejar ganar pensando que mi vida no se iba definir con una batalla eterna 6 veces al día para que coma algo y que con los comentarios de la gente pues toca hacerse la güevona y aguantarse las ganas de sacar la piedra pómez para estregarlos.

El segundo es ENTRAR EL NIÑO A LA GUARDERÍA, aclaro sólo lo entré dos días a la semana medio día porque la pelea interna y la pregunta de sí está muy chiquito, que sí le van a pegar, que sí va a llorar apenas me vaya, que si no iba a esperar que cumpliera dos años? me ganó. Pero es que hay días en que ya no tengo que ponerlo a hacer y obvió el tiene 10.000 veces más energía que yo. Entonces aquí me toca hacerme la güevona conmigo y reconocer que la súper mamá que quiero ser necesita tiempo para ella así sea un poquito…

La última cosa con la que sufro ES CON CADA GOLPE QUE SE PEGA… Todos son en la frente y en el mismo punto!! ya tengo master en bajar chichones!!! Con los primeros golpes llore como Magdalena por mala madre. Con el resto no dejo de reconocer que se me arruga el corazón y me recrimino toda la semana pensando en las mil y un formas en las que pude haber prevenido el golpe. Mismos a los que nos tendremos que acostumbrar y guardar las lágrimas para los golpes reales que le dará la vida. Bueno en este punto no es sólo mi mente loca que le da una y mil vueltas al golpe, no falta el comentario tipo: “Es que usted lo deja hacer lo que le da la gana, por eso se golpea tanto”, “Porque no lo agarraste, no ves que cuando hace eso siempre se cae?”,  “Fijó fue por estar pendiente del celular”, estas entre muchas otras frases que siempre saldrán y a las que aprendí a hacérmeles la güevona.

Yo no dejo de agradecer que existan las amigas que ya los tienen más grandecitos, que tienen medio equipo de fútbol  y que siempre serán un infaltable consuelo al que recurrimos; que para lo que hago realmente funcione;  y que por lo menos exista alguien que no le de pena salir al mundo y decir que esta etapa de la maternidad no es perfecta, que no la venda como retocada en Photoshop, y que no nos deje morir en el intento… que nos ayude a apaciguar un poquito  las ganas de matar a veces, al resto del mundo tan querido, pero tan metido.

Gracias LaNuwe por consolarnos!!! Y recordarnos que va a ser más fácil el resto de la vida SI NOS HACEMOS LAS GUEVONAS…

Segunda Ganadora

Angela Muñoz se hizo la güevona todo el embarazo

Angela Muñoz

Cuando estaba embarazada, mi suegro me dijo en mas de una oportunidad: “Tu sabes que el bebé no va a tener los ojos azules y el pelo rubio como todos nosotros, cierto? Tus genes de ojos oscuros y cabellos rizados son predominantes”.

Me casé con un extranjero, así que en mi familia política todos son descendientes Irlandeses, ósea mas blanquitos q la nieve y con ojos mas azules que el cielo.

Yo sentía cada vez que me lo decía, que seguro por dentro estaba repitiéndose: Esta con esa cara de “india patirajada” que mi hijo, el principe azul, se consiguió a la vuelta de la esquina, seguro lo que quería era que alguien le enseñara a leer y escribir.

Puedo estar exagerando pero palabras más palabras menos, es así como lo recuerdo. Para completar, la explosión de hormonas dentro de mi, no ayudaban mucho. Cualquier cosa que me decían se sentía como el comentario más cargado de veneno. Aún hoy creo que ni la más mínima insinuación era tolerable al ser yo la mujer q estaba cargando a su primer y único nieto. Pero la vida es más bella de lo que uno espera y mi hijo nació.

JA!! Recibe lo tuyo granPA!!!

Nuestro hijo no puede ser más rubio y con los ojos más azules.

Angela Muñoz 2

Ni vestido de paisa parece el hijo de esta “india patirajada” jajaja… Después de haber sonreído y haberme hecho la güevona todo el embarazo, creo que ahora mi suegrito tendrá que hacer lo mismo el resto de su vida.

Segunda ganadora

Carolina Palacios y su historia haciéndose la güevona:

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“Otra situación para sonreír y hacerte la güevona…., la hermosa pregunta de, Y TU QUÉ HACES?

Me dan ganas de responder, la verdad hago NADA, vivo sin una sola preocupación y responsabilidad y lo mejor aun felizmente mantenida de mi marido porque me tiene la cuenta completamente habilitada y puedo consumir sin ningún tipo de limite… para que con esta respuesta la otra parte afirme y reafirme lo que piensa y lo que esta esperando oír!

Quiero que alguien me explique porque una niñera es mejor valorada que una madre consagrada al cuidado de su hijo? Una niñera frente a la misma pregunta, tu que haces? Su respuesta es, cuidar un niño, uhm ok muy bien. Ahora me dicen a mi, tu que haces? Cuidar a mi hijo, ah eres ama de casa, ósea no haces nada…, a lo que resolví sonreír y hacerme la güevona!

Quiero saber una cosa, cual es la diferencia de fondo entre lo que hace una niñera y yo hago, además para que mi actividad tenga un nombre diferente como es el de ama de casa?. La niñera solo cuida al niño menor de la casa, yo cuido al menor y al mayor, hago mercado, preparo la comida….

Lo mejor aún es la pregunta que sigue, pero ven que estudiaste…., xyz como así? Y no estas trabajando? Perdón…. Hoy en día tengo el trabajo mas duro, frustrante, retador, exigente, agotador, angustiante y todos los calificativos que se le puedan dar a una actividad en la que principalmente dejas de ser tu para que otro sea…., creo que no existe un acto más altruista que ser mamá y mas aún dedicarse a la maternidad, sobre todo hoy en día.

De esta manera si tu decisión es dedicarte a la maternidad tienes que saber que vas a tener que sonreír y hacerte la güevona TODO el tiempo!

Yo diferente a lo que cree o piensa el resto, tengo un trabajo, con un contrato de trabajo que no se todavía quien es el jefe, si mi hijo o mi marido, yo creo que los dos, es tiempo completo, 7 x 24, sin derecho a tener tiempo diferente a estar pendiente de ellos, en el que se me ha olvidado por completo que es tener tiempo para mi! Tengo uniforme o como le digo yo ropa de trabajo, tenis – crocs y converse todo el tiempo, sudadera para cuando estoy en la casa y leggins cuando hay que ir a algo “elegante”, la dotación debe ser abundante (algo con lo que mi esposo no contaba, porque mi ropa de alta ejecutiva ya esta en una caja) porque durante un día el número de veces que hay que cambiar al niño es igual al que la mama se tiene que cambiar, terminamos igual de untados en todo!!!!

Eso si tengo que decir que aunque no tenga premios por rendimiento, compensaciones extras ni correos en los que exaltan mi trabajo y lo bien que desempeño mi labor y lo exitoso que ha sido, hoy en día no puedo tener un mejor trabajo y si tuviera que escoger lo haría de nuevo!!!! He sido yo a pesar de lo que he escrito, quien en realidad se ha enriquecido como persona y ser humano! Después de esto me siento capaz de hacer cualquier cosa en la vida! Y solo puedo agradecer a Dios por todo, a mi marido por hacerme mamá y a mi hijo por escogerme como su madre.

Y no escribo mas porque ya estoy hablando de todo, mezclando temas y voy a terminar en un libro”



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Primera Ganadora

Natalia sonríe y se hace la güevona

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Historia escrita por Natalia Mesa:

 

“No se porqué les causa fascinación. Tanta como terror a los papás. Pero cada vez que vamos a comer a un sitio público, ya sea desayuno, almuerzo, algo o comida, ya sea en restaurante, supermercado, estadero de carretera, centro comercial, etc, uno de los dos (o los dos) salen con su terrorífica frase: “Quiero hacer popó”. Los papás nos miramos, con ganas de que nos caiga un rayo, se abra la tierra y nos trague o algo similar, y luego con miradas de “Ve tú”, “No, yo no”, “Yo fui la última vez”, etc. hasta que alguno de los dos cede con una pereza…… Y lo peor es que no se porqué a estos niños les da por empelotarse del todo (pantalón, calzoncillos, medias y zapatos) para sentarse en el baño. Cuando van con el papá entran a baño de hombres, lo cual no me quiero imaginar como será, y cuando van conmigo al de mujeres. Entonces se sientan en el baño (semidesnudos), la ropa en el piso (gas), el mayorcito lo hace rápido pero el pequeño se toma su tiempo, yo le pregunto cada 10 seg. “Ya acabaste?” y me dice: “No, ota popó” …. Entran señoras al baño y se sientan al lado y el las señala, mira por debajo, las señoras me miran no se si con pesar, risa, alivio (de no ser ellas yo), o ternura por los pequeños. Vuelvo y le pregunto y dice “no, ota popó”. Esto dura aprox. 10 o 15 min hasta que acaba… (por fin). Ha habido días en que tenemos este episodio dos o tres veces en un mismo día, no se que tienen los baños de mi casa que no les gustan y porque les gusta tanto entrar en Carulla o en cualquier baño público, pero es terrible, quiero que me trague la tierra.”

Natalia también tiene un blog muy bonito que se llama La gallina y los pollitos, Si quieres conocerlo, haz click aquí.