El extraño caso de los formularios de jardín

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En esta casa empezó oficialmente la búsqueda de Jardín para Lolo. Primero hicimos una lista de los 5 que más nos gustaban basados en 4 criterios: la cercanía, la metodología, la infraestructura y las recomendaciones de amigos y familiares. Dedicamos una mañana a visitar nuestras opciones, al almuerzo las comparamos, a la noche hicimos cuentas y antes de dormirnos ya teníamos una decisión: nos quedamos con el que nos sentíamos a gusto sin importar lo cerca o lejos, si era una casa–garaje-vieja reformada o un aspirante a premio de arquitectura, seguridad y diseño o si tenía o no convenio con los 5 colegios más caros, más fifis y mejor rankiados. Cantamos victoria y, como siempre en la vida, recibimos un pastelazo en la cara que nos demostraba que el proceso apenas comenzaba. El pastel en mi nariz esta vez venía en forma de formulario de inscripción.
Hay alguien que se sienta cómodo contestándolos? Yo no. O me siento la más lambona, mentirosa y convencida describiendo lo perfecto que es mi hijo o me siento la más tonta, ingenua y ácida confesando verdades que bien podrían costarme el cupo.

Hay formularios de todas las clases pero eso sí, casi todos están llenos de preguntas presuntuosas que no esperan una respuesta sincera sino una adecuada y conveniente. Hay unos que te los cobran, otros que indagan tanto en tu vida que si uno los cargara en la billetera bien podrían reemplazar el certificado judicial o una certificación bancaria.
El hecho es que leer las preguntas del formulario de nuestro jardín escogido despertó en mi cierto tipo de morbo, por decirlo de alguna manera, y empecé a buscar como loca formularios de jardines infantiles en internet para saber si todos eran iguales. En pro de la verdad diré que no todos pero si la gran mayoría, y si los juntamos todos, podría jurar que ni siquiera Yahoo Answers tiene un compilado tan grande de preguntas absurdas. Algunas de hecho inentendibles por su redacción o por su fallido intento de sonar profesionales, ilustradas o como diría mi mamá leida (así sin tilde y con acento en la e).
No me pude contener y me puse a la tarea de recopilar las mejores preguntas a fin de crear el formulario ideal. Por mejores preguntas quiero decir ridículas y por formulario ideal quiero decir irrisorio. Cuando lo tuve listo, me di cuenta que un formulario por más preguntas ocurrentes que tuviera estaría incompleto sin una respuesta sensata que le hiciera compañía. Así que yo, invocando a los genios autores y redactores de los formularios para que me impregnaran de su lógica, su elocuencia, su claridad y su simpleza me senté a contestarlas.
He aquí el resultado:

Archivo 7-04-15 21 24 08

Debo confesar que el desatino de algunas de estas respuestas no distan mucho de las verdaderas que enviamos hace unos días en el formulario real de nuestro jardín escogido, el cual mi 10% llenó y envió sin consultarme. Cuando lo revisé, la mayoría de sus respuestas me situaron en la delgada línea entre un ataque de risa y uno de ira. No sólo lo había llenado con su singular caligrafía, afeminada y decorada, aún bajo la advertencia de “debe ser llenado a máquina de escribir, computadora o a letra de molde”, no había adjuntado la foto requerida sino que además cuando le preguntaron por la autonomía del niño al comer, al vestirse y para controlar esfínteres contestó que Lolo comía tres veces al día más dos meriendas y que no molesta cuando lo vestimos, excepto cuando le cambiamos el pañal.

Por increíble que parezca después de reunirnos con la directora fuimos aceptados y no tenemos que esperar hasta el próximo semestre, así que publico este post a pesar del peso que siento en el pecho y de mi ojo aguado porque mañana será nuestro primer día de jardín. Estoy segura que a Lolo le va a ir muy bien… a mi no sé.

Continuará…

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