Me antojé del segundo hijo

Cuando finalmente mi 100% y yo decidimos que queríamos ser papás siempre tuvimos claro que sólo queríamos serlo una vez. La única opción en ese momento para tener más de un hijo hubiera sido que yo heredara esa manía de mi familia de tener gemelos en todas las generaciones, pero, ante la evidencia demostrada, sabemos que eso no pasó. Puedo afirmar sin temor a equivocarme que tuve uno de los embarazos más sabrosos del mundo, que tener a Lolo ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida y que, aunque suene a cliché, si es real que uno estrena una parte del corazón que ni con los sobrinos más amados había usado. Pero a pesar de todo esto, pensar en un segundo hijo era un proyecto que superaba mis capacidades.

Esperando el primero...

Foto: Alejo Mejía

Lolo está a punto de cumplir 2 años y yo todavía me acuerdo de esos primeros 15 días de post-parto en los que para movilizarme a una velocidad normal y sin dolor por la casa hubiera necesitado un segway, también recuerdo esos meses de lactancia materna en el que si la enfermera no estaba en mi casa yo estaba en el banco de leche buscándola para que me aliviara el dolor y me repitiera por veinteava vez que era lo que estaba haciendo mal. No he olvidado la cantidad de noches que me desperté con la teta al aire y un Lolo que desafiando la ley de gravedad dormía sobre mi brazo desgonzado. No he olvidado muchas cosas difíciles de la maternidad que a ratos me hacen darle la razón a un amigo que asegura que “un hijo es un exceso”, pero, tal ves por aquel adagio que asegura que la lengua castiga, después de parodiar a mi abuela diciendo “vade retro” cuando me preguntaban por el segundo, tengo que confesarles que me antojé de otro bebé y sé perfectamente porque.

Por la bendita nostalgia. Ver a Lolo crecer es increíble pero también es un constante recordatorio de momentos que no se van a volver a repetir. Esas tardes de siesta encima de mi pecho ya no son físicamente posibles ni cómodas para él o para mi. Poderlo llevar a todo lado en el cargador pegadito a mi pecho no sólo es contraproducente para mi espalda sino imposible porque Lolo ahora lo que quiere es correr. Y aunque me sueño con darle la oportunidad al destino y al azar de que me den una Lola he decidido aguantarme las ganas de volver a estar embarazada. Razones tengo muchas y bastante serias y complejas pero antes de rebatir las críticas que aseguran que no tener hermanos es perjudicial y que los hijos únicos son egocéntricos, malcriados y sobreprotegidos les voy a exponer mis 5 razones triviales para no buscar el segundo:

  1. Los aviones.

Y no me refiero a pagar 4 tiquetes, que ya de por si es toda una mega razón, sino a un aspecto más de diseño y logística. Da la casualidad que cuando salimos de paseo, a mí casi siempre me toca o en un Boeing 787 o un Airbus A 330. Aviones que, a riesgo de salir vaciada por un exnovio piloto, tienen hileras de 2 o de 3 sillas. El que diseñó estos aviones pensó en tres tipos de viajeros: solitarios, parejas y parejas con un hijo. Hay unos aviones, usualmente los de vuelos internacionales que tienen 4, pero como dije antes a mi casi siempre me tocan los otros. Y para mi es señal divina que el mundo está diseñado para que los Vargas Medina sigamos siendo tres y no cuatro. Es más, dentro de poco a Lolo le van a empezar a cobrar el tiquete, mal presagio para nuestros futuros viajes, pero también quiere decir que podemos usar las 3 sillas libremente y no sólo 2 de la hilera y así ya no sufriré por esa pobre tercera persona que finge su peor sonrisa al descubrir que debe ir al lado de una familia con bebé en ese vuelo que quería dormir plácidamente. Los puristas dirán que papá y mamá pueden dividirse y hacerse cargo cada uno de un niño… y pues si, obvio, pero nosotros sólo con Lolo a veces nos pegamos encartadas monumentales buscando un tetero. Además ésta es una familia intensa que le gusta andar por el mundo juntos y hacinados, sino me cree pregúnteme como luce mi cama de las 4 de la mañana en adelante.

        2. El colegio.

Lolo no se ha terminado de amañar al jardín y ya nos están diciendo que lo mejor es que vayamos pensando en el cupo del colegio. Si los precios del jardín modificaron nuestras finanzas, los del colegio las van a recortar y los de la universidad las van a liquidar. Quisiera tener otro bebé pero la verdad es que por donde le mire no hay manera que en este momento de la vida podamos con dos colegios. Y para tener que dejar a uno analfabeto y soltero para que cuide de mi en la vejez prefiero desde ya redactar una carta autenticada en notaría que libere a Lolo de la culpa de dejarme feliz en una casa de ancianos jugando póker con amigas octogenarias. Y, aunque hay quienes aseguran que uno la logra a nosotros nos tocaría empezar a recortar las salidas los fines de semana, vender el carro y las bicicletas, cancelar los canales en HD, encomendarnos al dios de mi mamá y dejar de pagar la salud prepagada, no volver a montar en avión, renunciar a Oma (Oma = Omaida = La administradora, la más, la manager, la chef, la organizadora, la empleada que realmente es la jefe de esta casa), limitar el consumo de carne en el hogar y comenzar una dieta balanceada de agua raspada y viento molido a fin de poder, a 36 cuotas, asumir los gastos de formularios, matrículas, uniformes, materiales, pensiones, transporte y salidas extracurriculares. Análisis basado en el supuesto de tener otro hijo varón. En caso de que el segundo fuera más bien una Lola pongo inmediatamente en venta un riñón y mi hígado para poder comprar todas esas pendejaditas preciosas que hacen para las niñas.

  1. Los planes.

Desde que supe que estaba embarazada hay 3 planes que mi 100% y yo nos soñábamos hacer con un hijo y hoy, cuando Lolo se acerca a su segundo aniversario, los vemos cada vez más cerca. 1. Llevarlo a cine a comer crispetas, perro caliente y chocolatina así sea a repetirnos por sexta vez la película de muñecos de la temporada. 2. También esperamos impacientes que cumpla 3 años o más, que es supuestamente cuando el cerebro empieza realmente a tener la capacidad de guardar recuerdos, para irnos más endeudados que estudiante con el icetex a conocer a Mickey Mouse. 3. Y, ésta puede sonar muy boba pero no lo es, salir a comer con Lolo y conversar los tres sin mirar el reloj, sin tener que esconder los cuchillos, sin tener que pedir la carta y la cuenta casi al mismo tiempo, sin pararse del sitio con la vergüenza de haber dejado nuestra mesa y lo que la rodea como una fiel réplica de una marranera y sin tener que ponerle en el último momento un video en el celular a Lolo para poder terminar ese último bocado.

La verdad es que si ya no tuve el segundo retoño seguidito tenerlo en este momento significaría posponer un poco más estos planes soñados y renunciar a otros espacios y momentos que hemos ido ganando a medida que Lolo crece. Y aunque a algunos les suene a egoísmo a mi me suena a sensatez. 

  1. Las escapaditas.

Durante estos casi dos años, mi 100% y yo hemos sido papás de tiempo completo. No tenemos nana ni abuelas cerca que nos puedan ayudar diariamente o al menos semanalmente para pegarnos una escapadita. Si usted nos ve en un cine, en un restaurante, viendo una obra de teatro, o en una fiesta es realmente un momento memorable en el que el universo conspiró para que la visita de mis papás además coincidiera con el pago de la quincena. Y si ya me parece suficiente trabajo conseguir que alguien de entera confianza se quede con Lolo imagínese como haría con dos. Y para esas escapadas de varios días que mi 100% y yo nos pegamos de vez en cuando nos tocaría contratar ahora sí una niñera que le colabore a los abuelos, lo que no sería tan sencillo teniendo en cuenta que a mi con un solo riñón y sin hígado sólo me quedaría por vender, sin perder mi honra, un pulmón. 

  1. Por qué quiero, puedo y no me da miedo.

Y punto. Que maravilla que volviéramos a aplicar esta respuesta infantil en nuestra vida adulta, la cantidad de problemas, malentendidos y favores engorrosos que nos ahorraríamos no serían poca cosa. Y ni que decir del bien que le haríamos a miles de niños que tuviéramos la sensatez de saber si estamos o no preparados para tenerlos. Porque tener un hijo te cambia la vida pero sobretodo te hace responsable de otra. Y la decisión de tenerlo no puede ser producto de un antojo sino de una mezcla homogénea de corazón y razón. Los Vargas Medina en este momento no quieren, no pueden y les da miedo apostarle al segundo. Y digo “en este momento” porque me queda claro que decir un no rotundo, un jamás o un nunca es un atajo directo al futuro en el que nos retractaremos.

Yo por ahora me conformo con los dos bebés de esta casa, Lolo y mi 100%. Y seguiré tratando de explicar que no tener hermanos no es tan grave como lo pintan y haré mi mejor esfuerzo para no torcer los ojos y subir el tono de mi voz cuando me digan que tener sólo un hijo no es familia. Les recuerdo que las parejas sin hijos son una bonita familia, las parejas con muchos hijos son una bonita familia, las parejas con perro, gato o tortuga son una bonita familia, las parejas de dos mamás o dos papás son una bonita familia, mamá e hijo sin papá son una bonita familia, papá con hijos y sin mamá son una bonita familia y podría seguir enumerando clases de familias pero creo que ya entendieron mi punto: que lo bonito es lo que aprendes, lo que sacrificas y lo que das por todos los que amas. Familia es ese lugar donde te dan ganas de ser cada día mejor, donde se te hincha el corazón, donde te quitas los zapatos en cualquier esquina, donde te hacen lavar la loza, donde te exigen una hora de llegada y donde siempre hay una olla de arroz esperando que le des una cucharada.

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