¿Soy intensa? Obvio que no.

Aunque no conozco una mujer que no haya elevado sus niveles de intensidad (normales por aquello intrínseco al genero femenino) una vez se hizo mamá. Todas “intensiamos” y nos obsesionamos con algo, aunque no todas con lo mismo. Durante el embarazo hay quienes se rehusan a probar siquiera media empanada que pueda crearle al feto dependencia a los fritos, otras lo hacen por razones estéticas y hay otras, a las que el sueño no las deja pensar en otros asuntos que no sea la cama. Hay quienes se preparan para un parto natural a como de lugar y hay quienes desde antes de quedar embarazadas ya tienen separada la fecha de la cesárea. Mamás hay de todas las clases, estilos y gustos, conociendo a varias mentiría si no les dijera que tengo mis favoritas, pero lo cierto es que no hay una mejor o una peor. Aunque en el fondo de nuestro corazón al compararnos con otras nos sintamos superiores.

Somos tan distintas pero tan iguales, que dentro de esta diversidad de mamás, creemos que hay unas en particular que se elevan por encima de la media, sobrepasan la intensidad que nos caracteriza, y bordean por momentos la locura. Esas mamás, las que para este caso de estudio llamaré las intensas, van a hacer el siguiente test y lo más seguro es que ni siquiera se van a dar por aludidas. La principal característica de su intensidad es creer que son perfectas, y que el resto de viles humanas que decidimos ser mamás somos irresponsables, quejetas y poco dedicadas. Ninguna de nosotras se atrevería a describirse como intensa aunque… será que creemos que somos “mamá cool” y resulta que somos esa especie intensa. ¿Preparadas?




TEST: Qué tan intensa eres como mamá?

  • En el último mes que tanto has llamado a tu pediatra:
    1. Todas las veces necesarias, y estoy esperando que me apruebe como su amiga en Facebook.
    2. Una sola vez y creo que fue una pregunta por WhatsApp.
    3. Ups ¿cuándo es que tengo que volver a llevar a mi hijo al pediatra?
  • Cuando hablas de tu hija/o con otras personas usas estas palabras:
    1. Mi tesoro, mi motor, mi mayor bendición, mi mejor amigo.
    2. Su nombre
    3. Su apodo
  • El día de tu cumpleaños tu empleada:
    1. Se ausentó por supuesta enfermedad
    2. Me trajo flores, carta de sus hijos y preparó mi comida favorita
    3. Hizo lo mismo que yo en su cumpleaños: Nada
  • El ring tone del celular de tu esposo cuando lo llamas es:
    1. La musiquita de Psicosis o Tiburón
    2. La musiquita de Up
    3. No sé. Nunca estoy a su lado cuando lo llamo.
  • Para celebrar el primer año de tu hijo:
    1. Me gasté el presupuesto de su primer semestre de universidad en botellas personalizadas, fotógrafo, show con todos los personajes de Disney, sorpresas y un dj.
    2. Le compré una torta
    3. No le hice nada porque igual no se va a acordar
  • Un postre para tu hijo es:
    1. Galleticas orgánicas de quinua, sagú y amaranto con julianas de papaya.
    2. Un conito de dos mil
    3. Gomitas, chocolatinas, pasteles, dulces… todo lo que se come antes, durante y después del almuerzo.
  • La última vez que perdiste la paciencia con tu hijo fue:
    1. Jamás pierdo la paciencia. Siempre dialogamos, reflexionamos sobre la situación, contamos hasta 3 y entendemos la emoción y reacción de nuestros actos.
    2. Ayer
    3. Creo que mi hijo es el que la pierde conmigo.
  • Tus amigas te llaman de cariño:
    1. Voltaje
    2. La mamá
    3. Despelotada
  • Para ti las vacunas son:
    1. Sustancias tóxicas con las que la industria farmacéutica envenena a nuestros hijos y les inhibe la producción natural de defensas.
    2. Avances de la ciencia que impiden que nuestros hijos mueran de polio como en el pasado.
    3. ¿Dónde tendré el carnet de vacunación? ¿Le faltará alguna a mi hijo?
  • Cuándo llevo a mi hijo al parque, yo:
    1. Saludo a todos, le pregunto a los niños sus nombres y se los presento a mi hijo para que se hagan amigos, si veo un niño sentado mal lo corrijo para que no se le dañe su cadera, les recomiendo a las otras mamás sitios y recetas y básicamente no paro de hablar.
    2. Me pongo gafas de sol para evitar hacer contacto visual con otras mamás.
    3. Le encargo mi hijo al portero
  • En el grupo de WhatsApp del jardín participas:
    1. Mucho, es bueno estar en contacto con el grupo de padres y que seamos una comunidad que nos apoyamos.
    2. A veces, usualmente para escribir “ok, gracias”
    3. Me salí de ese grupo porque me aburrí.
  • ¿Cuántos colegios visitaste para escoger el de tu hijo?
    1. Voy a hacer homeschooling toda la vida.
    2. Hice una lista en Excel, analicé precios, distancias, posibles rutas en caso de tráfico pesado, calidad de inglés del grupo de profesores y tipo de papel higiénico que compran para los baños.
    3. ¿Será que todavía consigo cupo en alguno?




Resultados:

Elegiste la opción 1 en la mayoría de respuestas: Nivel alto de intensidad. Mamá HARD CORE

Hola bella intensita. Eres esa mamá que todas creemos que eres mitad ficción mitad fantasía, pues nos resulta increíble y aterrador pensar que existe alguien tan zen en la vida real. Admiramos el orden y la rigurosidad de las meriendas de tus hijos pero nos sentimos incomodas en tu presencia por temor a ser juzgadas al vernos devorar una salchicha. Ser mamá para ti no es suficiente, tienes que ser la mejor, demostrarlo a las otras y que el mundo te lo reconozca. De seguro planeaste un parto en casa, con piscina, tres parteros, dos maestros indígenas y obvio sin anestesia. Has leído todos los libros de maternidad posibles o al menos ya estás escribiendo uno. Y estás convencida de que serás la mejor amiga de tus hijos. Querida intensa, eres excelente mamá y puedes seguirlo siendo aún si te relajas un poco. No pasa nada si un día nuestros hijos se atosigan de galguerías o sólo quieren almorzar papas a la francesa. Tampoco está mal aceptar que a veces la embarramos y que no siempre tenemos el chip de buena madre activado. Recuerda que no todas quieren oír tus consejos o ser como tú. Un poco más de Bob Marley en tu vida no estaría nada mal. 

Elegiste la opción 2 en la mayoría de respuestas: Nivel medio de intensidad. Mamá CROSSOVER

Hola normalita. Representas a la gran mayoría de las mamás catalogadas como intensas dentro de lo normal, o simplemente contestaste las preguntas que te parecían más correctas con tal de no ser juzgada. “Intenseas” por temporadas y con diferentes temas. En casa tu 10% cree que eres una intensa pero cuando una mamá HARD CORE le queda al lado en una piñata, llega a casa con ganas de hacerte un altar. Has intentado que tu hijo coma saludable los 7 días de la semana pero siempre se atraviesa un McDonalds que hace que un día mandes todo al carajo. Hay momentos que eres el ejemplo andante del yoga y hay otros que eres la reencarnación de Hitler. Estás en un punto tan medio y tan tibio que puedes adaptarte a amigas muy intensas o muy relajadas sin mayores contratiempos. En compañía de unas u otras adaptas algunos de tus comportamientos para no entrar en conflicto pero despotricas de unas y otras a la par. A veces desesperas con lo que dicen algunas mamás en el chat del jardín y otras veces eres tú la que da lora con un tema, aunque obviamente tu si tienes justificación para hacerlo. 

Elegiste la opción 1 en la mayoría de respuestas: Nivel bajo de intensidad. Mamá REGGAE

Hola doña calma. Eres tan relajada que a veces nos preguntamos cómo ha sobrevivido un niño bajo tu cuidado. Me atrevo a decir que no existes o eres hombre. No hay mujer sobre el planeta que no esté un poco loca y joda por alguna cosa. Eres la mujer que todas invocamos cuando viene la suegra de visita. La que juramos que somos ante otras amigas. Y la que quisiéramos ser cuando nuestro 10% no nos contesta el teléfono. Seguro para llegar a este nivel, tuviste que mentir en un par de preguntas, pero no importa, es parte de ser más relajada que Bob Marley. La mayoría de cosas que atormentan a las mujeres, para ti no tienen mayor trascendencia, lo que te convierte en un blanco fácil de criticar y por supuesto de envidiar. Y aunque la vida parece más fácil desde tu perspectiva, no sobraría un poco de intensidad. 

¿Eres intensa? Lo soy!  y qué?

Lo único verídico de este test, es que todas somos intensas de alguna manera. Algunos días, o con algunos temas, somos relajadísimas. Pero hay otros que nos despiertan infinidad de pasiones. Todas somos una mezcla de sentimientos, momentos buenos o malos, días felices o tristes, imágenes que queremos guardar para siempre o borrar de inmediato y sin contemplación. Esta montaña rusa nos da la autoridad para poder ser un poco de cada una en muchos momentos. Seguro cuando estés con una mamá muy Reggae, esa Hard Core que llevamos dentro va a salir. Igual cuando tengas que compartir con esa Crossover, las ganas de ser menos rígida hará que tu Reggae vuelva a sentirse. Para algunos somos unas mamás ejemplares, para otros un desastre, depende del día que hayan tenido que cruzarse con nosotras. Así que por ahora no nos preocupemos por nuestro nivel de intensidad, porque si algo es seguro es que en algún momento a todas nos posee ese demonio. 

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Los hijos valen plata, mucha plata. Un dicho popular asegura que los niños vienen con el pan debajo del brazo. Si tomara esta frase literal, el dichoso pan no serviría para nada porque no hay producto que dure menos en mi casa que éste. O, tendría que confesar que el día del parto mi atención se dividía entre el pequeño ser que me cambiaría la vida para siempre, y el exquisito pan (ojalá trenza con queso) que traía consigo.




Hubiera sido difícil no sucumbir al pan calientico recién salido del horno antes de lactar por primera vez.  Por fortuna el pan no se presenta en términos tan literales. Pero sin lugar a dudas, lo que sería absolutamente genial sería que con cada niño viniera también un cheque en blanco firmado al portador. Los hijos valen plata pero también valen la pena, así que nos las arreglamos sin el bendito cheque para sobrevivir.

Le cortamos los piecitos a las pijamas para que les sirvan un par de meses más, recibimos herencias de los primos y amigos cercanos, lloramos de dicha cuando la tienda infantil anuncia promociones épicas, nos arremolinamos frente a la góndola que tiene la ropa con el 70% de descuento así nunca encontremos la talla que buscamos, guardamos en una servilleta la mitad de la hamburguesa para dársela recalentada a la comida.

Hacemos muchas cosas para ahorrar unos pesitos con tal de algún día poder comprar el plan de educación pre-pagada para nuestros hijos. Y aún así, a final de mes nos preguntamos ¿A dónde se fue nuestra plata? En pendejadas…Los únicos culpables no son los carteles de los pañales o cuadernos…




  1. En cepillos de dientes. Dicen los odontólogos que hay que cambiarlos cada tres meses, pero de seguro esos odontólogos, jamás han visto la velocidad con que un niño acaba uno en cinco días. En su afán por devorar la crema, los niños muerden y succionan el cepillo dejando sus cerdas como pelo de troll noventero. Un cepillo cuesta $7.000, digamos que somos lichigas y nos las arreglamos un mes entero con la porquería en que lo convierte nuestro hijo. Al año son $84.000
  1. En chucherías. Un niño promedio, de padres relajados que lo dejan comer una que otra delicia con cero nutrientes, destapa 1 o 2 paquetes de galguerías más de dos días a la semana. Paquetes que casi siempre quedan con la mitad del producto sin consumir y usualmente desperdigado por nuestra cartera. Un paquete de papas por poner un ejemplo vale $1.000, redondeemos en que destapamos uno diario, son $7.000 a la semana, $28.000 al mes, $336.000 al año.

 

  1. En bolitas y dulcecitos. Es muy difícil ahorrar si uno llega a casa sin monedas para el marrano. Los niños son especialistas en vaciar monederos con tal de ver salir por un tubo transparente unos dulces casi siempre desabridos que de hecho casi nunca terminan en su boca. Y como diría un amigo economista de 100 en 100 se descompleta el sueldo. Ahora súmele que estas dispensadoras de dulces sólo reciben de 200 o de 500. Yo le apuesto que al mes pierdo en monedas $25.000 teniendo en cuenta que varias veces se me tragan la moneda y tengo que usar otra moneda más. Al año estamos hablando de $300.000

 

  1. En jabón líquido y shampoo. Mi hijo, como la gran mayoría, detesta que se los aplique pero ama jugar con ellos y hacer burbujas y espuma por toda la ducha. Al parecer asume que ese es su verdadero y valioso uso mientras la plata se va literalmente por el drenaje. Un shampoo y un jabón líquido, depende de la marca y de un tamaño moderado, cuesta mas o menos $10.000 cada uno. Duran en promedio 2 meses, en un año podemos gastarnos $120.000.

 

  1. En maquinitas de juegos. La superintendencia debería verificar que no exista un cartel de las maquinitas también. La adicción que generan hacen que uno termine dejando medio sueldo entre luces, sonidos y tickets al mejor estilo de Las Vegas, y no hay manera de hacer rendir 50.000 pesos por más de 20 minutos. Eso sin contar que dudo de mi nivel de matemáticas con cada resta que dichas máquinas le hacen a mi tarjeta recién recargada, por algún tipo de brutalidad mía o malicia indígena de los dueños siempre creo que me queda más crédito del que en realidad tengo. Cuando sea grande, pensaré seriamente en la posibilidad de montar un negocio de estos, de seguro las ganancias semanales serían un lindo simbolismo de que los niños vienen con el pan debajo del brazo. Digamos que uno carga la tarjeta con 30.000, digamos que uno va dos veces al mes, digamos que uno se antoja de otros 10.000, de otros y de otros, se gasta $60.000 (y créame que la ha sacado barata). Al mes serían $120.000 y al año $1´440.000.




Mal contado, esto suma $2´280.000 que bien podrían cubrir dos meses de jardín, más el par de botas que nos soñamos, más una mascarilla facial.

Así que mejor ni hablo de la ropa que se les queda como nueva, del juguete de moda que sólo usan los primeros 10 minutos después de destaparlo, de los desmaquillantes que no volvimos a usar por caer dormidas sin lavarnos la cara, de los pañitos que despilfarramos limpiando no sólo colas (sino cachetes, manos, pisos, espejos, camisas, mocos, baños públicos), de la faldita para salir a bailar que jamás nos hemos estrenado, del bloqueador que hemos comprado 5 veces en un año porque siempre olvidamos en que cartera lo guardamos, del manicure que pagamos y se nos daña recién hecho.

Aich me duele el bolsillo. Los hijos valen plata… que va, corrijo, los hijos valen oro y tenerlos es un despilfarro delicioso.

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