Historias de mocos y kleenex

¿Hay algo más perturbador que ver un moco ventanero en la nariz de alguien? Aún hoy, con treinta y pico de años de experiencia en este mundo, si no tengo la suficiente confianza con alguien prefiero dejar en paz a su moco. Soy de las que opto por dejarlo bailar al son de una acompasada respiración antes de avisarle a mi interlocutor de su atrevido invasor. Me rascó la nariz, evito el contacto visual pero ni si quiera por compasión me atrevo a ofrecer un kleenex. Cosa muy distinta si el moco es de mi hijo. Ver algo es su minúscula nariz provoca en mí una fascinación y un afán extremo por sacarlo de inmediato.

Cuando era bebé usé todos los aparatos inventados para sacarlos y mantener limpia su nariz. Pero mi hijo ya no es un bebé y cada vez más, cualquier cosa que haga mamá a veces resulta una invasión de espacio imperdonable.

Hace poco, al verle un atrevido bailarín en su nariz le dije:

  • Lorenzo regálame ese moco

Y pañuelo en mano me deshice de él, mi hijo pudo volver a respirar con fluidez, pero en lugar de agradecerme, enfureció, lloró y pataleó diciéndome:

  • Devuélveme mi moco, no te lo regalo!

¿Qué hice? Pues devolvérselo. Desde ese día hasta hoy, sonarse se volvió una cosa más para agregar a la lista de mi hijo del “yo puedo solo”.

Y como todas las cosas que con el tiempo ha pedido hacer solo, sonarse requería una enseñanza para que el “hacerlo solo” no significara “hacerlo mal” “hacerlo a medias” o “robarle la tranquilidad mental a mamá”.

Sacarle los mocos tiernamente con un dedo, limpiárselos con la maga de un saco o dejar que encuentren su camino directo a la boca, son cosas que me atormentaban.

¿Cómo explicarle a un niño que las manos pueden albergar más de 80.000 bacterias y que éstas pueden sobrevivir por horas si no las lavamos?

¿Cómo explicarle que cubrirse la boca al estornudar con un pañuelo y no con la mano puede salvarnos de contraer decenas de virus y enfermedades?

Yo no sé. Con cantaleta no es la manera. Cuando le hablo a mi hijo seriamente del tema empiezo mi discurso del aseo y la higiene, y cuando voy por “las bacterias pueden …” mi pequeño ya ha perdido toda la atención en mi y está de nuevo rascándose un ojo con la misma mano que acaba de sacar de la arenera un gusano.

Una opción siempre es el ejemplo, pero, aunque ellos imitan todo, absolutamente todo, muchas otras veces insisten en hacernos quedar mal y hacer las cosas a su manera de niños, sobre todo en frente de la visita. Juro solemnemente que la sacada de moto y saboreada no es un ejemplo que yo le he dado. 

¿Qué hacer? Mi hijo insiste en “yo puedo solo” y “lo hago como mi papá” entonces encontré la solución para que yo no tenga que robarle más mocos a su nariz y para que no tengamos que empezar a cobrarle arriendo a los mocos de su saco.

Fui al supermercado y compré kits de kleenex para adultos, pero también para niños. Sí, ahora hay pañuelos empacados especialmente para ellos. No hay nada que emocione más a mi hijo en esta etapa, que saber que algo que usa papá también viene en versión para él. Ahora por imitación mi hijo también carga en su mochila sus pañuelos, espero que todavía falte tiempo para que me pida desodorante y afeitadora.

Pero un paso a la vez, por ahora, lo mejor de todo es que no solo los pañuelos vienen decorados con animales, sino que estos animales los pueden ver en el app de Klennex kids, jugar con ellos, tomarse selfies con ellos y matar bacterias juntos. Y yo que creía que prestarle la Tablet a ratos podía ser contraproducente, he tenido que tragarme mis palabras la verlo matar bacterias de lo lindo.  Falta poco para que sea Lolo el que empiece a darme cantaleta sobre la cantidad de bacterias que pueden sobrevivir en mis manos.

De hecho, hace dos días recibí un trago de mi misma medicina al estornudar y taparme la boca con la mano, Lolo me miró con ojos escrutinadores, sacó un pañuelo de su maleta y me dijo:

  • ¿Te presto éste, pero no han diseñado todavía klennex para ti mamá?

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