Nueva Mamá

A la nueva mamá,

Respira. Supongo que estas en esos días. Esos primeros días llenos de preguntas, preocupaciones y dolor, mucho dolor. El amor infinito que acabas de conocer, a veces parece un incentivo insuficiente para soportar la responsabilidad que te ha caído encima. Es duro, ya te lo habían advertido y repetido, pero sólo hasta ahora entiendes de verdad y exactamente a que carajos se referían. Te dijeron que la lactancia sólo requería una buena técnica pero te das cuenta que para aprenderla, hay que retroceder en el sistema educativo, y volver al famoso “la letra con sangre entra”… y tu pezón está ahí para demostrarlo. Con cierto desconsuelo cuentas las horas que faltan para la próxima lactada y al ver que la caléndula y la yerbabuena no han cicatrizado a la velocidad que esperabas, mandas a tu 10% de urgencia al primer pepe ganga en busca de la crema antipezones agrietados de moda y, por supuesto, un extractor de leche.




Te habían hablado del cansancio, pero esto que sientes merece una palabra que nadie ha inventado aún. Prometes cachetear a la próxima persona sin hijos que asegure estar exhausta, mientras llamas a tu mamá, a la que le habías pedido un poco de espacio, para que venga a mimarte y a relevarte un par de horas. ¿Cómo lo hizo ella contigo y tus hermanos sin epidural, sin empleada, sin google y sin pañales desechables? La palabra verraquera comienza también a tomar otro significado.

Te habías prometido, como si eso fuera suficiente, no meterte en la ropa de maternidad y recuperar tu peso cuanto antes. Te miras sin ropa y, por primera vez, desconoces el cuerpo que ves en el espejo. Te auto flagelas por preocuparte de algo tan frívolo en estos momentos y temes, como cualquier mortal, no volver a recuperar el cuerpo de antes. Y entonces te fajas, no tanto por esa vanidad hueca que criticas sino por un extraño afán de no perder todo lo que te identificaba antes de ser mamá. ¿Y la angustia? ¿Por qué nadie te habló de esa preocupación constante que ha decidido instalarse de manera permanente en tu pecho y tu cabeza? ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Seré capaz? ¿Cómo lo han logrado otras mujeres? ¿Estará lleno? ¿Si está respirando? La naturaleza y el instinto maternal parecen jugarte una mala pasada justo cuando más te dijeron que estarían dispuestos a ayudarte. ¿Será demasiado pronto, o más bien demasiado tarde, para tirar la toalla?

Respira.

Bienvenida. Acabas de empezar a experimentar lo jodidamente maravilloso que se siente ser mamá. El dolor físico de estos primeros días pronto será un vago recuerdo e incluso una laguna para cuando decidas, si es que lo decides, tener el segundo. La lactancia se volverá algo normal y placentero aunque en estos momentos parezca imposible. Podrás volver a caminar a velocidades normales, sin parecer un robot y podrás sentarte y pararte en menos de 15 pasos. Esa bolita que sientes en la panza desaparecerá. Las horas de sueño poco a poco aumentarán. Y tu vida, bueno, tu vida tal como la conocías jamás regresará. Y aunque eso suena a fatal, la verdad, es lo mejor que te puede pasar. Nada será fácil pero sí será cada vez más increíble. Lo juro.

La recompensa llegará en forma de besos babosos y te amos en jeringonza, y entonces poco importarán las ojeras ganadas, las lágrimas derramadas y las fiestas aplazadas, sabrás que todo ha valido la pena. ¿La angustia? No, la angustia no pasará, no existirá un minuto de nuestra vida como madres desprovisto de este sentimiento, y ésa será la prueba del infinito amor que se siente por un hijo.

Respira, relájate y sonríe. Que el miedo no te nuble la hermosa vista del momento tan alucinante del que estás siendo parte. Esto no se pone más fácil, tú te vuelves mejor, y eso es lo que nos convierte en heroínas.

Bienvenida. Nadie dijo que fuera sencillo, pero ¿ acaso qué cosas que valen la pena lo son?





Posdata a modo de bonus:

  • Pronto conocerás a la muy trillada paciencia, descubrirás que jamás la habías llevado a su máximos niveles. Hazte amiga de ella, la necesitarás.

  • Déjalo dormir encima de ti como una ranita. Eso jamás lo va a malacostumbrar y es delicioso para ambos. Pronto no cabrá ahí y lo añorarás.

  • Nunca cantes victoria. El día que grites a los cuatro vientos que tu hijo ya pasa la noche derecho o que lo tienes todo bajo control, la vida se burlará de ti con una calientica cachetada.

  • Piérdete unas horas al día para leer en una cafetería, pintarle las uñas en la peluquería, correr en el gimnasio o ver a una amiga. Cualquier cosa es válida para que pienses en ti sin la etiqueta “mamá”.

  • Llama a tu mamá y mantenla cerquita. Nadie te consentirá y tranquilizará como ella. Además sólo ella soportará tus explosiones de ira sin dejarte de querer.

  • Acéptalo, sin importar la planificación durante el embarazo, siempre hará falta algo y alguien tendrá que correr a la droguería o tienda especializada en bebés más cercana. Sonríe porque no serás tú pero no te olvides de besar y decirle gracias a tu 10%.

  • No, no y no, no es necesario tomar caldo de gallina todos los días de los primeros 40 días.

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Latest comments
  • Anita!!! El mejor martes post parto!!!!! Lloré de recordar!!! Graciasssssss

  • Me sacó lágrimas…. De alegría, pero también porque siento que lo estoy viviendo todo otra vez con mi segundo bebe. Respira…. Sonríe. Me cayó como anillo al dedo, gracias!

  • Ame esto ….amo cuaneo mi hijo duerme sobre mi como ranita

  • Una maravillosa entrada, mi bebe tiene 3 meses y medio, y me sentí tan identificada, a veces pienso que solo soy yo la de los traumas, la de los miedos, la del llanto. En mi caso particular había idealizado tantas cosas, que al final la estrellada es berraquisima. Gracias.

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