A la entrada del jardín de Lolo oigo a una mamá argentina aterrada de los procesos de admisión a los colegios en nuestro país. Asiento en silencio con el mismo desazón de ella (y con algo de pena como si la culpa fuera mía) a cada una de sus frases (todas ciertas) sobre la prepotencia de muchos, sobre la exageración de papeleo, sobre las entrevistas poco amorosas, sobre la burocracia estilo embajada, mientras recuerdo que una hora antes, de uno de esos colegios a los que soñaba entrar, me han llamado a negarle el cupo a mi hijo.

Mientras ella sigue hablando, recuerdo que llevo una hora tratando de asimilar la tusa, porque así se siente una negativa de este estilo, y otros pocos minutos tratando de no tomar éste rechazo a título personal. ¿En qué momento este país que sigue perteneciendo al tercer mundo se volvió tan snob?




La mamá argentina ha terminado su queja y sale mi hijo sonriente a abrazarme… me es imposible entender, mientras lo lleno de besos, como a un niño tan lleno de amor, de ternura, de inteligencia le han negado un cupo. Comienzo a pensar si en el famoso play day en el que los analizan, se demoró más que otros terminando un rompecabezas, si salto dos veces y no tres, si no coloreó el sol amarillo sino naranja o si se salió un poco de la raya…

Camino a casa, me canta el himno nacional emocionado, justo en uno de los días, de tantos que nos da éste país, en el que no me siento orgullosa de él. En la tarde mientras jugamos en el parque me enseña, porque es él el que me enseña a mí, los colores en inglés y en español, me recita por décimo quinta vez el orden de los planetas y me muestra feliz el dibujo que ha hecho de su papá. Me cuenta que el rinoceronte, su animal favorito de la semana, respira en el agua pero también fuera de ella.

Hacia las seis de la tarde me grita desde el otro lado de la piscina “te amo” mientras orgulloso me muestra que ya sabe sumergirse sin “tragarse ningún pescado”. En la noche leemos un cuento, me interrumpe para decir las líneas que ya sabe de memoria y para inventar unas nuevas. Cae dormido, camino a mi cuarto veo el tablero en el que horas antes ha escrito “Lolo, mamá y papá” y reconozco, gracias al proceso de resignación en el que va mi tusa, que el famoso colegio del no, es el que se lo pierde.

¿En qué momento me volví tan snob? ¿Cómo pude considerar que un colegio que en su entrevista me dejo claro el análisis a mi alcurnia podría ser el lugar perfecto para los próximos 12 años de vida de mi hijo? ¿Cómo pude ser tan snob de pensar que sólo un colegio de estos de tradición, bono y carta de presentación podía darle a mi hijo lo mejor? ¿Es que acaso no había visto suficientes noticias ésta semana?

Mi tusa llega a la etapa de la culpa y a modo de flash back trato de recrear cada una de las respuestas que dimos mi esposo y yo en la entrevista para darme látigo, porque a esta altura, después de una tarde entera dedicada a mi hijo, comienzo a creer que fuimos nosotros los del error. ¿Qué no les habrá gustado? ¿Cuáles eran las respuestas correctas? ¿Qué lunarcito maligno nos encontraron como familia?

Al día siguiente me levanto con las palabras en mi cabeza de la psicóloga que muy diligentemente llamó a darme las malas nuevas: “no te tengo buenas noticias y la única razón es que este año tuvimos muchos hermanitos y muchos ex alumnos y ellos ocuparon los cupos disponibles”. Me reprocho el haberme mordido la lengua para decirle “y entonces, ¿por qué no venden primero los formularios a esas familias, y si les queda algún cupo si se atreven a ofrecer el formulario (que no es regalado) al resto de viles mortales?”.

Algo anda mal con nuestra educación y uno de sus muchos problemas, comienza en las admisiones.

Entiendo que deban estar seguros que aceptándonos no van a quebrar a punta de pensiones morosas, pero si el tema del cupo es exclusivamente bancario, ahorrémonos entrevistas y play days, y agendemos una reunión con mi contador y mi médico de cabecera.

Mi contador a punta de números, declaraciones de renta, extractos bancarios y verificaciones en data crédito podrá explicarles mejor como nuestros bolsillos podrían soportar el peso de matrículas, pensiones, uniformes, transporte, alimentación y extra curriculares. Por otro lado, mi médico podría hablarles del perfecto estado de mis riñones en caso de que por alguna razón necesiten uno como soporte de pago.

Me queda claro que quieran darle el cupo a “gente de bien” y no a hampones mal habidos, pero un apellido cachesudo o una profesión (a no ser que sea sicario o narcotraficante) poco puede ilustrarlos en el tema. ¿O ustedes tampoco han visto suficientes noticias estos días? Recordemos que en este país hay un par de ministros bien asalariados que no me atrevería a describir como “gente de bien”. Así que si el tema es de apellidos, haberlo dicho antes y recomendarles al futuro presidente del norte para que les explique la manera más rápida y eficiente de construir un muro que evite el paso de personas indeseables a sus instalaciones.

Para comenzar podrían poner una lista en su página web que diga que los Díaz, los García, los Vargas, los Medina, los Mejía, los Castellanos y apellidos semejantes, son demasiado chibchas para sus aulas. De paso, podrían dejar de visitar jardines para dejarles sus brochures y guardarlos para repartirlos en una kermess de algún club de esos que sólo recibe a “gente de bien”.

Si quieren insistir en las entrevistas para conocernos como familia y descubrir si somos un hogar bonito, honesto y merecedor de un cupo, debo decirles que sus psicólogas están haciendo las preguntas equivocadas. El colegio en el que estudió mi papá, el porcentaje de acciones de mi esposo en la empresa, los países que hemos visitado en el último año y el estrato del barrio en el que vivimos poco puede darles una idea de eso, aunque por supuesto les deja claro que tan pudientes somos… y en ese caso, repito, media hora con mi contador puede ser más que suficiente.

Con la resignación de quien no puede hacer nada para cambiar el sistema seguí llenando formularios, pidiendo cartas de presentación a amigos y a extraños pero que sean de la comunidad, imprimiendo fotos, extractos bancarios, yendo a todas las charlas informativas y entrevistas y capando horas de trabajo que me permitieran producir para convencerlos de que tengo una familia hermosa y autosostenible.

Muchos dirán que es mi tusa hablando, pero para el momento que escribo este post ya estoy del otro lado. Mi despecho escolar se ha comportado como mi despecho adolescente y me ha permitido expandirme y conocer nuevos horizontes. He descubierto colegios amorosos, preocupados por la familia, por los valores, por el ser humano, por la felicidad de los niños garantizando además una educación académica de alto nivel. Y ese ha sido el clavo que le ha puesto punto final a mi despecho.




A la larga lo más triste de todo este asunto escolar, ha sido descubrir como un tema tan importante como la educación delata las características más superfluas del snobismo de nuestro país. Colegios snobistas y padres snobistas, como yo, que por querer lo mejor para nuestros hijos tratamos de encajar a la fuerza en una burbuja tóxica.  

Si la educación de alta calidad en nuestro país es proporcional al status, tradición y valor de los colegios, seguiremos negándole la oportunidad a muchos niños con todas las capacidades de recibir una educación adecuada. Y eso lo único que demuestra es que además de snobs somos pendejos.

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Latest comments
  • Ana, por Dios! Qué bonito, bonito! Todo tu artículo me pareció de lo más bonito… no sabes cómo me pones a pensar! Y cómo terminas la reflexión!… CUANTOS NIÑOS SIN OPORTUNIDADES! ESTAMOS MAL FE LA CABEZA, por eso seguimos siendo el tercer mundo!!

  • A una amiga le paso lo mismo¡ un colegio muy reconocido de curas acá en Bogota tradicional y de donde se supone han salido personas muy importantes, , la citaron a entrevista y se llevo la sorpresa de su vida, no los dejaron hablar por los pasillos, trataron al niño de una forma tan déspota como si estuvieran bajo un régimen militar, hasta se atrevieron a quitarle bruscamente las manos de la boca, mi amiga por supuesto salio despavorida y ahora entendemos por que solo había 8 niños en su listado de admisiones, me alegra haber olvidado el llevar a mis hijos a ese colegio.

  • Y esa es una de las razones por las que decidimos embarcarnos en la aventura del homeschool. Idea loca y exagerada para muchos o casi todos (no los culpo, cambiar paradigmas no es algo bien recibido), pero no tanto si la comparamos con el circo que es la “educación” en nuestro país, con sus respectivos payasos, entretenimiento y taquilla. ¡Saludos Ana! Gracias por este excelente post.

  • Hola Lanuwe.
    Llegué a tu blog por una amiga de instagram. Tambien soy bloggera y por supuesto mamá.
    En tu catarsis escolar has descrito lo que muchas mamas callan en Bogotá, todo es un misterio primero entre los mismos padres… el tipo de colegio, el costo, el bono, la religión, nadie comenta nada y uno va como extranjero caminando a ciegas porque no conoce nada y consigues a un montón de papas escépticos, como si fueran a meter al hijo en la NASA y es un secreto sumarial que no pueden revelar… Después los colegios es otro misterio, primero charlas, reuniones, pagar por una planilla. Ni hablamos que ese es el inicio… después seguimos con lo que más temor nos da: el niño en el colegio… el bullying, la denigración del estrato, las exigencias, la tareas, los valores. Es LA pesadilla de buscar un colegio para nuestros hijos.
    Al ser mamá extranjera también tuve el mismo asombro de la mamá argentina con el cual inicias tu reflexión. Ni para entrar a la universidad me habían pedido tantas cosas. No entendía cuando papás extranjeros de muy buena posición eran rechazados en famosos colegios… Me empecé a poner nerviosa y dije… que quedará para nosotros que somos una familia de clase media.
    Colegios hay por montones y el mas costoso no es necesariamente el mejor. Digamos que lo que describe mejor el panorama es que uno colegio es como la entrada a un country club… por eso es por lo que realmente se paga en los altos estratos, por los contactos. Y eso me parece tan de los años 80 en un mundo moderno.
    La educación primaria y secundaria es sumamente costosa hasta más que la universitaria y la estratificación del pais se siente como un puño en el estomago cuando de este tema se trata.
    Me extendí a hacer catarsis tambien jajajajaa gracias por el excelente post!

  • Excelente artículo, muy cierto y muy grave porque ese es el cancer de nuestra sociedad tercermundista, si así “educan” el futuro que nos espera?. Pero cada vez que encuentro mamás como tú y como muchas, que están ahí para sus hijos respiro profundo y pienso “bueno, todavía hay futuro….”

  • hola, excelente articulo, yo bogotana viviendo en canada y con un hijo a punto de entrar al colegio, me da mucha impotencia ver la realidad de los niños de mi pais, cuántos talentosos niños no podrán tener acceso a una educación de calidad simplemente por sus condición económica,la sociedad colombiana es clasista y la brecha social es enorme…mis amigas y sus parejas (los 2 profesionales) pagan una minifortuna cada mes solo para demostrarle a sus pares que su hijo estudia en un colegio del norte, “bilingue” , los levantan a las 4 a.m a tomar un bus para hacer un recorrido de 2 horas ida y 2 horas vuelta , “pero no hay problema los niños duermen en el bus” dicen orgullosos …..y llegan a casa a las 6 pm ..cenan se bañan y a dormir porque hay que madrugar al otro dia…que tal, que falta de respeto, me gustaría ver si a esos padres les gustaria tener esa rutina diaria tan pesada.
    como tú lo dices los niños nos enseñan todo el tiempo y depronto aveces nos enfocamos en conseguir todo lo que queremos y olvidamos valorar y aprobechar lo que tenemos…

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