Sin Razón BLOG

Hace poco me preguntaron mis razones para haber sido mamá y debo confesar que no supe que contestar. En un principio creí que mi bloqueo era producto del menosprecio que sentía en los ojos de mi interlocutor ante la sorpresa de que una mujer en pleno siglo XXI, estudiada, “viajada”, inteligente, divertida y capaz decidiera ser madre en un mundo que ya no se lo exige. Unos minutos después me di cuenta que no tenía una respuesta porque era mi hemisferio izquierdo el que estaba buscando las razones.

Siempre creí, y estaba segura de ello, que la decisión de tener a Lolo había sido más racional que pasional… hasta ahora. Si bien las ganas de ser papás nos estaban carcomiendo cuando decidimos meternos en la grande, sentía que lo que realmente me había impulsado no era el tic tac de ese reloj biológico que algunas aseguran sentir sino más bien una hoja de excell, que una noche hicimos con mi 10%, que concluía que no sólo estábamos en una edad ideal sino que nuestras finanzas aguantarían varios meses mi “holgazanería”.

Hoy, un par de años después, entiendo que nunca tomamos esa decisión con la cabeza sino con las entrañas. Y que las justificaciones racionales que me daba a mi misma para tenerlo solamente trataban de reforzar la decisión que, sin darme cuenta, yo ya había tomado con el corazón. Tener un hijo nunca va a ser una decisión racional porque de seguro si lo pensáramos más de dos veces no lo haríamos. Y ahí radica lo maravilloso de serlo.

Leo con fascinación la cantidad de artículos que a diario publican con mil y un razones por las cuales es mejor no tener hijos y siento que fácilmente yo podría aportar a esa lista 50 razones más. Podemos encontrar razones para todo en la vida. Cuando de justificar una idea se trata, la cabeza es experta en encontrar los argumentos adecuados y más cuando el tema es “ser mamá”, pues razones para no tener hijos hay mil.

Decidir tener hijos porque racionalmente creemos que es lo mejor no es posible. No encuentro un argumento coherente y sensato para decidir tenerlos, en cambio encuentro muchos para no hacerlo. Con los hijos se pierde mucho. Pierdes tiempo, pierdes horas de sueño, pierdes tu estómago plano, pierdes noches con amigos, pierdes plata, pierdes tranquilidad, pierdes trabajos, pierdes intimidad, pierdes idas a cine, pierdes guayabos en cama, pierdes paredes, pierdes el orden, pierdes trabajos, pierdes pelo, pierdes un poquito de ti. Pierdes la paciencia y conoces la peor versión de ti. Sabrás que eres un Hulk en potencia y con una pendejada vas a estallar. Desconocerás ese sentimiento en el pecho que te hace gritar, zarandiar y llorar. Y por unos minutos creerás que nada vale la pena porque todo lo has hecho mal. Pierdes la certeza y comienzas a vivir con la incertidumbre de no saber si estas literalmente ¨cagándote” la vida de alguien. Puedes leerte todas las teorías de crianza, puedes aprender del ejemplo de amigos y familiares, puedes recibir consejos hasta del portero, puedes ver todos los programas de la Super Niñera, puedes hacer talleres de coaching para padres y aún así nunca sabrás si lo estás haciendo bien porque sin importar lo que hagas o como lo hagas, el mundo se encargará de achacarle a tus hijos un par de traumas, problemas cognitivos y reacciones psicológicas consecuencias de tu manera de criarlo. Pierdes la inocencia porque te das cuenta que el único pan que venía debajo del brazo, era el brazo de reina que se asoma cuando decides ponerte camisas esqueleto.

Pierdes un montón de cosas que se me hacen fácil enumerar y ganas un montón que, a pesar de ser mamá, soy incapaz de redactar. Debe ser porque la satisfacción y la felicidad me sobrepasa de tal manera que no puedo ponerlo en palabras. Y porque siento que si me atreviera a hacerlo caería en ese tipo de cursilería que sólo entiende el que la padece.

No sé porque fui mamá y no tengo una respuesta coherente, al menos para alguien que no lo haya sido. No hay quien pueda hacer una lista con el porque vale la pena ser mamá, o por lo menos, yo no soy capaz. Ser mamá es la decisión más irracional, estúpida y poco práctica que podemos tomar. Y aún así, si pudiera devolver el tiempo creo que volvería a dejar de tomarme las pastillas anticonceptivas. No es un secreto que la mayoría de cosas en la vida que te quitan el aliento, te cambian, te maravillan, te hacen crecer y te hacen feliz son aquellas que precisamente no pensaste con la cabeza.

O acaso podemos enamorarnos locamente de alguien sólo porque nos digan que es el partidazo del año? Yo me enamoré de un paisa con más mala fama que Charlie Sheen pero no quise oír consejos, no analicé las probabilidades, no hice un top 10 con las razones para no meterme con él, no pensé racionalmente que la cosa podría salir mal, no me deje convencer cuando me decían “el que es nunca deja de ser”. Yo sólo sentí que juntos éramos felices como nunca lo habíamos sido. Y PUM, a pesar de tener 1001 razones para salir con ese otro prospecto seguro y confiable que me recomendaba la cabeza, me casé con el que me hacía alucinar. Apostarle a esa decisión que nada tenía que ver con la razón fue lo mejor que me pudo pasar.

Por eso no voy a enumerar las razones por las que ser mamá vale la pena. La que ya lo es, lo sabe; la que no lo es, ni se lo puede imaginar; y la que no quiere, lo va a demeritar. Buscar razones para mi es la prueba fehaciente de la necesidad de reafirmar una decisión que no está muy clara. Yo no necesito hacer una lista por las cuales vale la pena ser mamá, simplemente sé que es la peor/mejor decisión que he tomado en la vida y que de no haberla tomado sé que, en algún punto de mi vida más adelante, me hubiera frustrado. Así que prefiero dejar las listas de pros y contras para otros asuntos menos emocionales. Nadie tiene la razón, nadie sabe nada, el universo no le está mandando una señal si encesta ese papel en la caneca, ese top 10 que está leyendo también pudo ser escrito por alguien que no tiene la menor idea o que opina todo lo contrario.

Así que después de un silencio incómodo lo único que atine decirle a mi interlocutor era que había sido mamá por la misma razón por la que hacía todo en la vida: porque sentía que eso me iba a hacer inmensamente feliz. Por fortuna esta vez tampoco me equivoqué al darle un segundo sí a ese paisa maluco que se volvió mi 100%, y por eso no tengo que buscar razones lógicas, racionales y prácticas que me auto convenzan de mi decisión.

Latest comments
  • Eres lo máximo… leerte es demasiado genial. GRACIAS!!!!

  • Gracias por tus publicaciones son mi gran apoyo y compañía en esta caótica pero divertida etapa de mamá primeriza, vivo fuera de mi Colombia y solo tengo ayuda de mi pobre 10% que las energías se le agotan demasiado rápido , y leerte es saber que todo lo que hacemos por nuestro bebé vale la pena, gracias muchas gracias y por favor no dejes de escribir

  • Muy de acuerdo, y como el titulo lo indica eso es lo lógico pero también quienes deciden no serlo tratan de justificar el porque no lo hicieron y demeritan a quienes si quisimos ser mamas…Yo no me arrepiento y he perdido hasta el calcio de los huesos, pero ver los ojitos de mi loquillo y su hermosa sonrisa diciéndome a esa media lengua “mami te amo mucho” me llena todas esas pérdidas que nombras y me hace sentir más plena que nunca…Eres lo máximo LaNuwe….como digo a veces quiero ser como tu cuando crezca jejejej.

  • Si de razones prácticas se tratara, estaríamos extintos hace ya miles de años. La razón habitualmente pasa por otros caminos mucho más nebulosos y sutiles. Entonces deja de ser “razón” y pasa más por los terrenos de la intuición. Intuición de que quizá ese proceso de maternidad/paternidad es una parte importante de nuestro proceso de aprendizaje y crecimiento como seres humanos. Y entonces, a falta de razones, todo adquiere sentido.

  • Leerte es suuuper. A veces sentimos que estamos solas o que todo lo hacemos mal con nuestros hijo. Yo tengo un niño de 21 y a veces es frustrante educarlo. Pero paso a paso voy aprendiendo y dándome cuenta que no estoy sola. Quisiera que escribieras sobre la quitada del pañal, cuentanos cual es tu experiencia con este tema.

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