Amo la navidad. Amo su banda sonora de villancicos y las maracas a cargo de la persona menos rítmica de la familia, o sea: yo. Amo su exceso de calorías y la necesidad de que alguien se coma ese último pedazo de natilla, o sea: yo. Amo sus luces, incluso las exageradas que podrían catalogarse como contaminación visual, o sea: las de mi vecina. Amo su poder para reunir familias y reencontrar amigos y amo los regalos… ¿cómo no podría amar los regalos?

Sí, amo los regalos. Pero no el consumismo y el despilfarro exagerado del que casi todos nos contagiamos en esta fecha con tal de ver sonreír a los que amamos. Y sobre todo para ver felices a nuestros niños. Nos repetimos sin cesar “la navidad es para ellos”,  para tener la licencia para comprarles todo lo que han pedido, todo lo que necesitan, todo lo que no han pedido y todo lo que no necesitan.




He pasado navidades con regalos que no caben en la sala. He visto a niños destapar regalos tras regalos y llorar al final porque además del lego de star wars, además de la scooter, además de la pista de carros, además de la bicicleta falta otro regalo pedido que no ha llegado.

Para los papas la escena es incomprensible. ¿cómo después de tantos regalos increíbles aparecen estas lagrimas incontenibles?

Para un par de adultos coherentes la respuesta es simple:

Atosigamos a nuestros hijos con tantos regalos que el afán por destaparlos todos hace imposible observar y disfrutar el primero. Pero peor aún, atosigamos a nuestros hijos con tantos regalos que se vuelve imposible enseñarles a estar agradecidos.

Esta es la segunda navidad para Lolo. No cuento la primera en la que tenía solo 6 meses y para la que así me tilden de madre desnaturalizada no le compre ningún regalo y durmió toda la noche. Tampoco cuento la segunda en la que después de bailar tres villancicos, Lorenzo competía con mi abuela en ronquidos antes de las 10. En cambio, ésta será la que gozará de una manera más consciente y voy a rescatar algo que hicimos el año pasado y que nos funcionó de maravilla.

La llamaré: la teoría de los 4 regalos y les aseguro que es una buena manera para que esta navidad hagamos felices a nuestros hijos sin volverlos caprichosos e insaciables.

La tarea es simple: Compra sólo cuatro regalos:

  1. El regalo que sueñe. Debe ser un juguete que tu hijo de verdad anhele. Puede que en la carta escriba 10 juguetes soñados pero como la idea es enseñarles austeridad, valdría la pena decirle que Papá Noél o el Niño Dios o quien sea que entregue los regalos, solo traerá uno, así que es mejor que sea especifico con el que más quiera. Créanme uno es suficiente. Destaparlo, armarlo, ponerle pilas, entenderlo, usarlo etc, puede tomarles el resto de la noche y la mañana a ellos y a nosotros. Disfrutemos con ellos ese momento y evitémonos ver juguetes tirados y desechados por toda la sala antes de haberles sacado todo el provecho.
  1. El regalo que necesite. Ahí las mamás somos expertas y como ya le compramos un juguete soñado, ahora podemos empacarle la sudadera que le hace falta, el reemplazo de la pijama que acabó este año, la maleta para el colegio, etc. Un objeto que no desvela al niño pero que le será útil. Tampoco está mal que aprendan a emocionarse con este tipo de regalos. Yo a Lolo le hago tanto show cuando destapa regalos que son ropa que los “wauuuu” ya le salen naturales. Al parecer se me fue la mano porque el pobre salta sin parar al destapar un par de medias, y bueno, así tiene a mis tías comiendo de su mano.
  1. El regalo que enseñe. En mi caso Lorenzo muere por los cuentos y aunque tenemos la biblioteca llena, cada noche antes de dormir siempre tenemos la sensación de querer leer un libro nuevo. Pero dependiendo de la edad, pueden ser libros para colorear, flash cards de números o animales, juegos de mesa. Lo bonito de este tipo de regalos es que además de ser funcionales llevan implícito el uso en nuestra compañía. Leer un cuento juntos, armar un castillo de madera juntos, jugar mímica un viernes en la noche. Objetos que enseñan pero que fortalecen lazos familiares y promueven espacios para que compartamos con ellos tiempo de verdad.
  1. El regalo que no es para ti. Este año llevamos a Lolo a darle regalos a niños que no tienen sus mismas comodidades. Comprar algo para donar, llevarlo, compartir con otras personas. Creo que fue la manera perfecta de terminar el ciclo y reforzar valores como la generosidad y el agradecimiento que a veces no sabemos cómo enseñar.

Hagamos la prueba… no criemos niños insaciables que se volverán adultos insatisfechos. Enseñémosles a estar agradecidos por lo que tienen. Que aprendan el valor de cada regalo y el esfuerzo que hacemos por dárselo. Es muy difícil hacerles entender que cada regalo nos cuesta si ven lo fácil que es recibir 10 de un solo tacazo. Es imposible que observen, descubran y disfruten el primero si hay 10 más esperando por ser destapados.

El año pasado en realidad sólo le compramos un regalo. Uno solo. Uno que sabíamos que iba a disfrutar. Uno por el que se babeaba en la vitrina de juguetes. Uno que no tenía. Sólo uno. Los abuelos se encargaron de la ropa. Y una tía de los libros que igual lo enloquecieron. Y listo!

Amo la navidad.  Amo haber creído en Papa Noel y amo tener un hijo con quien volverme Papá Noel. Pero no amo ese despilfarro que hace que el 24 termine con niños inconformes, desagradecidos y groseros, y de paso, con papas malgeniados, desilusionados y arruinados.

Para este año a la teoría de los 4 regalos le sumaré un quinto punto: Destapar los regalos a las 12 en punto. ¿Por qué nos da pesar ver a los niños desesperados por sus regalos? A mis papás no les daba pesar hacerme esperar, tampoco morían de tristeza de verme cabecear haciéndole centinela al árbol, y mucho menos desesperaban al inventarme y hacerme inventar juegos para que el reloj andará un poquito más rápido.

Pero ahora a todos nos da pesar hacer esperar a los niños ¡pobres niños! ¿Por qué subvaloramos a los niños de ahora? Los he visto despiertos a las doce y hasta más tarde otros días normales. ¿Por qué no aprovechamos la navidad para enseñarles un poco de paciencia, de esfuerzo y perseverancia? 

Si el palo no está para cucharas compren sólo un regalo y ahí sí, mi recomendación es que sea un juguete. Feliz navidad, sigan tomándose fotos con todos los Papa Noeles de la calle que asustan al niño y nos emocionan a nosotras y creen toda la magia alrededor de esta fecha para sus hijos que sólo creerán en ella unos pocos años.

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  • Me.encantó el artículo hoy con mi segundo bebé, he entendido el daño porque sin ser exagerada es eso lo que hacemos al darles sin medida. He visto perder la capacidad de asombro o que esta solo dure lo que el niño rompe un papel, pasa al siguiente regalo y ya… Todos quedan en un rincón sin ser utilizados. Ya había leído la recomendación de los 4 regalos y este año lo he aplicado y lo mejor de todo, aún cabemos dentro del apto porque al paso que íbamos saldríamos por las ventanas.
    PD: me encanta la forma en que redactas t expresas tu forma de ver y vivir tu vida fliar. Abrazos y bendiciones

  • Amé la regla de los 4 regalos. También la aplicamos y nos fue genial. Ella soñaba con un bebe nenuco y ese fue el regalo de sus papás para ella. Queremos que entienda el esfuerzo que hacen sus papás por adquirir las cosas.
    Le regalamos 1 cuento y en su cumpleaños que es el 28 de dic un impermeable que necesitaba y la emoción no fue normal!!

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