Martes de Post-Parto - Abrazables pellizcables

Niños que dan ganas de abrazar y niños que dan ganas de pellizcar. ¿Los han visto? Sé que todas saben a lo que me refiero. Los niños son por naturaleza tiernos y apapachables, es muy difícil no caer rendidas ante sus cachetes, a sus medias lenguas chillonas y ocurrentes, a sus manitas suaves y regordetas. Pero hay unos, que aunque tengan más cachetes que Quico nos inspiran pellizcarlos y no precisamente como una expresión de amor. Nada tiene que ver con qué tan modelos de portada de revista parezcan. La ternura y la simpatía por un niño, así como el desagrado por el, radica en su comportamiento.




Los niños son niños, harán pataletas, llorarán, gritarán, no se quedaran quietos. Pero basta pasar una hora con un niño para ver la línea divisoria entre esa actitud infantil normal de un niño y una desesperante.

Yo, como toda mamá de mi generación, leí sobre crianza con apego, disciplina positiva, sobre el diálogo por encima de todo y en todo momento, sobre la manera correcta de hablarle a nuestros hijos para que entendieran el porque de nuestra decisión. Y hoy, a pocos días de que Lolo cumpla tres años me atrevo a decir que algunas lo entendimos todo mal. Nos hemos preocupado tanto por pulir y perfeccionar la crianza, que en ese miedo que nos han inculcado de no generarle traumas a los niños, olvidamos que a veces cuando mamá o papá dicen que No, es No, sin importar que no tengamos una razón que los niños en este momento de su vida puedan entender.

Tengo tres hermanos mayores, todos hombres. Soy la única niña y la menor, o en otras palabras, soy la consentida. Ser la consentida a veces se confunde con ser la malcriada, y no niego que alguna vez me haya portado como tal. Pero sobre todo se traduce en ser consentidora. Y yo soy absurdamente consentidora. Soy tan consentidora que si no fuera por una dosis de mi 10% en el momento adecuado y el ejemplo de algunos niños que quiero pellizcar, me podría cagar (no encuentro otra palabra mejor) a Lorenzo a punta de mimos. Nuestra crianza, sea la que sea, hace de nuestros hijos unos niños abrazables o unos pellizcables.

Los terribles dos años llegaron para cuestionarme y para obligarme a hacer unos ajustes en materia de educación en mi casa. Pasamos de un bebé que necesita todos nuestros mimos y abrazos, a un niño que necesita mimos, abrazos y aprender a obedecer. Y comencé a debatirme cuando ser un poco de derecha y cuando ser un poco liberal con Lolo. Yo tengo amigas a las que nunca les he oído alzar la voz y otras a las que quisiera ablandar un poco y, con lo que voy a decir a continuación puede que una horda de mujeres me ataque, pero estar en compañía de los niños con los que han sido un tris más estrictos es más ameno y llevadero. Los niños pellizcables no permiten el juego, mandan todo el tiempo, parecen unos adultos encerrados en un cuerpo pequeño, necesita ser el centro de atención siempre, son unos mini dictadores y tienen a sus pies unos padres que con tal de evitar el conflicto, optan por negociarlo todo. Pues yo no quiero negociarlo todo.

Si de algo me he dado cuenta, es que los limites que ponemos en casa nos salvan la vida cuando estamos afuera. Y no hablo de limites consensuados sino de órdenes y reglas con una voz fuerte y clara. Le tememos tanto a la palabra orden, la tenemos tan ligada a la opresión y a un carácter negativo, que creemos que darle un par de ellas a nuestros hijos es traumatizarlos e irrespetarlos.

Desconfío un poco, mucho seamos sinceras, de esas mamás que sin importar el nivel de pataleta del niño no pierden la compostura. Me cuestionan esas mamás que justifican todas las rabieta con un “es que tiene sueño”. Y me preocupa que Lolo llegué a ser uno de esos niños que dan ganas de pellizcar en vez de abrazar.




Debo confesar que no siempre pensé así. Confíe mucho tiempo en que el amor por los hijos consistía en sólo darles amor y más amor. Y que ese amor se traducía en cero gritos, en olvidarme de mis necesidades, en suplir al 100% las suyas y en verlo siempre sonriendo. Tenía razón en una cosa, el amor por los hijos sí consiste en darles amor y más amor. Pero ese amor no me convierte en una esclava de todos sus deseos, ese amor me da derecho a decir No, ese amor me obliga a no negociarlo todo y ese amor veces puede que no lo haga sonreír. Y tuve que compartir con un par de niños pellizcables, e incluso ver al mío haciéndome quedar mal un par de veces, para dame cuenta de eso. 

He pasado tardes con niños fabulosos que sin dejar de ser niños y llorar a ratos, pelear por un juguete y ponerse bravos, son tiernos, amorosos y disciplinados. He pasado otras tantas con niños que me asustan, me desesperan y quisiera pellizcar. He llegado a casa angustiada de pensar que si no pongo claros los límites, el niño que van a querer pellizcar es el mío.

Fui la consentida de mi casa y aún así recuerdo más de un No que me supo a cacho en su momento y hoy lo agradezco con el alma. Cuando tenía 13 años mi papá me prohibió tener novio, todas mis amigas tenían, todo el mundo tenía!,  pero mi papá retrogrado insistía en hacerme pasar la vergüenza de quedar al frente de todos como una niña chiquita. Hice pataleta, lloré, le escribí cartas a mi papá exponiendo mis razones, él me escribió otro par con las suyas. Razones que me parecieron exageradas y tontas. Hoy, muchos años después, como por no delatar los 33 que este año cumplo, entiendo todos y cada uno de sus motivos y sobretodo los agradezco. Mis amigas de esa época pasaron por las manos de casi todos mis amigos de esa época. Yo, seguro soy recordada como la bobita que no dejaban tener novio y que para mi dicha y fortuna (he visto lo que le ha hecho la adultez a algunos de ellos por Facebook) no aparece en su lista de conquistas. Tenía trece años y ni en ese momento entendí las razones. Lolo va a cumplir 3, no todas mis razones tiene que entenderlas pero si obedecerlas.

Ya no admiro a la mamá que concilia todo, más bien le temo y le huyo a su retoño. Ya no critico a la que le exige un poco más a su hijo sino que me declaro fan enamorada de su hijo abrazable.


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Latest comments
  • Me encanta. Aunque yo lo hubiera dejado verse el partido jaja… igual no tengo hijos aún pero me declararía culpable en ese pequeño acto de permisividad… (ser permisiva)

  • Excelente! Por fin un blog que defiende el amor con límites! Pues esta “onda” de crianza con respeto va a terminar malcriando niños y afectando a sus familias…

    • Totalmente de acuerdo!!! Muy bueno y todo aquellas q todo lo negocean pero no! Asi no hayan razones de peso si hay un no es no y punto!

  • Me siento super identificada con tigo…. tengo una niña de dos años, la verdad me preocupo mucho a veces con sus pataletas, no se como manejar la situacion, y con lo que acano de leer descubri que me falta tener mas autoridad… gracias por compartir tus experiencias

  • La realidad mi hija ya tiene 11…y soy estricta y le permito …y el día de hoy hasta de la piedra llore….y pienso que en mi afán de no traumas la con frases y eso es permitido cosas que no deberían ser así .y aclaro soy muy estricta pero por como me sentí hoy pienso que me falto ajustar en algunas cosas ..ahora me en caminó a eso 😢😢

  • Hola! Me encanta tu página y aun mas como abarcas temas puntuales. No tengo hijos, me asusta pensar en tenerlos pero si algún día sucede pondré en práctica muchas cosas de las que hablas! Esta forma de crianza es muy criticada, lo digo porque cuando se toca el tema en mi familia y expongo lo que haría ya me tachan como la mamá alcahueta que dejara hacer todo al muchachito! Me surgen mil dudas que sueles responder con los póster, supongo que generarle confianza al niño para que de adolescente cuente contigo como un amigo pero sepa y crea que el No de mamá es necesario lo sabre cuando la belleza de Lolo sea más grande. Por ahora sigue publicando situación así, reales. Un abrazo

  • Excelente artículo!. Por fin empieza a aparecer en el escenario, la sensatez!!!
    Lo único que se ha logrado con esas desvirtuadas ideas de los “intocables”, es tener adolescentes que no quieren hacer absolutamente NADA, son merecidos, desagradecidos y exigentes, convencidos que el mundo gira en torno a ellos; con el agravante que los primeros frustrados van a ser ellos mismos, producto de una generación de adultos, muy equivocada. Empezando por las leyes que todo se les concede.
    Maestra de adolescentes.

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