Post-Parto Tapo




“Tapo” era la palabra que más usaba cuando jugaba chiquita. La pronunciaba cuando necesita literalmente “parar el tiempo”. Si estaba acorralada decía “tapo”, si mi hora de entrada a la casa llegaba antes de terminar el juego decía ¨tapo”, si sentía que las reglas no se respetaban decía “tapo”, pero la gran mayoría de veces gritaba “tapo” y mostraba desesperada la T con mis manos porque me daba bazo y necesitaba un momento para detenerme y respirar. Algo tan simple y tan importante como detenerme a respirar.

Crecí y nunca volví a usar esa palabra, no porque no necesitara ese tiempo para recuperar energía sino porque no sentía que fuera necesario pedir permiso para tomárselo.

Hasta que nació Lolo y algo tan simple como respirar entró a la lista de cosas que hacemos de afán.

Desde el primer día que tuve a Lorenzo en mis brazos no quise despegarme de él un segundo. No quería perderme un bostezo, una sonrisa y mucho menos quería cargar con la culpa de haber estado ausente en alguno de sus llantos. Yo quería estar ahí en todo momento para consolarlo, para arrullarlo y para hacerlo reír, así eso me constara no terminar de leer un libro, no saludar a una amiga o no hacerme un manicure. Y aunque esa entrega total por los hijos no suena mal, no está del todo bien. Llega un momento en que el cuerpo y la mente te pasa factura, la paciencia se agota, el cansancio te amarga el temperamento y por más que queramos seguir no podemos abusar de nuestra buena fe. A esa promesa que me había hecho a mi misma de no fallar le hacía falta una pequeña observación: se vale decir “tapo”.




En inglés dicen time-out y no hay nada que necesitemos más las mamás que un tiempo-fuera, más de lo que pensamos. Cuando jugábamos a las escondidas mostrábamos la T con nuestras manos para todos lados para que nos dieran ese tiempo. Y ahora, justo cuando más se hace necesario detenerse a respirar, olvidamos hacer la petición.

Creo que no soy la primera mamá víctima del invento de creerse infalible, multitasking e indispensable. Y tampoco seré la última damnificada de esos abusos autoimpuestos. “¿Cómo decir tapo cuando se es mamá” debería ser la primera clase del curso piscoprofiláctico. Y “Cómo decir tapo sin que la culpa la ahorque” debería ser la segunda. Decir “tapo” es un derecho que tenemos pero sobretodo un deber. Querer tener todo bajo control, creernos la mujer maravilla, sentirnos cansadas y no pedir ayuda nos vuelve insoportables, irritables, repelentes y regañonas. Adjetivos que ni nuestros hijos ni nuestros 10% aprecian y valoran.

Se vale decir “tapo” las veces que sean necesarias. Se vale decir “tapo” aunque tengamos a medio mundo convencido de que lo único que no hacemos como Diana Prince es empelotarnos dando vueltecitas. Se vale decir “tapo” 5 segundos antes de explotar con nuestros chiquitos. Se vale decir “tapo” para respirar y pensar mejor nuestra reacción. Se vale decir “tapo” y pasarle la bola a nuestros 10% cuando nuestra respuesta no va a ser amable con nuestros hijos. Se vale decir “tapo” para tumbarse en la cama a mirar el techo. Se vale decir “shhh mamá dijo tapo, resuelvan sin ella”.

El día que dejé de autoimponerme la obligación de ser infalible el mundo no se acabó, la casa no colapsó, mi 10% no dejó de sentirse orgulloso y mi hijo no comenzó a amarme menos. Es más, la dinámica mejoró, porque fui capaz de tomarme mis 10 o 20 minutos para respirar en vez de cargar con todo el peso y sentirme con el derecho de hacer mala cara y contestar ofuscada.

Yo me impuse la tarea de reclamar unos minutos diarios. Y dejé de sentirme egoísta o culpable por pedirlos justo cuando me di cuenta que esos minutos benefician a toda la familia. Puede que ya no me de bazo pero la presión en el pecho me produce la misma sensación que cuando estaba chiquita: me quita la tranquilidad, me impide respirar a buen ritmo y me tranca para seguir funcionando. Así que sin sentimiento de culpa alzo mis manos formó una T y dijo “tapo”. Digo “tapo” cada vez que una gruñona infeliz aparece para poseer a la mamá que me gusta pensar que soy. Respiro, cierro los ojos y las cosas ya no parecen tan graves. Respiro, abro los ojos y comienzo de nuevo. Respiro y no hago nada. Respiro y sonrió porque no declaré la guerra en casa

Se vale decir “tapo” porque si mamá está bien, la casa, los hijos y el 10% también.





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Latest comments
  • Ahora que mis tiquis (asi llamo a mis hijos) estan quietos en la cama, he decidido buscarte después que alguien me recomienda tu blog, al leerte me he transportado a mi modo Mamá interno, a lo que en algún momento se piensa y siente de la maternidad. Que gusto encontrar cuentas que acerquen a la realidad de muchas mujeres (incluida yo) que son mamás y quieren pedir Tapo. En este proyecto tan Bonito te deseo Buen Viento y Buena Mar.

  • Pensé que era la única q me sentía así… Justo anoche mi hija de 4 años me hizo reflexionar sobre mi forma de actuar y hoy con tu mensaje entendí que se vale decir Tapo!

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