“En mi época yo andaba sola en bus con tres chinos y no tenía empleada” suele ser una de las frases que mi mamá suelta en voz alta, como hablándole al viento pero esperando que todas las mamás presentes la oigamos y cojamos escarmiento de una vez por todas. Vale la pena aclarar que mi mamá es oriunda del altiplano cundi-boyacense, razón por la cual cuando dice “chino” no se refiera a los orientales oji-rasgados sino que está usando el  particular adjetivo de esta zona del país para llamar a los niños pequeños.

Lo que mi mamá no sabe es que no tiene que repetir frases fastidiosas como esa para que yo confiese que la maternidad a mí y a toda mi generación nos atropelló con fuerza. Todas soñábamos con ser mamás pero ninguna sabía que la tarea era tan abrumadora. Yo personalmente creía que el día del parto por arte de magia despertarían en mi todas las habilidades de mi madre, pero después de 3 años de labores debo reconocer que sigo siendo un desastre.

Llevo dos días de semana de receso (a propósito, que buena manera de enredarnos la vida a madres y padres que no pueden dejar el trabajo botado en esta época) y cuatro meses con mi empleada incapacitada. Dos razones que hoy me tienen al borde de un colapso nervioso. Llega mi 10% en la noche y a mí lo único que se me ocurre decirle es que entre las labores domésticas y las de mamá entregada, mi vida se me está escapando entre las manos.

Me da un poco de vergüenza quejarme, lo reconozco. Sobre todo si pienso en mi pobre madrecita a mi edad con sus tres chinos en un bus, lidiando además con un vendedor de maní y un cantante al que la suerte no le ha sonreído. Pero me quejo. Pienso en los pañales de tela que mi mamá lavaba, blanqueaba y planchaba todos los días y me avergüenzo de los desechables que yo usé. Pero igual me quejo. Pienso que al menos durante una hora puedo envolatar a mi chino (yo también soy del altiplano) viendo Netflix y siento pena por mi mamá que a la única hora que podía ponernos a ver muñequitos por canal nacional era a las 6 de la mañana. Y aun así, me quejo.

Añoro la llegada a casa de mi 10% para que me ayude a terminar de hacer la comida y para que incluso duerma al niño mientras yo me siento cinco minutos en un sofá. Pienso en mi mamá y su entrega por atender a mi papá, siento vergüenza por floja, pero igual me quejo. Me quejo porque no tengo un minuto libre y eso que sólo tengo un hijo. Me quejo cuando mi empleada viene y cuando no. Me quejo porque mi 10% no colabora y me quejo porque “así no es” cuando colabora. Me quejo porque no tengo nana y me quejo de las que la tienen. Me quejo porque sí y me quejo porque no.

Que Millenials ni que nada, pertenezco oficialmente a la generación de las “quejumbrosas”. No es que esté diciendo que la maternidad sea fácil, cero desgastante, poco enloquecedora, para nada caótica y que no nos dé razones diarias para quejarnos. Creo que desde las mamás dinosaurios hasta nuestros días la maternidad no nos la pone fácil a veces. Somos la generación que “más facilidades tiene a la mano”, esta también es frase de mi mamá, y la que más ha confesado que la maternidad es p*#!mente jodida.

Podemos googlear “qué hacer si mi hijo tiene fiebre” hasta “qué hacer si mi hijo ha entrado a la adolescencia”, podemos preguntar en esos grupos de Facebook en el que las mujeres no paramos de escribir “¿qué sitios para niños nos recomiendan?”, podemos prenderles el tv a cualquier hora del día para alcanzar a mandar ese mail urgente, tenemos maridos que ayudan a cocinar, a cambiar pañales y hasta son mejores que nosotras durmiendo al bebé. Sí, somos la generación con más información, más tecnología, más restaurantes baby friendly y más quejas a la mano. 

Hago parte de la generación quejumbrosa y no me voy a sentir culpable por ello. Quiero reconocer que ser ama de casa, mamá y profesional al mismo tiempo me tiene al borde de la locura. Quiero seguir haciéndole show a mi 10% cuando abre la puerta en la noche y decirle “no puedo más”. Quiero reconocer que hay días como hoy que ser mamá me queda grande.




Queridas mamás de antes: no soy floja, soy quejumbrosa; y aunque la tengo más fácil que ustedes en muchos aspectos, la tengo demasiado difícil en otros. Ninguna otra generación de mamás había sido retada a ser madre con tan altos estándares. A ninguna otra generación de mamás le habían cuestionado tanto sus métodos de crianza. A ninguna otra generación de mamás la habían hecho sentir tan culpable por querer seguir siendo profesional. A ninguna otra generación de mamás le habían exigido tanto ser madres entregadas pero además mamasitas aptas para meterse en un bikini. A ninguna generación de mamás la habían cuestionado tanto por quedarse en la casa dedicada a los hijos.

Es más, a ninguna otra generación la habían criticado tanto por dejar la casa y salir a trabajar. A ninguna otra generación de mamás le había tocado defender a capa y espada la maternidad como elección de vida frente a las que creen que tener hijos sigue siendo una imposición social.

Lo ven, ahí estoy de nuevo quejándome. Soy absolutamente quejumbrosa y me doy el lujo de serlo, porque ninguna otra generación de mamás había decidido serlo con tantas ganas, tanda determinación, tanta conciencia, tantos obstáculos y tantas vísceras como ésta. Soy orgullosamente parte de la generación de las mamás quejumbrosas. Somos la primera generación que decidió ser mamá porque sí y porque no.  Somos las quejumbrosas y de queja en queja, no se cómo, logramos hacerlo todo.

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Latest comments
  • Siii soy de la generación de las quejumbrosas totalmente un súper orgullosa de serlo. Excelente post como siempre es una delicia leerte.

  • Totalmente identificada, anotame en el grupo de las quejumbrosas a mi tambien. Gracias por poner en palabras lo que tantas sentimos. Un abrazo

  • Así mismo. A partir de hoy ya no me sentiré tan culpable de ser quejumbrosa!.
    Gracias por hablar en nombre nuestro y sobre todo por el tiempo que dedicas en estos post.
    Dios le pague

  • “…porque ninguna otra generación de mamás había decidido serlo con tantas ganas, tanda determinación, tanta conciencia, tantos obstáculos y tantas vísceras como ésta. Soy orgullosamente parte de la generación de las mamás quejumbrosas.” Yo también y me seguiré quejando y exigiéndole al papá que haga más {no que ayude, porque no es ayuda es obligación}!

  • Me encanta lo q escribís!!!!! Soy una futura quejumbrosa de 7 y medio!! De embarazo!! Y totalmente de acuerdo!! Gracias por este trabajo tan chevere q haces!!!

  • Totalmente cierto.. me quejo y así me dice mi esposo que como quiero otro bebe 😂

  • Soy yo.Gracias, cuando te leo siento un desahogo. Un abrazo.

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