Una vez al año, solo una, el mundo entero nos hace sentir como una mamá maravilla. Poco importa si tus familiares realmente te consideran una gran mamá, al parecer por el simple hecho de haber concebido un hijo (no estoy diciendo que sea fácil, pero comparado con el resto, puede ser lo menos importante) ese día todos quieren rendirnos pleitesía. Ese día a todas nos dicen que somos las mejores mamás del mundo y nosotros les creemos. Los vendedores de flores y chocolates hacen su agosto. Y siempre hay alguien, que a falta de imaginación, sale con la frase “El día de la madre debería ser todos los días del año”.

Juemadre Original BLOG

Que barbaridad! Si todos los días fueran de la madre entonces ¿cuál día podría ir la madre a cambiar los regalos que no le gustaron, digo, quedaron?.
Si todos los días fueran de la madre las ciudades colapsarían por culpa de la movilidad y entonces el alcalde, atascado en una autopista con su madre, tendría que llamar a su gabinete para institucionalizar el día de la madre sin carro.
Y por si fuera poco, si todos los días fueran de la madre, la loza sucia de los desayunos que nos llevarían a la cama todas las mañanas, quedaría a cargo de nuestros hijos y esposos, y todas sabemos lo que eso significa.
Por más que lo pienso esa frasecita tan repetida, además de ser el peor cliché, después de “feliz día de la madre para usted que no es mamá pero si mamasita”, es una aberración.

Lo cierto es que por cada día de la madre hay otros tantos días muy “hijuemadres”. Y en vez de proponer un año entero celebrando el primero, deberíamos proponer otra fecha para celebrar también el haber sobrevivido a los otros. Otro día del año para recordar que ser mamá es haber estado fuera de casillas. Un día Juemadre en contraposición al día de la madre en el que le hiciéramos un homenaje a esos días en los que estamos a punto de perder la paciencia y lo único que queremos es olvidar, por un instante, que somos mamás. Porque si bien la maternidad es lo mejor que nos ha pasado, por momentos pasa de ser un comercial de Johnson y Johnson a ser una película de terror japonesa.

Porque sí, hay días difíciles, muy difíciles, días Juemadre. Días en los que mientras tratamos inútilmente de impedir que nuestras lágrimas salgan “sueltas como gavete” (perdón, el reggeaton me ha hecho mucho daño) o mientras tratamos de calmarnos infructuosamente contando hasta diez, nuestros chiquitos insisten en empujarnos al límite de nuestra cordura como si quisieran descubrir de que tanto somos capaces.

Días tan Juemadre que una simple sentada a comer, con dos intentos fallidos de coronar una cucharita de sopa en la boca de ellos, nos puede quitar el apetito al mejor estilo de una novela mexicana.

Días Juemadre que justo cuando nuestro hijo está teniendo su peor comportamiento, tenemos que soportar al lado al niño perfecto y por supuesto, a los ojos inquisidores de su mamá haciéndonos sentir como una madrastra de Disney que todo lo ha venido haciendo mal.

Días Juemadre que necesitamos hacer una pataleta peor que la que le estamos tratando de calmar a nuestro hijo o al menos tener un segundo para sentarnos en una esquina a llorar.

Días Juemadre en los que entendemos a nuestras mamás, pero quisiéramos hacerles el reclamo por no habernos advertido que muy escondida dentro de tanta alegría, por momentos, aparece una angustia agotadora.

Lo bueno es que no son todos los días, ni son la mayoría, ni mucho menos las 24 horas. A veces son tan solo 5 minutos de desespero que terminan en un ataque de besos porque nos convencieron con la gracia aprendida del día.
Lo malo, estos días que nos parecen tan difíciles no son nada comparado con lo que se nos viene encima.

Hay una frase que mi mamá me ha dicho dos veces en la vida: “ahora es que vas a empezar a sufrir”. La primera vez me la dijo cuando tuve mi primer novio, valga la pena aclarar que tuve que rogarle a mi papá muchos meses para que me dejara tener uno, así que cuando la oí, me pareció exagerada, mal intencionada y fuera de lugar. Seis meses después, ella me abrazaba mientras yo, atragantada con mis lágrimas, trataba de exorcizar mi primera tusa y empezaba a entender lo que ella me había querido advertir.
La segunda vez fue cuando le conté que estaba embarazada y esta vez si quedé loca. Si dos rayitas azules nos habían puesto tan felices a las dos, cuál era el lío?
El lío es que aunque es totalmente cierto ese otro cliché que dice que uno no sabe lo que es la felicidad infinita hasta que tiene un hijo (lo siento por las que no son mamás que están cansadas de este argumento y no lo creen, pero es verdad) también es cierto que una vez se es mamá se conoce por primera vez lo que es un dolor del alma. Y lo que años atrás hubiéramos considerado como una tragedia, pasa a ser un chiste comparado con lo que ahora tememos que nos pase y sobretodo que le pase a nuestros hijos.
Y es aquí cuando los días Juemadre se vuelven realmente difíciles.
Tener hijos es saber que tus hijos te romperán el corazón y no precisamente por un llanto inconsolable o por un rayón en el sofá nuevo. Nos lo romperán de verdad y muchas veces, y de alguna manera seguiremos ahí pendientes de cada paso como siguen nuestros papás a pesar de nuestras estocadas contra ellos. Una vez se es madre aprendemos a plancharnos el corazón arrugado cada tanto. Sonreímos y nos hacemos las güevonas esta vez para nosotras, porque sabemos que lo Juemadre es recuperarnos de los golpes que le van a dar en el corazón a ellos, que valga la pena decirlo, la mitad es nuestro.

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Mamá no hay sino una y no me refiero a que seamos irremplazables, que lo somos, sino a que cada una es diferente a otra. Hay mamás trabajadoras que ven como fracasadas a las que se quedan en casa, mientras que las que se quedan en casa las ven como desalmadas. Hay mamás estrictas, consentidoras, relajadas, intensas, regañonas como también hay otras que, desafiando la lógica y lo natural, se ausentan. Uno se topa con todas en la vida. Todas nos enseñan algo. A veces cosas que quieres imitar y muchas veces cosas que no quieres repetir. Obviamente hay más de 5 clases y de diferentes voltajes pero yo suelo cruzarme repetidamente con estas 5:

Tengo Mucha Puteria!!!! BOLG

  1. Mamá Biodegradable.

Casi siempre es aquella mamá que parrandeó cruzando todos los límites en su juventud, usó, y abusó, de todo lo que le ofrecieron y ahora en compensación necesita que su hijo no consuma nada que no sea orgánico, saludable, libre de gluten, libre de grasa, libre de diversión y libre de sabor. Su espíritu y su estilo es hippie pero necesita las comodidades que tiene gracias a su familia. Soñaba con un parto natural en el agua, sin anestesia, con sus amigos alrededor tomando vino y con su “doula” enseñándole ejercicios de respiración. Podría sacarte los ojos si te ve dándole una Óreo a tu hijo o en el peor de los casos te la cambiará por unas galleticas de sagú, ajonjolí y quinua que sólo pueden saber rico con una cucharada de mermelada encima. Vende entre sus amigas hamburguesas de lentejas que hace en los ratos libres y aunque tiene un discurso claro sobre los efectos nocivos de una Tablet sobre los niños y el entorno familiar, razones de peso para jamás comprar una, de tanto en tanto, cuando no logra calmar una pataleta con un par de maracas, la verás dejándolos jugar con su celular con tal de no perder la razón. Es defensora de la lactancia a demanda y si es posible hasta los 12 años. La reconocerás porque no sale de casa sin su fular.

  1. Mamá Pantalla.

Es la típica mamá que no le gustan los niños pero tuvo 2 o 3 porque le enseñaron que para ser familia había que tener hijos. Nunca ha ido al parque con sus hijos porque la mata el aburrimiento, nunca la verás esperando a sus hijos a la llegada del bus porque para eso está la empleada, nunca hizo el curso psicoprofiláctico porque habían tardes con amigas mucho más interesantes, nunca la verás ayudando a hacer una tarea porque para eso está el papá y el colegio, nunca la verás sentada con sus hijos inventando un juego nuevo o leyendo un libro pero, eso sí, siempre tendrá la voz entonada y lista para una cantaleta. Es ese tipo de ser que es querido con todos pero siempre está reprendiendo a sus hijos. Ella siempre te dará un consejo de maternidad porque jura tener todas las respuestas. Es la que se jacta de ser estricta por amor pero uno le ve lo estricta por todo lado pero por ninguno el amor. Siempre te va a mirar mal o a criticar porque te pasas de consentidora y porque dejas que tu hijo se pase a tu cama. Se ha autoconvencido que para ser una buena madre hay que ser la mano dura y dejarle toda la diversión al papá. Es la mamá pantalla porque aunque lea esto no se va a sentir identificada y seguirá creyendo que ella no nos parece fiera ni mala madre. Y aunque alardea de lo orgullosa que está de sus hijos y de lo mucho que los ama por redes sociales, cuando uno la ve con ellos parece que le estorbaran. La reconocerás porque siempre está tomando vino con sus amigas.

  1. Mamá Maravilla.

Odiada por todas. No sabemos que pacto tiene con el demonio pero salió de la clínica sin barriga. A los 15 días ya cabía en sus jeans de adolescente y a los 2 meses estaba en bikini paseándose por la playa. Hace ejercicio pero no es exageradamente fitness y fácilmente la puedes ver comiéndose una hamburguesa con papas fritas y malteada. Su matrimonio, es de esos escasos y ridículos casos que legitiman los cuentos de hadas; su esposo, casi siempre deportista exitoso, es millonario, súper churro, amoroso, detallista y, para colmo de males, divertido; sus hijos, no sólo podrían ser parte del catálogo de Gap sino que desde ya se los están peleando en Harvard y Oxford para que estudien allí; y ella, aunque bien podría vivir de su marido, es el triple de exitosa. De este espécimen hay 10 en el mundo, y si usted no mide 1,80, no es un ángel de Victoria Secret o no es Gisele Bundchen, por más que lo haga bien es una heroína, pero jamás la mujer maravilla. La reconocerás porque mientras la miras de reojo en tu cabeza dirás “mmm yo le haría”. 

  1. Mamá Problema.

Es la queja hecha persona. Cuando estaba embarazada le molestaba hasta respirar y rezaba para que el bebé no se amañara en la barriga hasta las 40 semanas. Como dice la canción: malo si sí, malo si no. El mundo entero está condenado a oírle día y noche que el tiempo no le alcanza, que el niño la cansa demasiado, que la empleada no sirve para nada y que los días siendo mamá son muy largos. Ha cambiado de pediatra más de 3 veces y ahora que encontró al perfecto, lo tiene aburrido con tanta llamadera. Ha pedido cita en todos los colegios de la ciudad y su hijo ya ha pasado por 3 en menos de un año. Suele pasar que su bebé es el más juicioso y el más simpático pero ella siempre va a encontrar algo de que quejarse. Es ese tipo de persona que siempre se está quejando del dolor de espalda y a la que el mundo le huele un poco mal. Si la invitan a algún lado consulta el estado del tiempo, vías de acceso, el tráfico, empaca una pañalera como para ir al Amazonas pero termina quedándose en casa para no interrumpir la siesta del bebé. La reconocerás porque siempre menospreciará tu cansancio y siempre creerá que tu vida es más fácil. 

  1. Mamá Despistada.

No sabemos como ha sobrevivido un bebé bajo sus cuidados. Cree ciegamente que el pañal va a durar las 12 horas que promete el comercial, nunca se acuerda a que horas hay que darle el antibiótico y su particular manera de alzar al bebé nos recuerda que los niños pequeños son de caucho. Sospechamos que los golpes que se ha dado el bebé han sido bajo sus cuidados y en su pañalera siempre falta algo, casualmente el pañal. Es esa mamá que olvida todo. Olvida que el lunes es feriado y aún así alista a los niños para ir al colegio, olvida que tenía que mandar disfrazado al chiqui al jardín y haciéndole tres huecos a una bolsa negra improvisa un disfraz de basura. Puede haber estado todo el día con el niño y solo hasta que una amiga le dice que el pobrecito está muy colorado se da cuenta que tiene fiebre. Suele pasarle que al llegar al supermercado se acuerda que ha dejado algo en el carro: el bebé. Y es esa mamá que tiene un carné de vacunación por cada vez que lo ha llevado a vacunar. La reconocerás por su cara de asombro al preguntar en el shower de otra amiga “¿eso era para eso?”

Seguro ya identificaste a tus amigas pero todavía no sabes cuál eres tú. Seguramente eres como yo: una mamá collage. De esas que tenemos de todo un poquito y que, casi podríamos describirnos como los horóscopos: soy Despistada pero con ascendente Problema, aunque dependiendo del mes del año me vuelvo Biodegradable, algunos días muy duros me convierto en Pantalla y, depende con los ojos que me mire, a ratos soy Maravilla. Yo, por ejemplo, después de visitar mi amiga Biodegradable, durante una semana hago que mi familia solo coma ensalada de quinua y galletas de arroz soplado. Cuando veo a mi amiga Pantalla, siento que todo lo estoy haciendo mal, que soy muy suave con Lolo y que por eso se va a quedar solterón y por un día trato de implementar en mi casa el régimen del terror. Cuando veo a mi amiga Maravilla (la verdad no tengo amigas maravilla, pero las sigo en Instagram), prometo una y otra vez sacar tiempito para hacer ejercicio y no volver a subir fotos en las que no estoy maquillada. He sido mil veces la mamá problema que cuando llega mi 10% lo hago pensar en pedirme el divorcio, contratar 3 nanas u hospitalizarme en un psiquiátrico después de mi decálogo de quejas. Y por supuesto, como mamá primeriza he tenido mis descaches y me da cierto fresquito saber que no soy la única que se ha bajado del carro y ha dejado adentro las llaves y el bebé. O sí?

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Razones para irse de paseo sin hijos hay muchas y sin lugar a dudas, razones para viajar con ellos más. Aún así, de tanto en tanto, yo diría que debido al instinto de supervivencia, nos invade la idea de viajar solos. ¿Qué tan beneficioso es para nosotras (y nuestro 10%) darnos estas escapaditas? ¿Qué tan traumático y perjudicial es para nuestros chiquis?
No sé. No soy ni psicóloga, ni pediatra ni pitonisa. Lolo no ha cumplido dos años y yo ya me he escapado dos veces. Habrá quienes digan que soy una madre desnaturalizada. No faltará quien asegure que por esto ya le generé traumas de abandono, confianza y dependencia. Otros estarán de acuerdo conmigo en que un par de días libres de paternidad y maternidad son necesarios al menos una vez al año.

Tengo dos amigas que este semestre van a hacer su primer viaje sin hijos y desde que tomaron la decisión me llaman a diario a preguntar como fui capaz. Después de entender que no me están haciendo un reproche sino que me están lanzando un genuino grito de ayuda, me senté a pensar seriamente ¡¿cómo fui capaz!?
Y la verdad no lo sé. Se me ocurren dos consejos inmediatos. Primero, responsabilice a alguien más de comprar los tiquetes. En mi caso mi 10% es el encargado de organizar fechas, tiquetes e itinerarios, si esta labor quedara en mis manos claramente nuestro primer viaje sin Lolo sería para celebrar nuestras bodas de oro. Y, segundo, deje al bebé con sus personas favoritas; las suyas y las de él. En mi caso, sólo estoy tranquila si se queda con mis papás, en parte porque sé como son sus cuidados y ellos conocen los míos, y en gran parte porque Lolo enloquece de amor apenas los ve.

Una cosa es cierta, el mes inmediatamente anterior al viaje un nudo se va a posar de manera permanentemente en su garganta y un par de lágrimas caerán por sus mejillas cada vez que piense en el momento de la despedida. Se va a sentir mala madre, irresponsable y a parte de todo conchuda, lo que hará que no sea capaz de pedir una ayuda extra para poder ir a hacerse un pedicure decente antes del viaje. Las mamás nos reconocemos unas a otras por la ausencia o por el precario estado de nuestro manicure.

Llega el gran día y, contrario a todos los pronósticos, somos capaces de salir de casa dejando lo que más amamos en el mundo. Qué contradicción! Se acerca el descanso que tanto decíamos que nos merecíamos y no podemos dejar de sentirnos culpables. Y para colmo de males todas las expectativas que teníamos del viaje empiezan a chocar con la realidad.

Expectativa #1. Vamos a dormir todo lo que no hemos podido y un día nos pegamos una rumba de locos.
Jua.
Realidad. Uno sigue con el horario de casa pegado en el inconsciente, es normal abrir el ojo incluso antes de lo acostumbrado. Y de sólo pensar que puedes perder un día de descanso lidiando con un guayabo infernal, terminas de plan zanahorio, por cierto delicioso, y yéndote a dormir mucho antes de lo planeado sin entender cómo has podido funcionar estos meses con la cantidad de cansancio que tenías acumulado.

Expectativa #2. Vamos a desconectarnos del mundo.
Jua, jua.
Realidad. Esta vez más que nunca le sacaras leche a tu plan de datos para saber a que hora se levantó tu bebé, si comió, si jugó, si está contento, si lloró. Mi consejo: pide que te manden fotos y habla con la persona que te lo está cuidando pero ni de riesgos pidas verlo en tiempo real. Tan pronto tu lo veas querrás teletransportarte, mientras que él, con un desespero en crescendo, tratará de entender por qué no puede agarrar a su mamá. Si todo iba bien sin ti, que seguro va bien, habrás ocasionado un desastre. Y darás pie a la temida frase de “el niño estaba bien hasta que vio a la mamá”

Expectativa #3. Vamos a desentendernos del tema bebé y seremos felices
Jua, jua, jua.
Realidad. Por una extraña coincidencia o por obra de un destino envidioso y macabro siempre vas a tener una pareja al lado viajando con sus hijos. En el avión, en el restaurante, en la piscina habrá una familia feliz que te embuchará de culpa. Pensarás “yo me lo hubiera podido traer” y llorarás porque siempre habrá un niño que te recuerda al tuyo. Sufrirás si lo ves reír porque es una risa que te recuerda que te estás perdiendo la del tuyo y sufrirás si lo ves llorar porque te preguntarás si al tuyo lo están consolando.

Expectativa #4. Vamos a viajar sin angustia. ¡Que felicidad no estresarse en un aeropuerto!
Jua, jua, jua y jua
Realidad. Nos damos cuenta que los aeropuertos son babyfriendly. Qué desilusión volver a hacer una fila de inmigración después de sentirnos casi diplomáticos sobrepasando al resto de mortales empujando nuestro coche. Ya no hay azafata que te sonría porque tu bebé le parece la cosa más divina del mundo y la fila para conseguir un taxi no avanza gracias a que aparece gente con bebé a la que le dan prioridad.

Expectativa #5. Esto le va a servir al bebé para ganar independencia.
Juaaaaaaaaa!!!!
Realidad. Sí, mientras tu no estás. Cuando se reencuentren, te mirara con algo de duda (segundos que te harán sentir la peor mamá del mundo) y cuando confirme que no es un engaño se abalanzará sobre ti y no te soltará por 3 semanas o más, a riesgo de que te le vuelvas a perder, no querrá que te le despegues medio centímetro. Lo bueno es que vas a llegar con energía renovada y recargada para lidiar con estos consentimientos y volver a acumular cansancio hasta la próxima escapadita.

Una cosa si sé, a pesar del panorama tenebroso que te acabo de describir, vale la pena escaparse y no dejarse amedrentar por el miedo o la culpa. Son unos pocos días para ti que llevas meses viviendo para otros. Días que estarán llenos de charlas largas y sin afanes, de arrunches sin límite de tiempo, de silencios necesarios, de un regreso a la realidad revitalizado y un reencuentro lleno de emoción inexplicable.

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No hay nada más angustiante, nada más triste, nada más aburridor y nada más desgastante que ver al hijo de uno enfermo. Me parte el alma verle sus ojitos enfermos y no poder hacer nada más que seguir las instrucciones del médico y aumentar los niveles de consentimiento (que ya de por si yo me los puse bastante altos). Siempre que lo veo indefenso, sin poder siquiera decirme donde le duele me gustaría tener el súper poder de quitarle todos sus males así me tocara aguantármelos a mi.

La evidencia indica que todas tenemos ese súper poder, pero mal diseñado. Una vez empezamos a ver signos de recuperación en nuestro bebé, ese preciso instante en que sentimos que estamos a punto de coronar y volver a ver la luz del sol, el virus, obviamente mutado en uno más fuerte, pasa a nosotras. Bravo! Hemos logrado sentir lo que sentía nuestro pequeño y ahora no hay quien cuide de nosotras.
Lolo acaba de superar un virus que nos tuvo encerrados 5 días. 5 días inventándome planes y actividades divertidas para hacer en casa. 5 días lavándole la cola en el lavamanos porque la cosa estaba tan aguada que no había bolsa de pañitos que aguantara. 5 días llamando a la droguería por otro tarrito de crema antipañalitis. 5 días lavando el extractor de jugos (tarea nada fácil) cada 2 horas para hacerle jugo de manzana natural. 5 días tomándome el jugo de manzana natural que Lolo rechazaba. 5 días corriendo con una cuchara de pedialyte y una galleta de soda detrás de Lolo. Y por supuesto 5 noches desvelada cuidando que no volvieran las temidas altas temperaturas y limpiando sábanas.
Hoy, 5 días después, Lolo corre feliz, salta, grita, pide calle. Anda tan alborotado que, supongo, es su manera de recuperar el tiempo perdido durante sus días de convalecencia. Yo, por el contrario no quiero y si pudiera no me pararía de la cama. Pero soy mamá, una que no tiene niñera, ni suegra ni mamá cerca (lo que a veces resulta bastante saludable y el resto de tiempo bastante traumático) así que la incapacidad que me ha dado el doctor es tan obsoleta en esta casa como la elíptica que una vez juré usar todos los días. No tengo opción, hago un esfuerzo sobrehumano por seguirle el ritmo a Lolo y al dinosaurio rosado que no para de saltar detrás de él y que al parecer es tan solo una consecuencia de la fiebre que tengo. Dónde carajos está mi 10% cuando más lo necesito?
Como es de suponer a mi 10% también se le ha pegado el dichoso virus, pero como él es hombre está realmente débil, desahuciado y achacoso; si fuéramos católicos ya me habría hecho llamar al obispo para aquello de los santos óleos. Comparamos los síntomas y comprobamos que tenemos exactamente lo mismo, aunque mi 10% insiste en asegurar que lo de él es mucho más grave porque sino podría pararse a echarme una mano con Lolo. Nada que hacer, hay una falla (en realidad varias, que valdrá la pena ponerlas en un futuro post) de diseño en todo esto de la maternidad y mientras identifico a quién hacerle el reclamo no tengo de otra que cuidar de Lolo, cuidar de mi 10% y eventualmente, si me queda algo de tiempo, cuidarme a mi. Ser mamá significa no tener derecho a enfermarse para poder seguir velando por todos. El problema es que en efecto nos enfermamos, nos cansamos, nos quejamos pero sea como sea tenemos que seguir funcionando. 

Si la madre naturaleza fuera realmente madre, las mamás seríamos inmunes a cualquier tipo de enfermedad al menos durante los primeros 5 años de vida de nuestro bebé. Pero…qué estoy diciendo? Debe ser la fiebre hablando por mi, corrijo: si la madre naturaleza no sólo fuera madre sino además tan sabia como dicen, las mamás estaríamos blindadas de por vida a cualquier virus, enfermedad o accidente. Si el universo tuviera alguna lógica nos mantendría a las mamás a salvo para poder seguir cuidando de todos. No sé que efecto tienen mis abrazos en Lolo pero logran calmarle cualquier malestar, cualquier miedo y cualquier congoja. Es el mismo efecto que tiene sobre mi las arrunchadas con mi mamá. Y así como quisiera poder estar siempre ahí lista para darle a Lolo el abrazo que necesita también quisiera que mi mamá siempre estuviera aquí cerquita para darme el mío.

Insisto, toda mamá debería ser inmune y, por ahí derechito, eterna.

NOTA: Si después de leer este artículo, no sabes a que me refiero con “Mi 10%”, haz click aquí.

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Enferma Final BLOG

Como mamás y como primerizas cometemos toda clase de errores. 

No darle al bebé su dosis diaria de sol, abrigarlo en exceso, salir corriendo a urgencias cada vez que tose, o porque come de más o come de menos son de los errores más comunes. Yo los he cometido todos, sobretodo estos 5 que además de comunes son bobos, pero terminan complicándole y amargándole a uno la existencia. Si usted está a tiempo aprenda y evítelos.

  • Decirle al mundo “dejé las pastillas voy a encargar”

Quiere usted perder su tranquilidad? Quiere usted ser bombardeada con mil quinientas preguntas a las que no les tiene respuesta? Quiere usted ser el tema de conversación en la fiesta donde no está? Quiere usted que la miren con cara de pesar? Entonces simplemente dígale a sus familiares y amigos que decidió tener bebé. Éste es el error número uno. Resulta que no todas quedamos embarazadas con la misma rapidez y mientras eso ocurre cada vez que la vean le van a preguntar como va la cosa. Póngase a la tarea pero, como diría mi abuela, coma callada. Se hará un favor a usted y de paso un gran favor al mundo que no se sentirá incómodo si la cosa después de meses no le ha cuajado.

  1. Subir a las redes sociales las ecografías.

No hay lágrimas de felicidad más reales y más lindas que las que nos invaden cuando oímos por primera vez el corazón de nuestro bebé. Esa primera ecografía es de las cosas más perfectas que he visto en mi vida. Cuando tuve la de Lolo en mis manos no paré de mirarla por 5 días seguidos, la besaba, la apretaba contra mi pecho y hasta le hablaba. Me sentía embriagada de felicidad y quería que el mundo entero se contagiara. Pero me contuve porque esa foto en blanco y negro que se había vuelto mi vida entera, para el resto del mundo era una mancha desenfocada, pixelada y confusa en la que cualquiera puede ver lo que quiere ver. De hecho me cuesta encontrar otra diferencia entre las ecografías que no sea el valor que tienen para los padres. Así que mándele la foto en privado a sus familiares y libere de la presión al resto de gente que solo va a ver un blur y se va a sentir obligado a comentar: que lindo.

  1. Cantar victoria.

Han visto esos vídeos de atletismo donde el que ha liderado toda la carrera es superado por escasos centímetros y segundos antes de llegar a la meta? Tal cual pasa cada vez que abrimos nuestra boca y decimos que nuestro bebé ya pasa la noche derecho o que nuestro bebé ya dejó el pañal. Es sólo que cantemos victoria y nos sintamos los mejores papás del mundo para que segundos después nuestro bebé, parece que lo hiciera de aposta, nos demuestre lo equivocados que estamos y lo ilusos que fuimos al creer que lo habíamos logrado. No importa si su bebé lleva 3 meses durmiendo derecho en su cuna el día que usted le dice al mundo que lo hace ésa noche se despertará 3 veces, pedirá tetero y se calmará únicamente si usted lo arrulla. Cabe anotar que usualmente los peores episodios ocurren con la visita a la que se le ha alardeado lo maravilloso que es el hijo de uno. Nunca cantemos victoria que nos esperan años y años para que los hijos encuentren el momento perfecto para hacernos quedar mal.

  1. Pedir consejos

Todos tienen una historia que contar, un remedio que recomendar, una manera de criar, un colegio, un método, un libro así como mil criticas de tu manera de hacerlo. No preguntes sino estás dispuesta a aceptar que todo lo has hecho mal. Si le preguntas a tu amiga hippie vas a terminar botando la mitad de alimentos de tu nevera, comprando pañales ecológicos y comiéndote tu placenta. Si le preguntas a tu abuela vas a terminar curándole el hipo con un algodón pegado en la frente y comiendo sancocho de gallina los 40 días de dieta. Si le preguntas a una partera no vas a dejar que otra mujer alce a tu bebé porque si tiene el periodo corres el riesgo de que le de pujo. Si le preguntas a tu amigo que estudió 5 semestres de medicina vas a pasar todo un día pidiendo cita con un especialista porque ese lunarcito que se ve con lupa parece peligroso.

  1. Creer que la vida es como un comercial y que necesitamos todo lo que ahí vemos.

Y no solamente porque nunca estaremos tan bien peinadas, tan bien vestidas, tan sonrientes, tan sin ojeras, tan perfectas como esas mamás de comercial que ni deben ser mamás. Sino porque, la verdad sea dicha, ninguno de esos productos funcionan tan bien como se promocionan. Ese jabón cuya promesa es abducir el sueño y darle al bebé, y a los papás, noches de paz no es tan efectivo. Esos dispositivos plásticos para las esquinas de la mesa que compramos por culpa de nuestra paranoia hasta el momento para lo único que me han servido es para que Lolo juegue a pegarlos y chuparlos mientras almorzamos. Esa prueba casera que te asegura a los pocos meses de gestación descubrir el sexo del bebé es la mejor mentira de la historia y, debo confesar, a mi me atinó con la respuesta.

Sigamos nuestro instinto que no podemos estar tan equivocadas. Y si lo estamos pues tampoco es tan grave. Mi mamá seguramente tuvo la mitad de precauciones conmigo y a la larga (depende a quien le pregunte) yo no salí tan defectuosa.

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Por muy buen papá que usted sea, el 90% de la paternidad recae sobre nosotras las mamás…

Sin un discurso ultra feminista, usando brasier, afeitándonos las piernas, sin salir a marchar, sin despreciar al género masculino y sin quererlo destruir, las mamás hemos logrado darle la vuelta a uno de esos aspectos que hasta hace 50 años, parecía imposible: el rol de los hombres en el hogar. Nuestros abuelos no hacían lo que hicieron nuestros papás y nuestros papás no se acercan a lo que hoy hacen nuestros esposos.

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 10.01.40 p.m.

Los papás de hoy reivindican su paternidad siendo más maternales. Nos acompañan al ginecólogo y al pediatra, cambian pañales, hacen teteros, llegan temprano, tienen licencia de paternidad, limpian vómitos, se levantan a media noche y si por mi fuera hasta darían teta. Muchos creerán que este cambio ha significado un repartición de cargas entre papás y mamás llegando a un equilibrado 50-50. Pero después de una larga y consciente reflexión ante el espejo, he llegado a la conclusión que por muy buen papá que usted sea, su ayuda representa el 10 por ciento dejando el 90 restante sobre nuestros hombros o, para ser más exacta, sobre nuestras caderas. Es mi teoría, a la que llamaremos “La teoría del 10%” basada en ningún estudio científico y comprobada únicamente por un caso de éxito: el mío. Antes de lanzarme tomates o darme unfollow (para que vean que soy una mamá vanguardista) déjenme explicar la teoría del 10% ya que tengo el extraño presentimiento que también aplica para usted:

Tenemos un gran 100% que representa nuestro universo como padres de familia. 50% de mamá 50 % de papá … hasta que analizamos nuestras variables.

Un espermatozoide fecunda un óvulo. El espermatozoide es de ellos, el óvulo nuestro. Perfecto! Se mantiene el equilibrio:

50 50

El óvulo está en un ovario, el ovario está en una trompa de Falopio, la trompa está en… para no hacer esto más largo resumo: todo esto está en nuestra barriga. Por cuestiones de diseño y biología quedamos:

48 52

Durante los primeros tres meses de embarazo ellos siguen su vida normal mientras nosotras sufrimos mareos, náuseas, vómito, acidez, ganas incontrolables de orinar a toda hora, cansancio y sueño excesivo. Molestias que nos dejan en un:

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 8.55.07 p.m.

El resto del embarazo nosotras sufrimos estreñimiento, incontinencia urinaria, hinchazón de pies y tobillos, dolor de espalda, calambres, estrías, manchas, kilos de más y por si fuera poco nos volvemos unas maquinitas expendedoras de gases del tracto digestivo. Ellos claramente nos ganan en eso de ser maquinitas expendedoras pero para ellos no es una molestia sino una diversión, teniendo en cuenta los otros síntomas el porcentaje de ellos sigue a la baja:

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 8.55.43 p.m.

Eso si, no es que estos primeros meses todo sea paz y amor para ellos. Ya que les corresponde calmarnos los antojos, soportar estoicamente nuestros cambios de ánimo y aprender a manejar el alboroto de nuestras hormonas. Aceptemos que no somos nada fáciles y cedamos un poco:

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 8.56.12 p.m.

Llega el parto. Ni siquiera voy a desgastarme hablando de esto, con una pequeña lista de palabras creo que pueden hacerse una idea: contracción, pujar, placenta, tapón mucoso, cordón umbilical, tacto vaginal, episiotomía, membranas, dilatación, desgarro, epidural, expulsión, cavidad, pañal de maternidad. Lo más coherente es que quedamos en un:

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 8.56.39 p.m.

Después aparece nuestra amiga la lactancia que por bien que nos trate nos arranca miles de lágrimas y a algunas hasta un poquito de piel. En honor a nuestras pochecas, que no vuelven a ser las mismas, acordemos un:

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Vale aclarar que cuando les preguntamos si estamos gordas, si allá abajo la cosa se siente diferente o que si nuestro cuerpo era mejor antes, nos mienten cariñosamente y nos llenan de autoconfianza. Gracias, así que tomen este abono:

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Comienza la crianza que hace ver todo lo anterior como un paseo y ellos siguen ahí siendo la mano dura cuando la necesitamos y reemplazándonos cuando la paciencia comienza a flaquear. Les doy varios puntos extra porque bien podrían hacerse los desentendidos y no lo hacen.

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Nosotras nos acostumbramos, por no decir resignamos, a ir al baño en 2 minutos con la puerta abierta mientras tratamos de que el bebé, que siempre nos acompaña, no haga estragos debido a su obsesión con el papel higiénico. Ellos fingen estreñimiento, cada entrada al baño no es de menos de 20 minutos y su única compañía es el celular. Odio resaltar lo obvio pero nosotras volvemos a ganar:

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Ellos nunca saben donde están guardadas las cosas, pueden dormir más que nosotras pero siempre aseguran estar más cansados, no pueden hacer dos cosas al mismo tiempo y si fueran ellos los que quedaran embarazados se agotarían las existencias de anestesia en el mundo, la licencia de maternidad duraría 3 años y le seguirían otros 2 de incapacidad por traumatismo. Ahora nos quedan debiendo:

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Les perdono un poco su deuda y les dejó un -20% porque por el hecho de ayudarnos tienen que aguantar (no se como lo hacen) que les digamos una y otra vez que como ellos hacen las cosas no es, además deben soportar nuestras órdenes y recriminaciones disfrazadas de consejos amorosos: “no mi amor es mejor que le pongas el pañal como yo se lo pongo, de razón que ayer amaneció con la pijama mojada”, “corazón ya te he dicho que es mejor si alzas al bebé como yo lo hago”, “mi vida que no revuelvas el tetero así, cuantas veces te lo tengo que decir?, yo ya lo hubiera hecho y con una sola mano”.

Una cosa si es innegable ser papás les eleva el sex appeal, nada despierta más suspiros que verlos cargar un bebé. Una mujer con un bebe en brazos por la calle nos da pesar. Un hombre con un bebé en brazos nos hace envidiar a la esposa, querer ser madres 10 veces y tratamos de coquetearle diciendo un: tan divino!!!!! La paternidad los vuelve tan increíblemente sexys y a la vez tan tiernos que el único capaz de igualarles podría ser el gato con botas de Shrek. Esta batalla si la tenemos perdida…recuperan lo que deben y se ganan un 10, he ahí el famoso 10%

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Un 10% nada despreciable porque se siente como un 80%. Sin ese 10 nuestra existencia sería muy miserable. No cabe duda que con ese porcentaje nos hacen la vida mucho más fácil, feliz y divertida; y aunque la mitad de las veces los queremos ahorcar, el hecho de no tenerlos al lado sería el pasaporte directo a un hospital psiquiátrico.

Si después de analizar los datos usted es de las afortunadas que puede incluir a su esposo en la muestra, vaya bese, apapache y dele una noche libre a su 10%. No se le olvide que por más que amé a su bebé primero está su marido. En mi casa Lolo, por más increíble que sea, no desbanca del trono a Nuwo, finalmente es con él, con mi 10% , con el que voy a compartir el resto de vida. Además a mi 10% no va a empezar a darle pena abrazarme en público, no se va a conseguir una novia y le va a seguir pareciendo parchado viajar conmigo…. espero!.

Si usted es de las verracas que únicamente tuvo el 2% del espermatozoide, es mi ídolo y me le quito el sombrero porque a falta de ese 10% usted se merece un 200%.

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December: Month that intoxicates us in happiness, love to the world and good desires. It’s the perfect month to share with your family. The novenas, candle night, Christmas Eve, fool’s day, new year’s eve, the magi… a thousand and one excuses to have incredible moments with them. The hangover comes in January when we realize that the excess of family, just as the one with food, has its contraindications. Overcoming family vacations without at least a squabble is a complete challenge and requires a lot of patience, tolerance and love (now I understand why these words always go in Christmas slogans).




If someone has returned from holidays without feeling the desire for at least one second of choking a family member, as nice as he is, he must be an orphan, be pending on being sanctified, or as in most cases, be a man. It’s not a secret that we women complicate things a lot more, especially when we are moms.

My advice to not mess up future vacations or start counterpointing a family member, which will later bring regret, is to prepare the best answer to give against adversities. By adversities I mean a series of unfortunate comments that didn’t had the opportunity to have a trip through the brain before getting to the mouth and that once you are a mom there will always be someone who will make it. For the one who makes them they might be inconsequential and fun, but for us they wake up the Charles Manson that we have inside.

  1. “Today you girls are weak. I don’t understand why you complain. For me it was hard, with four babies in a row, without a babysitter, with cloth diapers and a husband like the ones in those days that didn’t help at all.”

Answer that you would like to give: What a misery that you had to live in that era. I suppose that, besides disposable diapers, safe contraconception methods were not invented yet, because who the hell would want 4 children in 5 years. Actually, how did you get pregnant with a husband that wasn’t at home? I understand your problems but I would also be consumed.

Answer that you should give: Smile and send them to Coventry.

  1. “I would’ve already slapped that kid; he won’t whine like that to me.”

Answer that you would like to give: If you had children (because paradoxically this phrase is always given by people without children) that if in the middle of the whining I get equally or more violent than him, the thing will get worse to the point of triggering World War III. By being condescending I’m trying for you to have a nice moment and carry out things the good way. In the tranquility and intimacy of our house I’ll see how to fix it.

Answer that you should give: Smile and send them to Coventry.

  1. “Are you gonna sleep now? Don’t be so boring!”

Answer that you would like to give: You find it boring that I spent all the day at the pool, not laid down tanning like you did, but playing shark, drowned and jellyfish (introduce your face in the water and make bubbles until you can’t have one more broken vessel). You find it boring that I had to go to the pool again while you were napping before lunch? I think I should rest because you aren’t going to help me take care of him and you are only going to carry him 5 seconds for the pic you’re going to take.

Answer that you should give: Smile and send them to Coventry

  1. “Lolo is spoiled and apathetic, you should see Faustina’s grandson how sympathetic he is with everybody.”

Answer that you would like to give: If you visited him more often maybe you wouldn’t be such a stranger to him. If you knew him a little bit more you would know that he doesn’t like to be forced to be hugged, that it hurts him when they squish his cheeks and that he gets scared when you scream at him, even if it’s that tong twister that you think it’s funny. Maybe that’s why he runs away frightened all the time. Lolo isn’t apathetic, he is selective. Ah and I don’t care about Faustina’s grandson.

Answer that you should give: Smile and send them to Coventry.

  1. “The kid was fine until his mom arrived”

Answer that you would like to give: What the f… hell are you trying to say? I’m not even going to try to elaborate an answer, come here and receive your slap.

Answer that you should give: Smile, send them to Coventry and go for a drink.

If the drink doesn’t help think that everything can always be worse, I know some that came up with this jewel: “I don’t know who that kid looks like, because that person is not from this side of the family.”

And if you felt identified, alluded or attacked with at least one of these phrases, just smile and send me to Coventry. To be a happy mom sometimes that’s all you need.

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Sabemos que no soy la mamá perfecta, entonces: quién me dijo a mi que podía ponerme a dar lecciones sobre como ser una buena mamá? De donde vengo yo a decir porque sí y porque no se deben tener hijos? Con que derecho vengo yo a dármelas de la super mamá?

Días después, en realidad segundos, de haber publicado mi primera entrada al blog, al releerla la odié y me odie infinitamente. Odié verme como esa persona que cree estar convencida de cómo deben hacerse las cosas cuando la verdad es que la mayoría de veces no tengo ni idea de lo que estoy haciendo. No la tengo. Como seguramente tampoco la tienen otras mamás.

Yo, mamá primeriza, inexperta, acaparadora, malcriadora y, aunque no se lo acepte a mi marido, muchas veces neurótica, tuve el descaro de pensar que la tenía completamente clara como para escribir sobre el tema.

Yo, la misma mamá que a pesar de lo intensa una mañana por hacer 5 minutos más de pereza ignorando los intentos de Lorenzo por llamar mi atención, parpadee medio segundo, quiero creer que no fue más, y sólo fui capaz de despertar con el golpe de Lorenzo contra el suelo. No tuvo que quedarle una cicatriz estilo Harry Potter para que yo me sintiera como una piltrafa durante una semana cada vez que le veía la frente.

Yo, la misma mamá que me las doy de dogmática y psicorrígida más de una noche me he llevado a Lorenzo a dormir entre mi esposo y yo justificando que a veces uno necesita descansar y volver a experimentar lo que es dormir 7 horas seguidas cuando la verdad es que es absolutamente delicioso despertar con una mini mano babeada que trata de abrirte los ojos.

Yo, la misma mamá que me jacto de ser cero exagerada he pasado toda una noche en urgencias esperando que le hagan toda clase de exámenes a Lorenzo porque andaba paniquiada con un poquito de reflujo. Y por culpa de Dr. House he vuelto a mi casa sintiéndome humillada por la cara complaciente de los doctores que en verdad quieren gritarme “primeriza!! por qué nos haces perder el tiempo??” y con una formula médica recetando goticas de valeriana… para mi.

Y es que hasta ahora me entero que ser mamá no es sabérselas todas. Siempre nos dijeron que los bebés no venían con manual de instrucciones pero no mencionaron que el de ser mamá ni siquiera está escrito. La mayoría de veces no sabemos lo que tenemos que hacer, tan sólo esperamos que lo que estemos haciendo lo estemos haciendo bien. Pues la verdad es que no hay mamás perfectas pero tenemos convencidos a medio mundo de que lo somos. O al menos la mía ha hecho tan bien su trabajo que no creo que haya una mejor.

Podemos no ser perfectas pero nos damos el lujo de acercarnos por momentos porque también es cierto que por cada golpe que Lorenzo se ha dado lo he salvado de 50. Por cada gripa que no se ha vuelto una pulmonía he inventado las mil maneras de darle dolex, limpiarle la nariz con suero y una jeringa o tomarle la temperatura sin que los vecinos crean que lo estoy torturando. Por cada noche en la que he promovido su indisciplina llevándomelo a la cama he pasado otras 30 al lado de su cuna cantándole con mi voz de tarro canciones inventadas y explicándole con argumentos, que está lejos de entender,  por qué debe dormir en su cuarto. Por cada vez que me he quejado porque no me deja hacer nada hay 10.000 veces más que se me ha inflado el ego e hinchado el corazón porque sólo quiere estar conmigo. Y porque gracias a su alto grado de mamitis he perfeccionado el arte de estar lista en 5 minutos y aún así verme regia.

Así las cosas, estoy dispuesta a seguir equivocándome. Me estoy preparando por ejemplo para ser la mejor mentirosa de la historia con tal de que mi versión de Papá Noel y el ratón Pérez sean lo suficientemente verídicas y divertidas. Aprenderé a fingir que no me importa cuando me ruegue con lágrimas en los ojos que no lo deje en el jardín. Estoy practicando mis métodos uribistas para cuando tenga que expiarle su historial en el computador. Y por supuesto estoy practicando mi cara de querida cuando me presente esas flacuchentas sin gracia que se conseguirá de novias.

Porque así con todas mis metidas de pata, mis errores, mis rabietas, mis mentiras y mis regaños solamente espero poder ser la mejor mamá para Lorenzo.

Captura de pantalla 2015-01-06 a las 11.09.15 p.m.

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