Cuando pensamos en hacerle un homenaje a las mamás siempre pensamos en las cosas altruistas que somos capaces de hacer una vez tenemos hijos. Crear vida, sacrificar una carrera profesional, decir que no queremos ese pedazo de pastel sólo porque vemos una carita que ya le puso el ojo, trabajar las 24 horas… la lista puede ser larga y todas nos la sabemos de memoria. Yo agradezco que muchos reconozcan que nuestra labor es fundamental, valiosa y difícil de reemplazar. Pero hay otro tipo de nimiedades imperceptibles y dadas por sentado que hacemos día a día por las que no recibimos crédito alguno y que merecen ser mencionadas a fin de que cuando alguien se cruce con nosotras en vez de criticarnos nos elogie o al menos nos entienda.

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  1. Estar arreglada.

Recuerdo casi con nostalgia aquellas hermosas pérdidas de tiempo en la mañana midiéndome las 18 pintas posibles para salir a la calle, recuerdo vagamente como podía poner mi playlist favorito y en medio de cantos desafinados con cepillo en mano iba haciéndome un blower perfecto, añoro cuando mantenía mis uñas pintadas con el color de moda y tengo algunos flashes de tiempos memorables donde me maquillaba sin afanes. Salir regia a la calle era toda una rutina de no menos de una hora y hoy, con todo el tema de ser mamá, esta rutina sufrió un severo recorte justo y cuando más lo necesitábamos, porque la maternidad y el embarazo por bien llevados que sean, nos golpean fuertemente. Y sí, una vez nos volvemos mamás estamos más cansadas, más ojerosas, más flácidas y más calvas pero esto no puede traducirse en una renuncia a lo más divertido de ser mujeres. Nadie dijo que iba a ser fácil pero convertirnos en las exponentes por excelencia de la tibieza no es una opción. Como bien dicen por ahí, primero muerta que sencilla.

El arte ahora está en verte producida pero casual en menos de 20 minutos, la astucia está en que la primera pinta que escojas sea la ganadora y si no lo es, llevarla con estilo el resto de día, la destreza está en verte regia y a la moda con un despeluque genial desprovisto de plancha. Cuando vemos una mujer bien arreglada en la calle no podemos saber a ciencia cierta cuanto tiempo se demoró en lograr dicho resultado pero cuando vemos una mujer bien arreglada en la calle llevando un coche y un niño de la mano sabemos a ciencia cierta que fue poco y eso, al mejor estilo de los realities que piden hacer maravillas en tiempo record, amerita un reconocimiento. Reconozcámosle a todas las mamás del mundo el talento para verse lindas sin el tiempo y el descanso que tienen el resto de mujeres.

  1. Llegar puntual.

La puntualidad siempre ha sido una de mis exigencias y obviamente viviendo en un país como éste, también ha sido la razón de muchas de mis peleas. Ahora que soy mamá en vez de volverme un poco más flexible con el tema me he vuelto más paranoica. Llegar puntual en ésta ciudad, o en cualquier ciudad capital latinoamericana, es un arte, un estrés y un chiste, pero no un imposible. Las mujeres que somos mamás y llegamos puntuales nos merecemos más que un reconocimiento: un premio, un busto o en su defecto un bono ilimitado en una tienda de zapatos. Es hora de que todos reconozcan las maratones que corremos las mamás para llegar a tiempo a un lugar. La mejor manera que se me ocurre es que comiencen a ser puntuales, que les de vergüenza cuando no lo logren o al menos que escojan de manera muy delicada la excusa que van a dar cuando lleguen tarde porque siempre habrá una mamá oyéndola y retorciéndose de la ira. Si yo, que soy mamá, que tengo que bañarme, vestirme y arreglarme (para que me reconozcan el punto anterior) bañar, vestir, alimentar y mimar al bebé, escogerle la pinta al marido, alistar la pañalera, preparar snacks para el camino, empacar coche, alistar mi cartera, parar a mitad de camino a cambiar un pañal…etc., si yo puedo llegar a tiempo, usted que no tiene hijos, no solo puede sino debería hacerlo. Si este esfuerzo no me lo reconocen al menos reconozcan que llegar tarde no siempre es culpa de Petro sino de la pereza.

  1. Tener un matrimonio feliz.

Siempre hemos oído que mantener vivo el amor y no dejarse matar por la monotonía es una de las cosas más difíciles en una relación. Y si. Del enamoramiento desenfrenado del comienzo en el que un peo nos provocaba ternura o una carcajada va quedando solo un olorcito maluco que ya no nos parece tan divertido. Salir arreglada de la casa es un chiste comparado con mantener el amor igual o más bonito que el día uno. Y si la cosa nos parece complicada entre dos seres humanos súmele un tercero. Un hijo, con todas las cosas lindas que trae, también pone a ratos a tambalear eso que creíamos tan sólido. Nosotras estamos más irritables consecuencia clara de la falta de descanso y ellos…pues ellos también han trasnochado con nosotras y no están en sus mejores condiciones para aguantarnos. Aparecen peleas que no conocíamos pensando en la manera de como criar a los hijos y nuestras convicciones chocan entre si porque cada uno cree que es mejor hacer las cosas de una u otra manera. Nosotras enamoradas por completo del nuevo integrante familiar olvidamos a ratos que ya teníamos otro amor de la vida que no se puede descuidar. Ahora la labor es más desafiante y nada mejor que respirar las veces que sean necesarias para encontrar la claridad que nos haga apostarle al primer amor por encima de todo para que el segundo crezca en un hogar que valga la pena. Si mantener un matrimonio es una maratón mantener uno con hijos es una triatlón. Encontrar parejas bonitas en medio de un mundo que ya no cree en cuentos de hadas es fantástico pero encontrar parejas felices y enamoradas con hijos es realmente fenomenal. Y es algo tan difícil que el crédito hay que compartirlo con ese 10% que en este caso se vuele un 100.

  1. Hablar de temas de actualidad.

Si bien el tema que más dominamos es el de la maternidad, cuando encuentre una mamá con la que pueda sostener una conversación acerca del último revés de algún político, o comentar un libro que no sea 50 sombras de Grey, o debatir cualquier tema interesante de actualidad: Atesórela. Entre levantarnos a media noche a lidiar un llanto, madrugar a preparar un tetero, arreglarnos para llegar a tiempo, consentir al marido, ver un capítulo de La Casa de Mickey Mouse por veinteava vez, inventar un juego para que nos reciban el almuerzo, salir al parque, hacer mercado, llamar a la mamá, luchar para que en la noche por fin se queden dormidos, arreglar el desorden, etc., queda muy poco tiempo para ver un noticiero y muy poca energía para leer más de dos páginas de un libro o ver una película completa. Así que disculpe si algunas veces parecemos disco rayado con el tema de la crianza o si no estamos enteradas del último look de las Kardashians pero también denos el crédito cuando se siente a nuestro lado y podamos hablar de Carrie, la bipolar agente de la CIA y no de Callie, la gatita Sherrif de Lindo-rincón-amistoso. Eso si, consejo de mamá, húyale a la mujer sin hijos que anda como loca buscando boletas para el Pretelgate porque le dijeron que era el espectáculo de moda en Colombia.

  5.   Antojarse del segundo.

Si yo diseñara un concurso para premiar a las madres, habría un galardón especial dedicado a todas aquellas que después de haber pasado por un primer embarazo, un primer parto, un primer post-parto, una primera lactancia deciden libremente tener un segundo hijo e incluso un tercero. Nadie les reconoce su valentía, dedicación y locura. Quedar embarazada de tu primer hijo es como ir a Disney por primera vez, estás extasiado con todo lo que ves, no puedes creer semejante maravilla, quieres hacer absolutamente todo, es tu mejor experiencia pero al mismo tiempo descubres que las boletas para entrar son carísimas, las filas para cada atracción son mortales y el cansancio que te queda encima no te lo habías imaginado. Quedar embarazada de tu segundo hijo es volver a Disney, sabes que la experiencia va a ser increíble pero también sabes todo lo que te va a costar. Y si ésa osadía no merece un reconocimiento especial no se que más puede tenerlo. Dicen que los segundos hijos se crían solos pero con uno para mi ya es bastante difícil estar arreglada, llegar puntual, seguir felizmente casada, estar enterada de lo que pasa en el mundo o simplemente ir a cine, por eso todo mi reconocimiento a aquellas que deciden ser mamás una y otra vez teniendo plena conciencia de lo duro del trabajo… bueno y también toda mi envidia porque sus billeteras claramente están mucho más acolchadas que la mía.

Por último, les pido que si la próxima vez que nos veamos parezco recién levantada, nada me combina, el pelo me brilla de lo cochino, llego media hora tarde, ando de pelea con mi 10%, no se quién es Nicolás Gaviria y en vez de buscar el segundo bebé ando rifando el primero, abráceme porque estoy en uno de esos días Juemadre, dígame que me veo linda sin maquillaje, que ser puntual es para la clase media, que nadie sabe quién es Nicolás, ni Paloma, ni Frank Underwood y que mejor deje de joder porque la manera como me mira mi bebé y mi 10% es el mejor reconocimiento y la mejor razón para ser feliz.

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Embarazo: 40 semanas (en mi caso 38) en el que, aún no logro entender muy bien como, creamos vida en nuestra barriga. Periodo en el cual experimentamos cambios morfológicos indeseados, transformaciones físicas increíbles, algunos trastornos psicológicos tiernos otros desesperantes, alteraciones hormonales, incontables malestares emocionales, algunos daños patológicos y (sobretodo si eres mamá primeriza) un sin número de despilfarros monetarios comprando cosas inútiles para el bebé que está por nacer.
Quedar embarazada por primera vez es sinónimo de malgastar. No hay producto que veamos exhibido que no consideremos indispensable, práctico y necesario.
Esperando a mi primer hijo compré muchas cosas inútiles convencida de que me harían la vida más fácil. Hoy, lo único que se me ocurre hacer con ellas es una venta de garaje donde pueda embaucar a otras mamás primerizas, inocentes y entusiasmadas como yo. Si alguna está interesada, estos son algunos de mis artículos en venta:

Zapatos antes del año.

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Hay algo más divino que un par de zapatos diminutos imitando los modelos de adulto? Hoy en día hay mocacines, tenis, botas incluso sandalias que como prototipos hechos a escala son perfectos pero como accesorios útiles, indispensables y prácticos son un verdadero fracaso. No hay un modelo, por bonito que sea, que permanezca adherido al pie por más de 20 minutos, los que se quedan más de 20 son realmente difíciles de poner y corremos el riesgo de cortar el flujo sanguíneo del pie de nuestros pequeños. El zapato, si bien es un accesorio, su principal función es la de proteger al pie mientras se realizan actividades. Así que pongámonos serias: dormir, babear, llorar, dormir, estar alzado, comer, eructar, dormir, hacer poco, dormir, vomitar y dormir no son actividades que requieran el uso de un zapato, es más, son actividades que se disfrutan más en la comodidad y suavidad de unas medias. Que vivan las medias hasta que los bebés se aburran de gatear y que vivan los zapatos antes del año… pero colgados en el retrovisor del carro.

Protectores para bordes de mesa.

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Mi peor pesadilla era ver incrustada la esquina de la mesa del comedor en un ojo de Lolo o en sus cercanías, así que la mañana de un domingo me dediqué a volver mi casa un lugar seguro y habitable para un bebé. La promesa de venta de estas piezas de plástico, hay unas incluso acolchadas, es absorber el impacto previniendo lesiones graves por golpes o caídas. Traducción: las tenía que tener. Las busqué por internet, las pedí, las esperé impacientemente y más me demoré en pegarlas en su lugar que en ver a Lolo caminando tranquilamente con dos en la mano y otra en la boca. Mi hijo ha sobrevivido, como dirían los expertos en seguridad en un “ambiente hostil” lleno de bordes de mesas de vidrio. Proteger la casa con este tipo de artículos es a mi modo de ver uno de los mejores placebos de la historia. Yo, y de seguro muchas de ustedes, sobreviví en una casa donde los vasos eran de metal o tarros de mermelada reciclados, sin tapas para las tomas de corriente, con piezas de estralandía regadas por el suelo, con tres hermanos hombres rodando por las escaleras, yendo a la tienda por una botella de Coca-Cola en envase de vidrio para el almuerzo y, acá muchas enloquecerán, tomándomela!

Brasier para lactancia.

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No dudo que sean cómodos y hasta prácticos, pero existe algo más feo? Tras de que uno sale de la clínica sintiéndose realmente mal, no sólo por lo barrigona y fofa sino porque realmente en el parto recibes una paliza, no hay derecho tener que sumarle feura y falta de glamour al asunto. La primera vez que me lo puse me sentí usando el famoso brasier de conos de Madonna pero despojado de todo sex appeal o para ser más exactos, era una mala imitación del autoretrato de Frida Kahlo “columna rota”.

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La primera semana que Lorenzo se me pegaba a comer lloré mis ojos, hoy con esa prueba superada, estoy por creer que mis lágrimas no eran producto del dolor sino de la vergüenza de ver a mis pobres téticas metidas en semejante oprobio. Creo que solo lo usé una vez a riesgo de que mi 10% no me volviera a tocar un pelo. Y seamos sinceras cualquier top, y de esos si hay muchos y muy bonitos, sirve. Eso si, infaltables los protectores para no andar por ahí jugando a las camisetas mojadas.

Plato con chupa.

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Es verdad que el juego más divertido de los niños es tirar al suelo cualquier objeto que vean pagando sobre la mesa, por eso, este artículo nos parece el mejor invento después del bombillo eléctrico. Pero no lo es. Primero, fíjese que la superficie de su mesa sea lisa, preferiblemente de vidrio, de lo contrario nunca pegara y será un plato cualquiera. Segundo, si pega, el juego será despegarlo aplicando toda la fuerza del mundo dejando un lindo decorado de sopa de espinacas en el techo y en todos los comensales. Tercero, en el mejor de los casos, el niño meterá sus dos manos completas en la comida al menor descuido suyo y el plato estará tan bien pegado que estará fuera de su poder ponerlo a una distancia segura del bebé a tiempo.

En mi caso también fue un error comprar cucharas y tenedores de plástico especiales para bebé. A Lorenzo le gustan los cubiertos de plata y las cucharitas de postre son sus favoritas. Hasta el momento, afortunadamente, no hemos tenido problemas con los ojos y los tenedores pero no me responsabilizo así que compre su kit de cubiertos.

Tetero que simula el pezón.

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De sólo pronunciarlo me da risa y acordarme de su valor me dan ganas de llorar. Es un tetero que, en teoría, hace que el bebé haga el mismo ejercicio de succión que cuando le damos pecho a fin de no malacostumbrarlo. Habrá a quien le funcione y no hay enfermera que no lo recomiende pero yo y sobretodo Lolo, lo odiamos. Empezando porque no hay manera de que el tamañote de ese chupo se parezca al tamañito de mi pezón. Y su lento fluir de leche colmaba la paciencia de Lolo, y no es extraño, es muy diferente jugar con una teta natural que con una de plástico…bueno, habrá algunos que pueden contradecirme.

Ojo, no todas las cosas inútiles para mi, lo han sido para otras mamás. Hay inventos maravillosos que Lorenzo rechazó desde el comienzo y ahí se exonera mi culpa como derrochadora porque no había manera de preverlo. Por ejemplo a Lolo nunca le gustó el coche, alcancé a tener tres y actualmente solo me verán usarlo si nos agarra una siesta en la calle, ya muchas conocen mi experiencia con el primero que compré. El chupo sólo lo usó un día, después lo aborreció y en lugar de calmar un llanto con él, podíamos provocarlo. Los tres meses inmediatamente anteriores a que Lolo empezara a caminar, desesperaba y jorobada hubiera sido capaz de vender mi alma al diablo por un caminador porque él sólo quería caminar pero, como aún no era capaz, lo hacía agarrado de mi dedo índice. Un alma caritativa me lo regaló y no tengo cara para decirle que ese caminador de unos ceros considerables a la derecha no tuvo a Lolo sentado ahí 2 minutos completos.
Podría seguir enumerando otro par de cosas que están empolvándose en el deposito de mi casa, pero como nadie aprende en cuero ajeno, mi premio de consolación es que ustedes vayan y cometan sus propios errores con su propio dinero.




Ser mamá es, de lejos, la labor más difícil, retadora y compleja del mundo, y aún así, nos embarcamos en ella sin tener siquiera un simple manual de instrucciones. Cada experiencia y cada hijo es diferente por eso he optado por no creerle a aquellos “gurús” que defienden una teoría o desprestigian otra. El colecho, la lactancia materna, la disciplina, la niñera etc., son temas que siempre encontrarán quien los defienda y quien los satanice. Para mi, que cada una haga lo mejor que pueda, cuando las cosas se hacen con amor no pueden quedar tan mal hechas. Hay tantos temas que nos dividen, lo que hace imposible escribir un “Manual de Cómo ser Mamá”, pero por fortuna hay muchas otras situaciones que nos unen. Estas son sólo frases que aunque no nos cambiarán la vida, saberlas, aplicarlas o decirlas de vez en cuando nos pueden alivianar nuestra labor diaria. Mis “5 frases que describen lo que es ser mamá” es un compendio de expresiones que he ido subiendo a mi página en Facebook desde que comencé a escribir este blog. Aquí, las 4 más exitosas y una quinta que hace su estreno:

Número 1

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Hay algo más real? Antes de ser mamá criticaba a la mía por hacerme comer champiñones que ella no probaba porque los odiaba. Peleaba con ella porque quería meterme a clases de piano cuando ella no tocaba ningún instrumento. Me bastó ser mamá para entenderlo todo. Somos así y no porque seamos perversas, represivas y obstinadas, simplemente somos mamás y queremos que nuestros hijos sean mejores que nosotras y lleguen mucho más lejos.

Número 2

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Quién no ha sentido que las siestas del bebé son demasiado cortas para alcanzar a hacer el resto de cosas que nos gustaría hacer? Quién no ha sentido ese mirada reproche por no hacer algo más que cuidar al bebé? La realidad es que yo hago de todo pero no hago nada. Y por “nada” me refiero, a cosas que el resto de humanos no ven a simple vista, o no les parecen desafiantes, o no pueden medir su valor en dinero. A mi el día me alcanza para hacer todo lo que el bebé quiere pero nada que yo necesite.

Número 3

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Muchas marcamos con rojo ese anhelado día en el calendario en el que por fin,  después de solucionar los problemas de logística del cuidado del bebé, vamos a salir de nuevo a la calle en la noche, con tacones, maquillaje, oliendo a perfume y no a vómito, para disfrutar unos tragos como antes. Lo cierto es que este día llega y una vez dejamos el bebé no dejamos de hablar de él, nos da sueño a las 11.00pm y lo peor de todo es que descubrimos que nuestro hígado no es el amigo resistente y fiestero que teníamos en la memoria. Volvemos a casa alzadas y listas para recibir un guayabo que nos acompañara tres días seguidos.

Número 4

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Un verdadero clásico que no necesita presentación.

Número 5

No engordar Listo

Ser mamá me ha vuelto una caneca o para ponerlo más elegante una recicladora.  No sé si es pesar o antojo pero no hay migaja que deje Lolo que yo no me coma. Si un genio se me apareciera mi deseo sería que Lolo se comiera todo lo que le sirvo en el plato o en su defecto que el hecho de que yo le de remate no se refleje en mi peso. A las mamás nos debería premiar y blindarnos contra las calorías que dejan los sobrados.

Hasta ahora mi compendio va en estas cinco se me ocurren mil más que seguiré posteando poco a poco. A ti se te ocurre alguna que merezca un meme?

Después de mi artículo de los tipos de mamá, alguien me escribió diciéndome que me había hecho falta una: la mamá sacrificio. Esa a la que le parece una herejía tener una niñera. Después de 1 año y 9 meses (edad exacta de Lolo) me vengo a dar cuenta que soy esa mamá exagerada, que debe y tiene que hacer todo lo que se refiere a Lolo. Imagino perfectamente las cosas que me critican mis familiares cuando les da por darme rejo a mis espaldas, y esa es una de ellas.

MEJOR QUE NUNCA BLOG

Yo me la paso con Lolo y cuando hay algo que tengo que hacer sin él, mi mundo colapsa, bueno, no sólo el mío. Yo entro en crisis y el primer perjudicado es mi 10%, pongo mi peor cara de ternero degollado y pregunto suavemente si será muy grave que no vaya a la oficina por un par de horas. Cuando mi 10% no puede, los segundos damnificados son mis papás, miro el calendario a ver si mi compromiso coincide con su visita, si no, los llamo y pensando que no se dan cuenta de mis oscuros intereses les pregunto si no tienen ganas de adelantar su llegada a la “calurosa y poco congestionada” Bogotá. La mayoría de veces mi 10% y mis papás me resuelven la vida. Y si no, recurro a mi cuarta víctima: Oma. No estoy hablando de la cadena de café, sino de la directora, subdirectora, jefe administrativa, coordinadora de la limpieza, organización, funcionamiento y alimentación de mi hogar.

En el último mes, tuve que recurrir a ellos más de la cuenta. Despedirme de Lolo cada vez que tenía que salir de casa, cuando no era en medio de un mar de lágrimas y abrazos, era gracias a toda una logística de escape coreografiada y medida, digna de cualquier agente de la CIA.

Todo esto, para que a los 5 minutos, con los ojos hinchados de llorar, todavía llenos de lágrimas y con la voz entrecortada, yo llamara a preguntar como seguía mi chiquito y me dijeran que estaba mejor que nunca. Mejor que nunca? Hombre, es reconfortante saber que tu hijo quedó en buenas manos, que está tranquilo y feliz, pero MEJOR QUE NUNCA? ¿Tan intensa soy que se siente aliviado sin mi? ¿entonces que fue ese show que hizo para que no me fuera, puro teatro?Es que acaso no me extraña?

Al parecer, o al menos lo que me han dicho sus cuidadores, no. Es decir, por momentos empieza a buscarme por toda la casa, a ratos se para en la puerta con la llave pensando que estoy por llegar o va de cuarto en cuarto revisando las puertas pensando que estoy detrás de una, como solemos jugar. Pero lo cierto es que Lolo no entra en crisis como yo. Es más, no sólo no echa de menos a su cuidadora estrella (modestia aparte) sino que para colmo de males se comporta de maravilla o, para seguir escociéndome la herida, se porta MEJOR QUE NUNCA. En un comienzo llegue a pensar que eran mentiras piadosas que me decían para que yo estuviera tranquila cuando me iba. Y si, obvio, muchas veces no me dicen todo lo que pasa en el día para no preocuparme. Pero con el tiempo, empecé a descubrir que los niños se portan diferente, por no decir mejor que nunca, cuando no estamos cerca. Lo notaba cuando veía al hijo de mi amiga pasando una tarde solo con la tía, lo confirmaba cuando veía a mis sobrinitos un fin de semana solos con los abuelos y me sorprendía cuando recibía las fotos de Lolo en mi ausencia comiéndose todo el almuerzo.

Alguna vez escribí que los hijos estaban diseñados para hacernos quedar mal, pensando en esas veces en las que chicaneamos alguno de sus logros o buen comportamiento y en público hacen todo lo contrario. Pero he descubierto que su verdadera cualidad para hacernos quedar como un zapato es portarse como unos príncipes cuando no estamos, con el cruel objeto de darle credibilidad a esa frase que odiamos: “el niño estaba bien hasta que llegó la mamá”. Y aunque me dicen esta frase a menudo tengo mis oídos entrenados para que conviertan esas palabras odiosas, pero ciertas, en “eres una madre excelente, mira como tienes de bien educado a tu hijo que no nos dio lora cuidarlo”.

La cosa es que uno nunca sabe la clase de mamá que va a ser hasta que tiene un hijo. Y yo acabo de darme cuenta que como mamá soy muy parecida a una novia intensa y celosa. No tengo niñera, no he querido meter a Lolo al jardín hasta que cumpla 2 años, yo misma lo llevo y me quedo con él las dos mañanas a la semana que va a pre-jardín, yo me baño con él, hago mercado con él, monto en bici con él, voy al médico con él, entro al baño con él, peleo con él y me reconcilio con él.

Y si esto me convierte en una novia intensa y celosa debo confesar que no me falta mi novio canalla. Un hijo es como ese novio que todas tuvimos de adolescentes. Un convencido que sabe que nos pone a correr a la primera llamada, un muchachito consentido que necesita ser criado y al que nos sentimos capaces de cambiar, un chico malo que hace lo que le prohibimos por puro placer, un coquetón que no tiene problema en olvidarse de nosotras por irse detrás de una niña en la calle, un don Juan que sabe que nos domina tirándonos un beso, un conchudo que sabe que siempre le limpiaremos sus cagadas y, aparte de todo, un descarado que después de haber pasado una tarde increíble con otra gente se atreve a hacernos un show de celos tan pronto nos volvemos a encontrar. La verdad sea dicha, como mamá soy una novia celosa y Lolo como hijo es mi novio bandido.

Pero, a diferencia de la inocencia de adolescente que me hizo ganarme varios cachos, esta vez si puedo asegurar que si Lolo se porta más juicioso sin mi y hace un escándalo cuando me ve, es para demostrarme su cariño. Estamos enamorados, nos extrañamos, marcamos territorio, nos aguantamos muchas cosas, entre esas tener por momentos que estar separados, nos conocemos todos nuestros achaques y cuando nos volvemos a encontrar nos desquitamos. O es que acaso, ustedes no se portan mejor en presencia de aquellas personas con las que sienten menos confianza?

Mamá no hay sino una y no me refiero a que seamos irremplazables, que lo somos, sino a que cada una es diferente a otra. Hay mamás trabajadoras que ven como fracasadas a las que se quedan en casa, mientras que las que se quedan en casa las ven como desalmadas. Hay mamás estrictas, consentidoras, relajadas, intensas, regañonas como también hay otras que, desafiando la lógica y lo natural, se ausentan. Uno se topa con todas en la vida. Todas nos enseñan algo. A veces cosas que quieres imitar y muchas veces cosas que no quieres repetir. Obviamente hay más de 5 clases y de diferentes voltajes pero yo suelo cruzarme repetidamente con estas 5:

Tengo Mucha Puteria!!!! BOLG

  1. Mamá Biodegradable.

Casi siempre es aquella mamá que parrandeó cruzando todos los límites en su juventud, usó, y abusó, de todo lo que le ofrecieron y ahora en compensación necesita que su hijo no consuma nada que no sea orgánico, saludable, libre de gluten, libre de grasa, libre de diversión y libre de sabor. Su espíritu y su estilo es hippie pero necesita las comodidades que tiene gracias a su familia. Soñaba con un parto natural en el agua, sin anestesia, con sus amigos alrededor tomando vino y con su “doula” enseñándole ejercicios de respiración. Podría sacarte los ojos si te ve dándole una Óreo a tu hijo o en el peor de los casos te la cambiará por unas galleticas de sagú, ajonjolí y quinua que sólo pueden saber rico con una cucharada de mermelada encima. Vende entre sus amigas hamburguesas de lentejas que hace en los ratos libres y aunque tiene un discurso claro sobre los efectos nocivos de una Tablet sobre los niños y el entorno familiar, razones de peso para jamás comprar una, de tanto en tanto, cuando no logra calmar una pataleta con un par de maracas, la verás dejándolos jugar con su celular con tal de no perder la razón. Es defensora de la lactancia a demanda y si es posible hasta los 12 años. La reconocerás porque no sale de casa sin su fular.

  1. Mamá Pantalla.

Es la típica mamá que no le gustan los niños pero tuvo 2 o 3 porque le enseñaron que para ser familia había que tener hijos. Nunca ha ido al parque con sus hijos porque la mata el aburrimiento, nunca la verás esperando a sus hijos a la llegada del bus porque para eso está la empleada, nunca hizo el curso psicoprofiláctico porque habían tardes con amigas mucho más interesantes, nunca la verás ayudando a hacer una tarea porque para eso está el papá y el colegio, nunca la verás sentada con sus hijos inventando un juego nuevo o leyendo un libro pero, eso sí, siempre tendrá la voz entonada y lista para una cantaleta. Es ese tipo de ser que es querido con todos pero siempre está reprendiendo a sus hijos. Ella siempre te dará un consejo de maternidad porque jura tener todas las respuestas. Es la que se jacta de ser estricta por amor pero uno le ve lo estricta por todo lado pero por ninguno el amor. Siempre te va a mirar mal o a criticar porque te pasas de consentidora y porque dejas que tu hijo se pase a tu cama. Se ha autoconvencido que para ser una buena madre hay que ser la mano dura y dejarle toda la diversión al papá. Es la mamá pantalla porque aunque lea esto no se va a sentir identificada y seguirá creyendo que ella no nos parece fiera ni mala madre. Y aunque alardea de lo orgullosa que está de sus hijos y de lo mucho que los ama por redes sociales, cuando uno la ve con ellos parece que le estorbaran. La reconocerás porque siempre está tomando vino con sus amigas.

  1. Mamá Maravilla.

Odiada por todas. No sabemos que pacto tiene con el demonio pero salió de la clínica sin barriga. A los 15 días ya cabía en sus jeans de adolescente y a los 2 meses estaba en bikini paseándose por la playa. Hace ejercicio pero no es exageradamente fitness y fácilmente la puedes ver comiéndose una hamburguesa con papas fritas y malteada. Su matrimonio, es de esos escasos y ridículos casos que legitiman los cuentos de hadas; su esposo, casi siempre deportista exitoso, es millonario, súper churro, amoroso, detallista y, para colmo de males, divertido; sus hijos, no sólo podrían ser parte del catálogo de Gap sino que desde ya se los están peleando en Harvard y Oxford para que estudien allí; y ella, aunque bien podría vivir de su marido, es el triple de exitosa. De este espécimen hay 10 en el mundo, y si usted no mide 1,80, no es un ángel de Victoria Secret o no es Gisele Bundchen, por más que lo haga bien es una heroína, pero jamás la mujer maravilla. La reconocerás porque mientras la miras de reojo en tu cabeza dirás “mmm yo le haría”. 

  1. Mamá Problema.

Es la queja hecha persona. Cuando estaba embarazada le molestaba hasta respirar y rezaba para que el bebé no se amañara en la barriga hasta las 40 semanas. Como dice la canción: malo si sí, malo si no. El mundo entero está condenado a oírle día y noche que el tiempo no le alcanza, que el niño la cansa demasiado, que la empleada no sirve para nada y que los días siendo mamá son muy largos. Ha cambiado de pediatra más de 3 veces y ahora que encontró al perfecto, lo tiene aburrido con tanta llamadera. Ha pedido cita en todos los colegios de la ciudad y su hijo ya ha pasado por 3 en menos de un año. Suele pasar que su bebé es el más juicioso y el más simpático pero ella siempre va a encontrar algo de que quejarse. Es ese tipo de persona que siempre se está quejando del dolor de espalda y a la que el mundo le huele un poco mal. Si la invitan a algún lado consulta el estado del tiempo, vías de acceso, el tráfico, empaca una pañalera como para ir al Amazonas pero termina quedándose en casa para no interrumpir la siesta del bebé. La reconocerás porque siempre menospreciará tu cansancio y siempre creerá que tu vida es más fácil. 

  1. Mamá Despistada.

No sabemos como ha sobrevivido un bebé bajo sus cuidados. Cree ciegamente que el pañal va a durar las 12 horas que promete el comercial, nunca se acuerda a que horas hay que darle el antibiótico y su particular manera de alzar al bebé nos recuerda que los niños pequeños son de caucho. Sospechamos que los golpes que se ha dado el bebé han sido bajo sus cuidados y en su pañalera siempre falta algo, casualmente el pañal. Es esa mamá que olvida todo. Olvida que el lunes es feriado y aún así alista a los niños para ir al colegio, olvida que tenía que mandar disfrazado al chiqui al jardín y haciéndole tres huecos a una bolsa negra improvisa un disfraz de basura. Puede haber estado todo el día con el niño y solo hasta que una amiga le dice que el pobrecito está muy colorado se da cuenta que tiene fiebre. Suele pasarle que al llegar al supermercado se acuerda que ha dejado algo en el carro: el bebé. Y es esa mamá que tiene un carné de vacunación por cada vez que lo ha llevado a vacunar. La reconocerás por su cara de asombro al preguntar en el shower de otra amiga “¿eso era para eso?”

Seguro ya identificaste a tus amigas pero todavía no sabes cuál eres tú. Seguramente eres como yo: una mamá collage. De esas que tenemos de todo un poquito y que, casi podríamos describirnos como los horóscopos: soy Despistada pero con ascendente Problema, aunque dependiendo del mes del año me vuelvo Biodegradable, algunos días muy duros me convierto en Pantalla y, depende con los ojos que me mire, a ratos soy Maravilla. Yo, por ejemplo, después de visitar mi amiga Biodegradable, durante una semana hago que mi familia solo coma ensalada de quinua y galletas de arroz soplado. Cuando veo a mi amiga Pantalla, siento que todo lo estoy haciendo mal, que soy muy suave con Lolo y que por eso se va a quedar solterón y por un día trato de implementar en mi casa el régimen del terror. Cuando veo a mi amiga Maravilla (la verdad no tengo amigas maravilla, pero las sigo en Instagram), prometo una y otra vez sacar tiempito para hacer ejercicio y no volver a subir fotos en las que no estoy maquillada. He sido mil veces la mamá problema que cuando llega mi 10% lo hago pensar en pedirme el divorcio, contratar 3 nanas u hospitalizarme en un psiquiátrico después de mi decálogo de quejas. Y por supuesto, como mamá primeriza he tenido mis descaches y me da cierto fresquito saber que no soy la única que se ha bajado del carro y ha dejado adentro las llaves y el bebé. O sí?

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Razones para irse de paseo sin hijos hay muchas y sin lugar a dudas, razones para viajar con ellos más. Aún así, de tanto en tanto, yo diría que debido al instinto de supervivencia, nos invade la idea de viajar solos. ¿Qué tan beneficioso es para nosotras (y nuestro 10%) darnos estas escapaditas? ¿Qué tan traumático y perjudicial es para nuestros chiquis?
No sé. No soy ni psicóloga, ni pediatra ni pitonisa. Lolo no ha cumplido dos años y yo ya me he escapado dos veces. Habrá quienes digan que soy una madre desnaturalizada. No faltará quien asegure que por esto ya le generé traumas de abandono, confianza y dependencia. Otros estarán de acuerdo conmigo en que un par de días libres de paternidad y maternidad son necesarios al menos una vez al año.

Tengo dos amigas que este semestre van a hacer su primer viaje sin hijos y desde que tomaron la decisión me llaman a diario a preguntar como fui capaz. Después de entender que no me están haciendo un reproche sino que me están lanzando un genuino grito de ayuda, me senté a pensar seriamente ¡¿cómo fui capaz!?
Y la verdad no lo sé. Se me ocurren dos consejos inmediatos. Primero, responsabilice a alguien más de comprar los tiquetes. En mi caso mi 10% es el encargado de organizar fechas, tiquetes e itinerarios, si esta labor quedara en mis manos claramente nuestro primer viaje sin Lolo sería para celebrar nuestras bodas de oro. Y, segundo, deje al bebé con sus personas favoritas; las suyas y las de él. En mi caso, sólo estoy tranquila si se queda con mis papás, en parte porque sé como son sus cuidados y ellos conocen los míos, y en gran parte porque Lolo enloquece de amor apenas los ve.

Una cosa es cierta, el mes inmediatamente anterior al viaje un nudo se va a posar de manera permanentemente en su garganta y un par de lágrimas caerán por sus mejillas cada vez que piense en el momento de la despedida. Se va a sentir mala madre, irresponsable y a parte de todo conchuda, lo que hará que no sea capaz de pedir una ayuda extra para poder ir a hacerse un pedicure decente antes del viaje. Las mamás nos reconocemos unas a otras por la ausencia o por el precario estado de nuestro manicure.

Llega el gran día y, contrario a todos los pronósticos, somos capaces de salir de casa dejando lo que más amamos en el mundo. Qué contradicción! Se acerca el descanso que tanto decíamos que nos merecíamos y no podemos dejar de sentirnos culpables. Y para colmo de males todas las expectativas que teníamos del viaje empiezan a chocar con la realidad.

Expectativa #1. Vamos a dormir todo lo que no hemos podido y un día nos pegamos una rumba de locos.
Jua.
Realidad. Uno sigue con el horario de casa pegado en el inconsciente, es normal abrir el ojo incluso antes de lo acostumbrado. Y de sólo pensar que puedes perder un día de descanso lidiando con un guayabo infernal, terminas de plan zanahorio, por cierto delicioso, y yéndote a dormir mucho antes de lo planeado sin entender cómo has podido funcionar estos meses con la cantidad de cansancio que tenías acumulado.

Expectativa #2. Vamos a desconectarnos del mundo.
Jua, jua.
Realidad. Esta vez más que nunca le sacaras leche a tu plan de datos para saber a que hora se levantó tu bebé, si comió, si jugó, si está contento, si lloró. Mi consejo: pide que te manden fotos y habla con la persona que te lo está cuidando pero ni de riesgos pidas verlo en tiempo real. Tan pronto tu lo veas querrás teletransportarte, mientras que él, con un desespero en crescendo, tratará de entender por qué no puede agarrar a su mamá. Si todo iba bien sin ti, que seguro va bien, habrás ocasionado un desastre. Y darás pie a la temida frase de “el niño estaba bien hasta que vio a la mamá”

Expectativa #3. Vamos a desentendernos del tema bebé y seremos felices
Jua, jua, jua.
Realidad. Por una extraña coincidencia o por obra de un destino envidioso y macabro siempre vas a tener una pareja al lado viajando con sus hijos. En el avión, en el restaurante, en la piscina habrá una familia feliz que te embuchará de culpa. Pensarás “yo me lo hubiera podido traer” y llorarás porque siempre habrá un niño que te recuerda al tuyo. Sufrirás si lo ves reír porque es una risa que te recuerda que te estás perdiendo la del tuyo y sufrirás si lo ves llorar porque te preguntarás si al tuyo lo están consolando.

Expectativa #4. Vamos a viajar sin angustia. ¡Que felicidad no estresarse en un aeropuerto!
Jua, jua, jua y jua
Realidad. Nos damos cuenta que los aeropuertos son babyfriendly. Qué desilusión volver a hacer una fila de inmigración después de sentirnos casi diplomáticos sobrepasando al resto de mortales empujando nuestro coche. Ya no hay azafata que te sonría porque tu bebé le parece la cosa más divina del mundo y la fila para conseguir un taxi no avanza gracias a que aparece gente con bebé a la que le dan prioridad.

Expectativa #5. Esto le va a servir al bebé para ganar independencia.
Juaaaaaaaaa!!!!
Realidad. Sí, mientras tu no estás. Cuando se reencuentren, te mirara con algo de duda (segundos que te harán sentir la peor mamá del mundo) y cuando confirme que no es un engaño se abalanzará sobre ti y no te soltará por 3 semanas o más, a riesgo de que te le vuelvas a perder, no querrá que te le despegues medio centímetro. Lo bueno es que vas a llegar con energía renovada y recargada para lidiar con estos consentimientos y volver a acumular cansancio hasta la próxima escapadita.

Una cosa si sé, a pesar del panorama tenebroso que te acabo de describir, vale la pena escaparse y no dejarse amedrentar por el miedo o la culpa. Son unos pocos días para ti que llevas meses viviendo para otros. Días que estarán llenos de charlas largas y sin afanes, de arrunches sin límite de tiempo, de silencios necesarios, de un regreso a la realidad revitalizado y un reencuentro lleno de emoción inexplicable.

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No hay nada más angustiante, nada más triste, nada más aburridor y nada más desgastante que ver al hijo de uno enfermo. Me parte el alma verle sus ojitos enfermos y no poder hacer nada más que seguir las instrucciones del médico y aumentar los niveles de consentimiento (que ya de por si yo me los puse bastante altos). Siempre que lo veo indefenso, sin poder siquiera decirme donde le duele me gustaría tener el súper poder de quitarle todos sus males así me tocara aguantármelos a mi.

La evidencia indica que todas tenemos ese súper poder, pero mal diseñado. Una vez empezamos a ver signos de recuperación en nuestro bebé, ese preciso instante en que sentimos que estamos a punto de coronar y volver a ver la luz del sol, el virus, obviamente mutado en uno más fuerte, pasa a nosotras. Bravo! Hemos logrado sentir lo que sentía nuestro pequeño y ahora no hay quien cuide de nosotras.
Lolo acaba de superar un virus que nos tuvo encerrados 5 días. 5 días inventándome planes y actividades divertidas para hacer en casa. 5 días lavándole la cola en el lavamanos porque la cosa estaba tan aguada que no había bolsa de pañitos que aguantara. 5 días llamando a la droguería por otro tarrito de crema antipañalitis. 5 días lavando el extractor de jugos (tarea nada fácil) cada 2 horas para hacerle jugo de manzana natural. 5 días tomándome el jugo de manzana natural que Lolo rechazaba. 5 días corriendo con una cuchara de pedialyte y una galleta de soda detrás de Lolo. Y por supuesto 5 noches desvelada cuidando que no volvieran las temidas altas temperaturas y limpiando sábanas.
Hoy, 5 días después, Lolo corre feliz, salta, grita, pide calle. Anda tan alborotado que, supongo, es su manera de recuperar el tiempo perdido durante sus días de convalecencia. Yo, por el contrario no quiero y si pudiera no me pararía de la cama. Pero soy mamá, una que no tiene niñera, ni suegra ni mamá cerca (lo que a veces resulta bastante saludable y el resto de tiempo bastante traumático) así que la incapacidad que me ha dado el doctor es tan obsoleta en esta casa como la elíptica que una vez juré usar todos los días. No tengo opción, hago un esfuerzo sobrehumano por seguirle el ritmo a Lolo y al dinosaurio rosado que no para de saltar detrás de él y que al parecer es tan solo una consecuencia de la fiebre que tengo. Dónde carajos está mi 10% cuando más lo necesito?
Como es de suponer a mi 10% también se le ha pegado el dichoso virus, pero como él es hombre está realmente débil, desahuciado y achacoso; si fuéramos católicos ya me habría hecho llamar al obispo para aquello de los santos óleos. Comparamos los síntomas y comprobamos que tenemos exactamente lo mismo, aunque mi 10% insiste en asegurar que lo de él es mucho más grave porque sino podría pararse a echarme una mano con Lolo. Nada que hacer, hay una falla (en realidad varias, que valdrá la pena ponerlas en un futuro post) de diseño en todo esto de la maternidad y mientras identifico a quién hacerle el reclamo no tengo de otra que cuidar de Lolo, cuidar de mi 10% y eventualmente, si me queda algo de tiempo, cuidarme a mi. Ser mamá significa no tener derecho a enfermarse para poder seguir velando por todos. El problema es que en efecto nos enfermamos, nos cansamos, nos quejamos pero sea como sea tenemos que seguir funcionando. 

Si la madre naturaleza fuera realmente madre, las mamás seríamos inmunes a cualquier tipo de enfermedad al menos durante los primeros 5 años de vida de nuestro bebé. Pero…qué estoy diciendo? Debe ser la fiebre hablando por mi, corrijo: si la madre naturaleza no sólo fuera madre sino además tan sabia como dicen, las mamás estaríamos blindadas de por vida a cualquier virus, enfermedad o accidente. Si el universo tuviera alguna lógica nos mantendría a las mamás a salvo para poder seguir cuidando de todos. No sé que efecto tienen mis abrazos en Lolo pero logran calmarle cualquier malestar, cualquier miedo y cualquier congoja. Es el mismo efecto que tiene sobre mi las arrunchadas con mi mamá. Y así como quisiera poder estar siempre ahí lista para darle a Lolo el abrazo que necesita también quisiera que mi mamá siempre estuviera aquí cerquita para darme el mío.

Insisto, toda mamá debería ser inmune y, por ahí derechito, eterna.

NOTA: Si después de leer este artículo, no sabes a que me refiero con “Mi 10%”, haz click aquí.

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Enferma Final BLOG

Como mamás y como primerizas cometemos toda clase de errores. 

No darle al bebé su dosis diaria de sol, abrigarlo en exceso, salir corriendo a urgencias cada vez que tose, o porque come de más o come de menos son de los errores más comunes. Yo los he cometido todos, sobretodo estos 5 que además de comunes son bobos, pero terminan complicándole y amargándole a uno la existencia. Si usted está a tiempo aprenda y evítelos.

  • Decirle al mundo “dejé las pastillas voy a encargar”

Quiere usted perder su tranquilidad? Quiere usted ser bombardeada con mil quinientas preguntas a las que no les tiene respuesta? Quiere usted ser el tema de conversación en la fiesta donde no está? Quiere usted que la miren con cara de pesar? Entonces simplemente dígale a sus familiares y amigos que decidió tener bebé. Éste es el error número uno. Resulta que no todas quedamos embarazadas con la misma rapidez y mientras eso ocurre cada vez que la vean le van a preguntar como va la cosa. Póngase a la tarea pero, como diría mi abuela, coma callada. Se hará un favor a usted y de paso un gran favor al mundo que no se sentirá incómodo si la cosa después de meses no le ha cuajado.

  1. Subir a las redes sociales las ecografías.

No hay lágrimas de felicidad más reales y más lindas que las que nos invaden cuando oímos por primera vez el corazón de nuestro bebé. Esa primera ecografía es de las cosas más perfectas que he visto en mi vida. Cuando tuve la de Lolo en mis manos no paré de mirarla por 5 días seguidos, la besaba, la apretaba contra mi pecho y hasta le hablaba. Me sentía embriagada de felicidad y quería que el mundo entero se contagiara. Pero me contuve porque esa foto en blanco y negro que se había vuelto mi vida entera, para el resto del mundo era una mancha desenfocada, pixelada y confusa en la que cualquiera puede ver lo que quiere ver. De hecho me cuesta encontrar otra diferencia entre las ecografías que no sea el valor que tienen para los padres. Así que mándele la foto en privado a sus familiares y libere de la presión al resto de gente que solo va a ver un blur y se va a sentir obligado a comentar: que lindo.

  1. Cantar victoria.

Han visto esos vídeos de atletismo donde el que ha liderado toda la carrera es superado por escasos centímetros y segundos antes de llegar a la meta? Tal cual pasa cada vez que abrimos nuestra boca y decimos que nuestro bebé ya pasa la noche derecho o que nuestro bebé ya dejó el pañal. Es sólo que cantemos victoria y nos sintamos los mejores papás del mundo para que segundos después nuestro bebé, parece que lo hiciera de aposta, nos demuestre lo equivocados que estamos y lo ilusos que fuimos al creer que lo habíamos logrado. No importa si su bebé lleva 3 meses durmiendo derecho en su cuna el día que usted le dice al mundo que lo hace ésa noche se despertará 3 veces, pedirá tetero y se calmará únicamente si usted lo arrulla. Cabe anotar que usualmente los peores episodios ocurren con la visita a la que se le ha alardeado lo maravilloso que es el hijo de uno. Nunca cantemos victoria que nos esperan años y años para que los hijos encuentren el momento perfecto para hacernos quedar mal.

  1. Pedir consejos

Todos tienen una historia que contar, un remedio que recomendar, una manera de criar, un colegio, un método, un libro así como mil criticas de tu manera de hacerlo. No preguntes sino estás dispuesta a aceptar que todo lo has hecho mal. Si le preguntas a tu amiga hippie vas a terminar botando la mitad de alimentos de tu nevera, comprando pañales ecológicos y comiéndote tu placenta. Si le preguntas a tu abuela vas a terminar curándole el hipo con un algodón pegado en la frente y comiendo sancocho de gallina los 40 días de dieta. Si le preguntas a una partera no vas a dejar que otra mujer alce a tu bebé porque si tiene el periodo corres el riesgo de que le de pujo. Si le preguntas a tu amigo que estudió 5 semestres de medicina vas a pasar todo un día pidiendo cita con un especialista porque ese lunarcito que se ve con lupa parece peligroso.

  1. Creer que la vida es como un comercial y que necesitamos todo lo que ahí vemos.

Y no solamente porque nunca estaremos tan bien peinadas, tan bien vestidas, tan sonrientes, tan sin ojeras, tan perfectas como esas mamás de comercial que ni deben ser mamás. Sino porque, la verdad sea dicha, ninguno de esos productos funcionan tan bien como se promocionan. Ese jabón cuya promesa es abducir el sueño y darle al bebé, y a los papás, noches de paz no es tan efectivo. Esos dispositivos plásticos para las esquinas de la mesa que compramos por culpa de nuestra paranoia hasta el momento para lo único que me han servido es para que Lolo juegue a pegarlos y chuparlos mientras almorzamos. Esa prueba casera que te asegura a los pocos meses de gestación descubrir el sexo del bebé es la mejor mentira de la historia y, debo confesar, a mi me atinó con la respuesta.

Sigamos nuestro instinto que no podemos estar tan equivocadas. Y si lo estamos pues tampoco es tan grave. Mi mamá seguramente tuvo la mitad de precauciones conmigo y a la larga (depende a quien le pregunte) yo no salí tan defectuosa.

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Por muy buen papá que usted sea, el 90% de la paternidad recae sobre nosotras las mamás…

Sin un discurso ultra feminista, usando brasier, afeitándonos las piernas, sin salir a marchar, sin despreciar al género masculino y sin quererlo destruir, las mamás hemos logrado darle la vuelta a uno de esos aspectos que hasta hace 50 años, parecía imposible: el rol de los hombres en el hogar. Nuestros abuelos no hacían lo que hicieron nuestros papás y nuestros papás no se acercan a lo que hoy hacen nuestros esposos.

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 10.01.40 p.m.

Los papás de hoy reivindican su paternidad siendo más maternales. Nos acompañan al ginecólogo y al pediatra, cambian pañales, hacen teteros, llegan temprano, tienen licencia de paternidad, limpian vómitos, se levantan a media noche y si por mi fuera hasta darían teta. Muchos creerán que este cambio ha significado un repartición de cargas entre papás y mamás llegando a un equilibrado 50-50. Pero después de una larga y consciente reflexión ante el espejo, he llegado a la conclusión que por muy buen papá que usted sea, su ayuda representa el 10 por ciento dejando el 90 restante sobre nuestros hombros o, para ser más exacta, sobre nuestras caderas. Es mi teoría, a la que llamaremos “La teoría del 10%” basada en ningún estudio científico y comprobada únicamente por un caso de éxito: el mío. Antes de lanzarme tomates o darme unfollow (para que vean que soy una mamá vanguardista) déjenme explicar la teoría del 10% ya que tengo el extraño presentimiento que también aplica para usted:

Tenemos un gran 100% que representa nuestro universo como padres de familia. 50% de mamá 50 % de papá … hasta que analizamos nuestras variables.

Un espermatozoide fecunda un óvulo. El espermatozoide es de ellos, el óvulo nuestro. Perfecto! Se mantiene el equilibrio:

50 50

El óvulo está en un ovario, el ovario está en una trompa de Falopio, la trompa está en… para no hacer esto más largo resumo: todo esto está en nuestra barriga. Por cuestiones de diseño y biología quedamos:

48 52

Durante los primeros tres meses de embarazo ellos siguen su vida normal mientras nosotras sufrimos mareos, náuseas, vómito, acidez, ganas incontrolables de orinar a toda hora, cansancio y sueño excesivo. Molestias que nos dejan en un:

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 8.55.07 p.m.

El resto del embarazo nosotras sufrimos estreñimiento, incontinencia urinaria, hinchazón de pies y tobillos, dolor de espalda, calambres, estrías, manchas, kilos de más y por si fuera poco nos volvemos unas maquinitas expendedoras de gases del tracto digestivo. Ellos claramente nos ganan en eso de ser maquinitas expendedoras pero para ellos no es una molestia sino una diversión, teniendo en cuenta los otros síntomas el porcentaje de ellos sigue a la baja:

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 8.55.43 p.m.

Eso si, no es que estos primeros meses todo sea paz y amor para ellos. Ya que les corresponde calmarnos los antojos, soportar estoicamente nuestros cambios de ánimo y aprender a manejar el alboroto de nuestras hormonas. Aceptemos que no somos nada fáciles y cedamos un poco:

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 8.56.12 p.m.

Llega el parto. Ni siquiera voy a desgastarme hablando de esto, con una pequeña lista de palabras creo que pueden hacerse una idea: contracción, pujar, placenta, tapón mucoso, cordón umbilical, tacto vaginal, episiotomía, membranas, dilatación, desgarro, epidural, expulsión, cavidad, pañal de maternidad. Lo más coherente es que quedamos en un:

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 8.56.39 p.m.

Después aparece nuestra amiga la lactancia que por bien que nos trate nos arranca miles de lágrimas y a algunas hasta un poquito de piel. En honor a nuestras pochecas, que no vuelven a ser las mismas, acordemos un:

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 8.57.08 p.m.

Vale aclarar que cuando les preguntamos si estamos gordas, si allá abajo la cosa se siente diferente o que si nuestro cuerpo era mejor antes, nos mienten cariñosamente y nos llenan de autoconfianza. Gracias, así que tomen este abono:

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 8.57.30 p.m.

Comienza la crianza que hace ver todo lo anterior como un paseo y ellos siguen ahí siendo la mano dura cuando la necesitamos y reemplazándonos cuando la paciencia comienza a flaquear. Les doy varios puntos extra porque bien podrían hacerse los desentendidos y no lo hacen.

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 8.57.54 p.m.

Nosotras nos acostumbramos, por no decir resignamos, a ir al baño en 2 minutos con la puerta abierta mientras tratamos de que el bebé, que siempre nos acompaña, no haga estragos debido a su obsesión con el papel higiénico. Ellos fingen estreñimiento, cada entrada al baño no es de menos de 20 minutos y su única compañía es el celular. Odio resaltar lo obvio pero nosotras volvemos a ganar:

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 8.56.39 p.m.

Ellos nunca saben donde están guardadas las cosas, pueden dormir más que nosotras pero siempre aseguran estar más cansados, no pueden hacer dos cosas al mismo tiempo y si fueran ellos los que quedaran embarazados se agotarían las existencias de anestesia en el mundo, la licencia de maternidad duraría 3 años y le seguirían otros 2 de incapacidad por traumatismo. Ahora nos quedan debiendo:

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 9.05.08 p.m.

Les perdono un poco su deuda y les dejó un -20% porque por el hecho de ayudarnos tienen que aguantar (no se como lo hacen) que les digamos una y otra vez que como ellos hacen las cosas no es, además deben soportar nuestras órdenes y recriminaciones disfrazadas de consejos amorosos: “no mi amor es mejor que le pongas el pañal como yo se lo pongo, de razón que ayer amaneció con la pijama mojada”, “corazón ya te he dicho que es mejor si alzas al bebé como yo lo hago”, “mi vida que no revuelvas el tetero así, cuantas veces te lo tengo que decir?, yo ya lo hubiera hecho y con una sola mano”.

Una cosa si es innegable ser papás les eleva el sex appeal, nada despierta más suspiros que verlos cargar un bebé. Una mujer con un bebe en brazos por la calle nos da pesar. Un hombre con un bebé en brazos nos hace envidiar a la esposa, querer ser madres 10 veces y tratamos de coquetearle diciendo un: tan divino!!!!! La paternidad los vuelve tan increíblemente sexys y a la vez tan tiernos que el único capaz de igualarles podría ser el gato con botas de Shrek. Esta batalla si la tenemos perdida…recuperan lo que deben y se ganan un 10, he ahí el famoso 10%

Captura de pantalla 2015-01-19 a las 9.03.40 p.m.

Un 10% nada despreciable porque se siente como un 80%. Sin ese 10 nuestra existencia sería muy miserable. No cabe duda que con ese porcentaje nos hacen la vida mucho más fácil, feliz y divertida; y aunque la mitad de las veces los queremos ahorcar, el hecho de no tenerlos al lado sería el pasaporte directo a un hospital psiquiátrico.

Si después de analizar los datos usted es de las afortunadas que puede incluir a su esposo en la muestra, vaya bese, apapache y dele una noche libre a su 10%. No se le olvide que por más que amé a su bebé primero está su marido. En mi casa Lolo, por más increíble que sea, no desbanca del trono a Nuwo, finalmente es con él, con mi 10% , con el que voy a compartir el resto de vida. Además a mi 10% no va a empezar a darle pena abrazarme en público, no se va a conseguir una novia y le va a seguir pareciendo parchado viajar conmigo…. espero!.

Si usted es de las verracas que únicamente tuvo el 2% del espermatozoide, es mi ídolo y me le quito el sombrero porque a falta de ese 10% usted se merece un 200%.

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Diciembre: Mes que nos embriaga de felicidad, amor por el mundo y buenos deseos. Es el mes perfecto para compartir en familia. Las novenas, el día de las velitas, noche buena, día de los inocentes, año nuevo, reyes… mil y una excusas para pasar momentos familiares increíbles. El guayabo nos llega en enero cuando nos damos cuenta que el exceso de familia, así como de comida, tiene sus contraindicaciones. Superar unas vacaciones familiares sin al menos una pequeña rencilla o un cruce de frases fuertes, es todo un reto y requiere de mucha paciencia, tolerancia y amor (Comienzo a entender porque estas palabras siempre van en los slogans de navidad).




Si alguien ha regresado de unas vacaciones sin haber sentido al menos por un segundo ganas de ahorcar a algún familiar, por querido que sea, debe ser huérfano, estar pendiente de santificar o, en la mayoría de casos, ser hombre. No es un secreto que las mujeres todo lo complicamos y más aún cuando somos mamás.

Mi consejo para no dañarse futuras vacaciones o empezar un contrapunteo con alguien de la familia, del que después se va a arrepentir, es que prepare la mejor respuesta que puede dar ante las adversidades. Por adversidades me refiero a una serie de comentarios desafortunados que no tuvieron la oportunidad de darse un paseo por el cerebro antes de llegar a la boca y que una vez eres mamá no faltará quien te los haga. Para el que los hace puede que sean poco trascendentales y divertidos pero a nosotras nos despiertan el Charles Manson que llevamos dentro.

1. “Ustedes ahora son muy flojas. Yo no entiendo de que se quejan. A mi si me tocó difícil, con cuatro bebés seguiditos, sin empleada, con pañales de tela y con un esposo como los de antes que no ayudaban para nada”

Respuesta que quisieras dar: Que embarrada que te haya tocado vivir en esa época. Supongo que, además de pañales desechables, tampoco se habían inventado métodos de anticoncepción seguros porque a quien se le ocurre tener 4 hijos en menos de 5 años. Es más, a que hora lograbas quedar embarazada con un marido que no se aparecía por la casa. Entiendo tus achaques yo también estaría rendida.

Respuesta que debes dar: Sonríe y hazte la güevona

2. “Yo ya le hubiera dado una buena palmada a ese niño; a mi si que no me venga a hacer ese berrinche”

Respuesta que te gustaría dar: Si tuvieras hijos (porque paradójicamente esta frase siempre es dicha por gente sin hijos) entenderías que si en medio de este berrinche me pongo a la par o más violenta que él, la cosa no va a mejorar sino por el contrario va a empeorar al punto de desencadenar la tercera guerra mundial. Estoy tratando de que tengas un momento mas ameno al ser condescendiente y llevar las cosas por la buena. Yo ya veré en la tranquilidad e intimidad de mi casa como lo corrijo.

Respuesta que debes dar: Sonríe y hazte la güevona

3. “Te vas a acostar ya? No seas tan aburrida”

Respuesta que te gustaría dar: Te parece aburrido que haya estado todo el día en la piscina, no echada bronceándome como tu, sino jugando a tiburón, ahogados y medusa (meter la cara y hacer burbujas hasta que los ojos no pueden tener un vaso más reventado). Te parece aburrido que haya tenido que volver a otra tanda de piscina mientras tu le hacías la siesta al sancocho? Creo que me merezco descansar ya que mañana tu no me vas ayudar a cuidarlo y solo lo vas a alzar los 5 segundos que te demoras tomándote una foto con él.

Respuesta que debes dar: Sonríe y hazte la güevona




4. “Lolo está muy mimado y antipático, vieras el nieto de Faustina lo simpático que es con todo el mundo”

Respuesta que te gustaría dar: A lo mejor si lo visitaras más seguido no le parecerías tan extraña. Si lo conocieras un poquito más sabrías que no le gusta que lo traten de abrazar a la fuerza, que le duele cuando le pellizcan los cachetes y que se asusta cuando le gritas, así sea ese trabalenguas que te parece tan divertido. Creo que por eso cada vez que te ve sale despavorido. Lolo no es antipático, es selectivo. Ah y el nieto de Faustina no puede importarme menos.

Respuesta que debes dar: Sonríe y hazte la güevona

5. “El niño estaba bien hasta que llegó la mamá”

Respuesta que te gustaría dar: Qué pu… carajos estás queriendo decir? Ni siquiera voy a intentar elaborar una respuesta, acércate y toma tu cachetada.

Respuesta que debes dar: Sonríe, hazte la güevona y ve por un trago.

Si el traguito no ayuda piensa que todo siempre puede ser peor, conozco a algunas que les salieron con ésta joya: “Yo no sé a quién se parece ese niño, porque por este lado de la familia no es.”

Y si eres de las que te sentiste identificada, aludida o atacada con alguna de estas frases, simplemente sonríe y hazte la güevona. Para ser una mamá feliz a veces eso es todo lo que se necesita.

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