Embarazo: 40 semanas (en mi caso 38) en el que, aún no logro entender muy bien como, creamos vida en nuestra barriga. Periodo en el cual experimentamos cambios morfológicos indeseados, transformaciones físicas increíbles, algunos trastornos psicológicos tiernos otros desesperantes, alteraciones hormonales, incontables malestares emocionales, algunos daños patológicos y (sobretodo si eres mamá primeriza) un sin número de despilfarros monetarios comprando cosas inútiles para el bebé que está por nacer.
Quedar embarazada por primera vez es sinónimo de malgastar. No hay producto que veamos exhibido que no consideremos indispensable, práctico y necesario.
Esperando a mi primer hijo compré muchas cosas inútiles convencida de que me harían la vida más fácil. Hoy, lo único que se me ocurre hacer con ellas es una venta de garaje donde pueda embaucar a otras mamás primerizas, inocentes y entusiasmadas como yo. Si alguna está interesada, estos son algunos de mis artículos en venta:

Zapatos antes del año.

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Hay algo más divino que un par de zapatos diminutos imitando los modelos de adulto? Hoy en día hay mocacines, tenis, botas incluso sandalias que como prototipos hechos a escala son perfectos pero como accesorios útiles, indispensables y prácticos son un verdadero fracaso. No hay un modelo, por bonito que sea, que permanezca adherido al pie por más de 20 minutos, los que se quedan más de 20 son realmente difíciles de poner y corremos el riesgo de cortar el flujo sanguíneo del pie de nuestros pequeños. El zapato, si bien es un accesorio, su principal función es la de proteger al pie mientras se realizan actividades. Así que pongámonos serias: dormir, babear, llorar, dormir, estar alzado, comer, eructar, dormir, hacer poco, dormir, vomitar y dormir no son actividades que requieran el uso de un zapato, es más, son actividades que se disfrutan más en la comodidad y suavidad de unas medias. Que vivan las medias hasta que los bebés se aburran de gatear y que vivan los zapatos antes del año… pero colgados en el retrovisor del carro.

Protectores para bordes de mesa.

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Mi peor pesadilla era ver incrustada la esquina de la mesa del comedor en un ojo de Lolo o en sus cercanías, así que la mañana de un domingo me dediqué a volver mi casa un lugar seguro y habitable para un bebé. La promesa de venta de estas piezas de plástico, hay unas incluso acolchadas, es absorber el impacto previniendo lesiones graves por golpes o caídas. Traducción: las tenía que tener. Las busqué por internet, las pedí, las esperé impacientemente y más me demoré en pegarlas en su lugar que en ver a Lolo caminando tranquilamente con dos en la mano y otra en la boca. Mi hijo ha sobrevivido, como dirían los expertos en seguridad en un “ambiente hostil” lleno de bordes de mesas de vidrio. Proteger la casa con este tipo de artículos es a mi modo de ver uno de los mejores placebos de la historia. Yo, y de seguro muchas de ustedes, sobreviví en una casa donde los vasos eran de metal o tarros de mermelada reciclados, sin tapas para las tomas de corriente, con piezas de estralandía regadas por el suelo, con tres hermanos hombres rodando por las escaleras, yendo a la tienda por una botella de Coca-Cola en envase de vidrio para el almuerzo y, acá muchas enloquecerán, tomándomela!

Brasier para lactancia.

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No dudo que sean cómodos y hasta prácticos, pero existe algo más feo? Tras de que uno sale de la clínica sintiéndose realmente mal, no sólo por lo barrigona y fofa sino porque realmente en el parto recibes una paliza, no hay derecho tener que sumarle feura y falta de glamour al asunto. La primera vez que me lo puse me sentí usando el famoso brasier de conos de Madonna pero despojado de todo sex appeal o para ser más exactos, era una mala imitación del autoretrato de Frida Kahlo “columna rota”.

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La primera semana que Lorenzo se me pegaba a comer lloré mis ojos, hoy con esa prueba superada, estoy por creer que mis lágrimas no eran producto del dolor sino de la vergüenza de ver a mis pobres téticas metidas en semejante oprobio. Creo que solo lo usé una vez a riesgo de que mi 10% no me volviera a tocar un pelo. Y seamos sinceras cualquier top, y de esos si hay muchos y muy bonitos, sirve. Eso si, infaltables los protectores para no andar por ahí jugando a las camisetas mojadas.

Plato con chupa.

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Es verdad que el juego más divertido de los niños es tirar al suelo cualquier objeto que vean pagando sobre la mesa, por eso, este artículo nos parece el mejor invento después del bombillo eléctrico. Pero no lo es. Primero, fíjese que la superficie de su mesa sea lisa, preferiblemente de vidrio, de lo contrario nunca pegara y será un plato cualquiera. Segundo, si pega, el juego será despegarlo aplicando toda la fuerza del mundo dejando un lindo decorado de sopa de espinacas en el techo y en todos los comensales. Tercero, en el mejor de los casos, el niño meterá sus dos manos completas en la comida al menor descuido suyo y el plato estará tan bien pegado que estará fuera de su poder ponerlo a una distancia segura del bebé a tiempo.

En mi caso también fue un error comprar cucharas y tenedores de plástico especiales para bebé. A Lorenzo le gustan los cubiertos de plata y las cucharitas de postre son sus favoritas. Hasta el momento, afortunadamente, no hemos tenido problemas con los ojos y los tenedores pero no me responsabilizo así que compre su kit de cubiertos.

Tetero que simula el pezón.

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De sólo pronunciarlo me da risa y acordarme de su valor me dan ganas de llorar. Es un tetero que, en teoría, hace que el bebé haga el mismo ejercicio de succión que cuando le damos pecho a fin de no malacostumbrarlo. Habrá a quien le funcione y no hay enfermera que no lo recomiende pero yo y sobretodo Lolo, lo odiamos. Empezando porque no hay manera de que el tamañote de ese chupo se parezca al tamañito de mi pezón. Y su lento fluir de leche colmaba la paciencia de Lolo, y no es extraño, es muy diferente jugar con una teta natural que con una de plástico…bueno, habrá algunos que pueden contradecirme.

Ojo, no todas las cosas inútiles para mi, lo han sido para otras mamás. Hay inventos maravillosos que Lorenzo rechazó desde el comienzo y ahí se exonera mi culpa como derrochadora porque no había manera de preverlo. Por ejemplo a Lolo nunca le gustó el coche, alcancé a tener tres y actualmente solo me verán usarlo si nos agarra una siesta en la calle, ya muchas conocen mi experiencia con el primero que compré. El chupo sólo lo usó un día, después lo aborreció y en lugar de calmar un llanto con él, podíamos provocarlo. Los tres meses inmediatamente anteriores a que Lolo empezara a caminar, desesperaba y jorobada hubiera sido capaz de vender mi alma al diablo por un caminador porque él sólo quería caminar pero, como aún no era capaz, lo hacía agarrado de mi dedo índice. Un alma caritativa me lo regaló y no tengo cara para decirle que ese caminador de unos ceros considerables a la derecha no tuvo a Lolo sentado ahí 2 minutos completos.
Podría seguir enumerando otro par de cosas que están empolvándose en el deposito de mi casa, pero como nadie aprende en cuero ajeno, mi premio de consolación es que ustedes vayan y cometan sus propios errores con su propio dinero.