Madre primeriza, vengo del futuro, tengo un mensaje para usted, tranquila, no todo va a estar bien.

 

¿Se siente usted agobiada porque su hijo todo se lo comunica llorando?

Tranquila vengo del futuro, tengo un hijo de casi 5 años. Su hijo aprenderá a hablar, dirá palabras con una pronunciación que la hará morir de amor, construirá frases que usted querrá anotar en una agenda que se llame “los mejores apuntes de mi hijo”. Pero prepárese, habrá momentos del día que lo único que añorará es un minuto de silencio. Un segundo sin ese tono agudo que rebota en sus tímpanos y que se repite como un loop eterno con las palabras “mamá” “¿por qué?” “mamaaaaaa”.

¿Se siente usted desesperada porque para salir a la calle debe cargar un equipaje de mano que cualquier aerolínea le obligaría aforar por exceso de peso?

Un equipaje lleno de artículos esenciales como pañales, pañitos, cambiador, mudas de repuesto, crema antipañalitis, tetero limpio, tetero limpio dos por si acaso, juguete para entretener 1, juguete para entretener 2? Tranquila vengo del futuro, tengo un hijo de casi 5 años. Usted desempolvará la carterita de mano porque ellos dejan el pañal. Pero prepárese para en el proceso trapear mas pisos que Cenicienta, cambiar más ropa que presentador de los Oscar, pararse en la mejor parte de la película y atravesar medio cine ante los respiros de queja del resto de espectadores para llevarlo al baño y, peor que todo lo dicho anteriormente junto, conocer baños de mala muerte porque su hijo necesita ahí y solo ahí hacer el temido número dos.

¿Se siente usted jorobada porque su hijo para caminar y no darse contra el mundo necesita agarrarse de su dedo índice todo el tiempo para recorrer una y otra vez el mismo restaurante?

Tranquila, vengo del futuro, tengo un hijo de casi 5 años. Usted recuperará su columna vertebral porque los niños aprenden a caminar. Pero prepárese porque lo difícil va a ser que su hijo le de la mano al cruzar la calle, que camine junto a usted en un centro comercial y que no salga a correr en el supermercado creyendo que esconderse de usted lo mas lejos que pueda es divertido.

¿Se siente usted cochina porque el tiempo para bañarse se lo dictan las cada vez menos siestas que su hijo puede hacer en su cuna y no encima suyo?

Tranquila, vengo del fututo, tengo un hijo de casi 5 años. Usted volverá a tener tiempo para usted. Tendrá horas para reencontrarse con usted. Pero prepárese por más tiempo a solas que tenga sepa de una vez que después de ser madre el tiempo no le vuelve a alcanzar a uno para nada.

¿Se siente usted cansada?

Duerme menos de 6 horas de corrido. Tranquila vengo del futuro, tengo un hijo de casi 5 años. El cansancio físico pierde poder, usted volverá a dormir 8 y hasta 10 horas en la noche. Pero prepárese viene el cansancio emocional y mental de controlar una pataleta, de explicar un “No”, de manejar los situaciones difíciles en el colegio, de conversar sobre los amigos. El cansancio de criar que no se recupera con unas horas de sueño.

¿Se siente usted perdidamente enamorada de su bebé?

Tranquila, vengo del futuro, tengo un hijo de casi 5 años y si usted cree que está enamorada de ese pequeño bulto, no sabe lo que le espera. El amor que sentía por mi bebé es una minucia insignificante comparada con lo que siento hoy por mi hijo. Si de algo estoy segura es que el amor no para de crecer. Entre más lo conozco, entre más puedo ver su personalidad, entre más lo oigo hablar, entre más lo veo relacionarse con el mundo, entre más recibo sus besos dados por convicción, entre más escucho sus conclusiones, me doy cuenta que si bien los retos de la maternidad cada día son más grandes mi amor por él crece y se multiplica a la misma velocidad.

Tranquila, no todo va a estar bien pero se pone cada vez mejor.

 

Sigue La Nuwe en Facebook
Sigue La Nuwe en Instagram
Sigue La Nuwe en Twitter
Sigue a Vargato en Instagram, apoya al 10%

Después de mi artículo de los tipos de mamá, alguien me escribió diciéndome que me había hecho falta una: la mamá sacrificio. Esa a la que le parece una herejía tener una niñera. Después de 1 año y 9 meses (edad exacta de Lolo) me vengo a dar cuenta que soy esa mamá exagerada, que debe y tiene que hacer todo lo que se refiere a Lolo. Imagino perfectamente las cosas que me critican mis familiares cuando les da por darme rejo a mis espaldas, y esa es una de ellas.

MEJOR QUE NUNCA BLOG

Yo me la paso con Lolo y cuando hay algo que tengo que hacer sin él, mi mundo colapsa, bueno, no sólo el mío. Yo entro en crisis y el primer perjudicado es mi 10%, pongo mi peor cara de ternero degollado y pregunto suavemente si será muy grave que no vaya a la oficina por un par de horas. Cuando mi 10% no puede, los segundos damnificados son mis papás, miro el calendario a ver si mi compromiso coincide con su visita, si no, los llamo y pensando que no se dan cuenta de mis oscuros intereses les pregunto si no tienen ganas de adelantar su llegada a la “calurosa y poco congestionada” Bogotá. La mayoría de veces mi 10% y mis papás me resuelven la vida. Y si no, recurro a mi cuarta víctima: Oma. No estoy hablando de la cadena de café, sino de la directora, subdirectora, jefe administrativa, coordinadora de la limpieza, organización, funcionamiento y alimentación de mi hogar.

En el último mes, tuve que recurrir a ellos más de la cuenta. Despedirme de Lolo cada vez que tenía que salir de casa, cuando no era en medio de un mar de lágrimas y abrazos, era gracias a toda una logística de escape coreografiada y medida, digna de cualquier agente de la CIA.

Todo esto, para que a los 5 minutos, con los ojos hinchados de llorar, todavía llenos de lágrimas y con la voz entrecortada, yo llamara a preguntar como seguía mi chiquito y me dijeran que estaba mejor que nunca. Mejor que nunca? Hombre, es reconfortante saber que tu hijo quedó en buenas manos, que está tranquilo y feliz, pero MEJOR QUE NUNCA? ¿Tan intensa soy que se siente aliviado sin mi? ¿entonces que fue ese show que hizo para que no me fuera, puro teatro?Es que acaso no me extraña?

Al parecer, o al menos lo que me han dicho sus cuidadores, no. Es decir, por momentos empieza a buscarme por toda la casa, a ratos se para en la puerta con la llave pensando que estoy por llegar o va de cuarto en cuarto revisando las puertas pensando que estoy detrás de una, como solemos jugar. Pero lo cierto es que Lolo no entra en crisis como yo. Es más, no sólo no echa de menos a su cuidadora estrella (modestia aparte) sino que para colmo de males se comporta de maravilla o, para seguir escociéndome la herida, se porta MEJOR QUE NUNCA. En un comienzo llegue a pensar que eran mentiras piadosas que me decían para que yo estuviera tranquila cuando me iba. Y si, obvio, muchas veces no me dicen todo lo que pasa en el día para no preocuparme. Pero con el tiempo, empecé a descubrir que los niños se portan diferente, por no decir mejor que nunca, cuando no estamos cerca. Lo notaba cuando veía al hijo de mi amiga pasando una tarde solo con la tía, lo confirmaba cuando veía a mis sobrinitos un fin de semana solos con los abuelos y me sorprendía cuando recibía las fotos de Lolo en mi ausencia comiéndose todo el almuerzo.

Alguna vez escribí que los hijos estaban diseñados para hacernos quedar mal, pensando en esas veces en las que chicaneamos alguno de sus logros o buen comportamiento y en público hacen todo lo contrario. Pero he descubierto que su verdadera cualidad para hacernos quedar como un zapato es portarse como unos príncipes cuando no estamos, con el cruel objeto de darle credibilidad a esa frase que odiamos: “el niño estaba bien hasta que llegó la mamá”. Y aunque me dicen esta frase a menudo tengo mis oídos entrenados para que conviertan esas palabras odiosas, pero ciertas, en “eres una madre excelente, mira como tienes de bien educado a tu hijo que no nos dio lora cuidarlo”.

La cosa es que uno nunca sabe la clase de mamá que va a ser hasta que tiene un hijo. Y yo acabo de darme cuenta que como mamá soy muy parecida a una novia intensa y celosa. No tengo niñera, no he querido meter a Lolo al jardín hasta que cumpla 2 años, yo misma lo llevo y me quedo con él las dos mañanas a la semana que va a pre-jardín, yo me baño con él, hago mercado con él, monto en bici con él, voy al médico con él, entro al baño con él, peleo con él y me reconcilio con él.

Y si esto me convierte en una novia intensa y celosa debo confesar que no me falta mi novio canalla. Un hijo es como ese novio que todas tuvimos de adolescentes. Un convencido que sabe que nos pone a correr a la primera llamada, un muchachito consentido que necesita ser criado y al que nos sentimos capaces de cambiar, un chico malo que hace lo que le prohibimos por puro placer, un coquetón que no tiene problema en olvidarse de nosotras por irse detrás de una niña en la calle, un don Juan que sabe que nos domina tirándonos un beso, un conchudo que sabe que siempre le limpiaremos sus cagadas y, aparte de todo, un descarado que después de haber pasado una tarde increíble con otra gente se atreve a hacernos un show de celos tan pronto nos volvemos a encontrar. La verdad sea dicha, como mamá soy una novia celosa y Lolo como hijo es mi novio bandido.

Pero, a diferencia de la inocencia de adolescente que me hizo ganarme varios cachos, esta vez si puedo asegurar que si Lolo se porta más juicioso sin mi y hace un escándalo cuando me ve, es para demostrarme su cariño. Estamos enamorados, nos extrañamos, marcamos territorio, nos aguantamos muchas cosas, entre esas tener por momentos que estar separados, nos conocemos todos nuestros achaques y cuando nos volvemos a encontrar nos desquitamos. O es que acaso, ustedes no se portan mejor en presencia de aquellas personas con las que sienten menos confianza?


Ser o no ser mamá. Es una discusión que se ha empezado a apoderar de nuestras “noches de chicas”, de los timelines en twitter, de los blogs de moda, de las editoriales de revista, de las visitas a la suegra y hasta de las obligadas, y por fortuna cortas, conversaciones de ascensor. Es un tema que toca tantas susceptibilidades tanto para la que lo es como para la que no lo quiere ser que termina como “por variar” enfrentando a mujeres contra mujeres.

Para mi, dicho debate no debería siquiera de existir. Que la que no quiere ser mamá no lo sea. No tener hijos no significa que seamos personas egoístas, inmaduras o superficiales, como muchos padres de familia desesperadamente tratan de ofender a quien expresa su deseo de no tener hijos. Ahora bien, tampoco significa que seamos más inteligentes, mas conscientes, más felices o más “cool” si no los tenemos.

Soy mamá. Y me desgasta enormemente ver otras mamás buscando razones descabelladas, para refutar, entre otros, el argumento de “hay sobrepoblación en el mundo como para traer otra persona más a gastar los pocos recursos que nos quedan”. La que no quiere ser mamá ya tomó su decisión así que déjenla en paz, por más que le queramos explicar lo increíble que es el amor por un hijo jamás va a siquiera alcanzar a imaginárselo. Ahí si como bien dice el dicho “el que lo vive es quien o goza” así que no seamos tan mamomas o, valga la pena decirlo, tan mamás. La  verdadera y realmente válida discusión debería ser: si ya soy mamá, que tipo de mamá quiero ser?.

El embarazo a pesar de sus incomodidades y nauseas, es fácil. El parto no es tan grave como lo pintan o por algún mandato divino a uno hasta se le olvida. Las trasnochadas dando tetero y no rumbiando no son todas y no son para siempre. Lo difícil no es ser mamá, lo difícil es ser una buena. Lo desafiante es garantizarle a tus hijos que vienen a ser parte de un hogar feliz, es seguir amando y consintiendo a tu esposo, a tus padres, a tus suegros, a tu empleada, porque con el ejemplo le enseñas más que con una cantaleta y una jalada de orejas. El reto es dedicarle el tiempo que puedas pero tiempo de verdad, no con tu mente en el celular. La tarea es llenarlos de amor así a veces nos digan que nos los vamos a tirar. Lo difícil es sacrificar mil cosas que te gustaría hacer pero que comparadas con estar con ellos resultan poco importantes (el gimnasio puede esperar, si no tengo un perfecto manicure no me voy a morir, si me pierdo el chiste del momento en el chat tampoco pasa nada…) Lo importante es no buscar como deshacernos de ellos a cada oportunidad que tenemos, es realmente esa vecina, ese programa de tv mejor que estar conmigo así sea haciendo mercado?. Lo osado y heroico es que seas tu quien se arriesgue a criarlos y no tu empleada o la abuela. Por más buenas que sean, la empleada no podrá remplazarte y la genialidad de la abuela es precisamente que los pueda malcriar. Lo audaz de ser madre no es haber soportado una panza y 20 kilos de más por 9 meses (ni tampoco haber logrado bajarlos) es acostarte, seguramente acabada, con la satisfacción de que tu bebé es un bebé feliz gracias a ti.

Estoy rodeada de mujeres que han decidido no ser madres con argumentos que parecen más excusas que razones. Es triste, pero lo realmente sobrecogedor es estar rodeada de mamás que decidieron serlo al parecer por las razones equivocadas.

Aplaudo de pie a aquellas mujeres valientes que analizaron a fondo el oficio de ser mamá y decidieron no serlo no porque les preocupaba perder noches de rumba o tardes de shopping sino porque llegaron a la conclusión que de que no podrían ser lo mejor para ese bebé. Aplaudo, aún más, a aquellas con agallas que lo analizaron, decidieron serlo y se esfuerzan cada día por ser las mejores. A las otras, prefiero no decirles nada porque lo único que podría decir ya no tiene sentido: ojalá hubieras seguido planificando.

balcón slide

Sígueme en Instagram, Twitter y Facebook: @lanuwe