Madre primeriza, vengo del futuro, tengo un mensaje para usted, tranquila, no todo va a estar bien.

 

¿Se siente usted agobiada porque su hijo todo se lo comunica llorando?

Tranquila vengo del futuro, tengo un hijo de casi 5 años. Su hijo aprenderá a hablar, dirá palabras con una pronunciación que la hará morir de amor, construirá frases que usted querrá anotar en una agenda que se llame “los mejores apuntes de mi hijo”. Pero prepárese, habrá momentos del día que lo único que añorará es un minuto de silencio. Un segundo sin ese tono agudo que rebota en sus tímpanos y que se repite como un loop eterno con las palabras “mamá” “¿por qué?” “mamaaaaaa”.

¿Se siente usted desesperada porque para salir a la calle debe cargar un equipaje de mano que cualquier aerolínea le obligaría aforar por exceso de peso?

Un equipaje lleno de artículos esenciales como pañales, pañitos, cambiador, mudas de repuesto, crema antipañalitis, tetero limpio, tetero limpio dos por si acaso, juguete para entretener 1, juguete para entretener 2? Tranquila vengo del futuro, tengo un hijo de casi 5 años. Usted desempolvará la carterita de mano porque ellos dejan el pañal. Pero prepárese para en el proceso trapear mas pisos que Cenicienta, cambiar más ropa que presentador de los Oscar, pararse en la mejor parte de la película y atravesar medio cine ante los respiros de queja del resto de espectadores para llevarlo al baño y, peor que todo lo dicho anteriormente junto, conocer baños de mala muerte porque su hijo necesita ahí y solo ahí hacer el temido número dos.

¿Se siente usted jorobada porque su hijo para caminar y no darse contra el mundo necesita agarrarse de su dedo índice todo el tiempo para recorrer una y otra vez el mismo restaurante?

Tranquila, vengo del futuro, tengo un hijo de casi 5 años. Usted recuperará su columna vertebral porque los niños aprenden a caminar. Pero prepárese porque lo difícil va a ser que su hijo le de la mano al cruzar la calle, que camine junto a usted en un centro comercial y que no salga a correr en el supermercado creyendo que esconderse de usted lo mas lejos que pueda es divertido.

¿Se siente usted cochina porque el tiempo para bañarse se lo dictan las cada vez menos siestas que su hijo puede hacer en su cuna y no encima suyo?

Tranquila, vengo del fututo, tengo un hijo de casi 5 años. Usted volverá a tener tiempo para usted. Tendrá horas para reencontrarse con usted. Pero prepárese por más tiempo a solas que tenga sepa de una vez que después de ser madre el tiempo no le vuelve a alcanzar a uno para nada.

¿Se siente usted cansada?

Duerme menos de 6 horas de corrido. Tranquila vengo del futuro, tengo un hijo de casi 5 años. El cansancio físico pierde poder, usted volverá a dormir 8 y hasta 10 horas en la noche. Pero prepárese viene el cansancio emocional y mental de controlar una pataleta, de explicar un “No”, de manejar los situaciones difíciles en el colegio, de conversar sobre los amigos. El cansancio de criar que no se recupera con unas horas de sueño.

¿Se siente usted perdidamente enamorada de su bebé?

Tranquila, vengo del futuro, tengo un hijo de casi 5 años y si usted cree que está enamorada de ese pequeño bulto, no sabe lo que le espera. El amor que sentía por mi bebé es una minucia insignificante comparada con lo que siento hoy por mi hijo. Si de algo estoy segura es que el amor no para de crecer. Entre más lo conozco, entre más puedo ver su personalidad, entre más lo oigo hablar, entre más lo veo relacionarse con el mundo, entre más recibo sus besos dados por convicción, entre más escucho sus conclusiones, me doy cuenta que si bien los retos de la maternidad cada día son más grandes mi amor por él crece y se multiplica a la misma velocidad.

Tranquila, no todo va a estar bien pero se pone cada vez mejor.

 

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En un post pasado, “Ser mamá es hacer todo lo que una vez criticaste” les compartí una lista de cosas que prometemos antes de ser mamás. Palabras que todas o casi todas tenemos que tragarnos alguna vez en la vida.

Una amiga de esas que uno quiere y odia por joven, hermosa, talentosa, inteligente, chistosa y bacana hizo de ese post algo maravilloso: 11 ilustraciones con mis palabras y yo no podía dejar de compartirlo con ustedes.

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Mamá e hijo vistos por los ojos de la talentosa Amalia Restrepo @amaaalia

11790175_10205732444883450_768499441_oDíganme por favor que no soy la única mamá que ha sucumbido a los avances tecnológicos con tal de terminar de almorzar, de oír el chisme completo de una amiga o incluso para dormir cinco minutos más. Si bien no quiero que mi hijo viva hipnotizado por estos aparatos tampoco voy a desconocer que son parte de esta generación y no somos miembros de una comunidad Amish.
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Cuenta la leyenda que ciertos niños han llegado a cumplir los 4 años sin saber que existe algo más dulce que un banano. No conocen el placer de hostigarse a punta de nutella, ni han sentido el divertido burbujeo en la nariz que provoca una gaseosa. Mi más sentido pésame con ellos. Gracias mamá por dejarme probar estas delicias cuando mi metabolismo las podía quemar en un segundo.

11793795_10205732443923426_2088098361_oNo es falta de amor propio es practicidad. Si bien antes de ser mamá me hubiera rehusado a salir a la calle con un poco de frizz, ahora no puede añorar más las colas de caballo. Los jeans, los tenis y las camisetas se volvieron mis mejores amigas. Y el look se complementa con un poco de jugo de mora (casualmente el día que tengo pantalón blanco), con una manito de grasa en mi camisa, un poquito de mocos, pintura, chocolate o cualquier material escandaloso y difícil de sacar.

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Cama-cuna: 2´000.000.

Juego de sábanas: 120.000.

Monitor con intercomunicadores y cámara de visión nocturna: 1´200.000

Que toda la familia duerma plácidamente: No tiene precio




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Antes de ser mamá me burlé durante años de mi hermano mayor y su manera de tomar por los hombros a mi sobrino como última advertencia a un llamado de atención. Me parecía exagerado, poco paciente, mal geniado, desmesurado … hasta que fui mamá. Esas ganas que  nos dan de espichar a los niños no siempre son producto de la ternura y de la suavidad de sus cachetes. Y el amor más grande del planeta también nos muestra la impotencia más berraca.

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Si no eres parte de esa minoría bendecida por la genética, después del parto y durante un par de meses, andarás por la calle con tu bebé y la gente se preguntará a que hora encargaste el otro. Yo me tenía tanta fe que la ropa que lleve para salir de la clínica no me cupo y tuve que volverme a poner la de maternidad con la que llegue. Ahora sufro con las sobras de Lolo que terminan en mi plato, con las piñatas llenas de cosas deliciosas, con halloween, con ir a hacer mercado, con los refrigerios que Lolo se rehusa a comer y a mi me da pesar botar destapados, con la leche de tarro que me acabo a cucharadas recordando mi niñez en la que juraba que eran quipitos.

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“Yo le hubiera dado una cachetada y listo, problema resuelto” decía mi amiga sin hijos después de relatarme un viaje en avión al lado de un niño. Mientras oigo sus consejos desde la ingenuidad de no saber como es esto, cruzo los dedos para que Lolo no haga una pataleta en su presencia y ella tenga que verme darle el control del tv y no una cachetada para que pueda terminar de contarme su historia. Si algo he aprendido de una pataleta es que o la hace Lolo o la hago yo, nunca los dos al tiempo.

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Me lo advirtieron en los cursos psicoprofilácticos, me lo dijo mi mamá, lo oí de mis amigas y aún así pasé noches enteras en urgencias porque a mi modo de ver ese reflujo estaba fuera de lo normal. Después de pasar horas rogando que nos hicieran todos los exámenes y de ver niños que realmente necesitaba atención, nosotros somnolientos, cansados y hambrientos no sabíamos como rogarle al doctor que nos dejara ir a casa.

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A propósito.. que hago haciendo este post en estos minutos valiosos??????

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Y en realidad no me imaginaba que teniendo a Lolo la más beneficiada iba a ser yo misma, porque con mis aciertos y desaciertos, sin un hijo no sería la persona que soy hoy.

Vale la pena,además de agradecer y reconocer el talento de Amalia Restrepo, divertirse con sus ilustraciones. Cuando tengas un rato, síguela en Instagram @amaaalia

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Vergüenzas con Lolo FB

Lo mejor y lo peor que me ha traído la maternidad es la pérdida de vergüenza. No es casualidad que usemos la palabra embarazoso para describir sucesos bochornosos, ya que desde ese preciso momento nos enfrentamos a una serie de acontecimientos que nos sonrojan, nos delatan y, perdón la palabra, nos emputan. Las visitas al ginecólogo nos liberan de tapujos, y ése es sólo el comienzo.

Durante años me quejé de la facilidad que tenían mis papás para hacerme sonrojar en frente de amigos, pretendientes y desconocidos. En algún momento sospeché que lo hacían de aposta, hoy estoy segura de ello. Cuando somos hijos no entendemos porque se empeñan en hacernos sentir así. Cuando somos padres finalmente lo sabemos.

Las mamás y papás han decidido forjar el carácter de sus hijos adolescentes a punta de pena porque en sus primeros años, cuando éstos eran bebés, han forjado el de ellos de la misma manera. Mi hipótesis es sencilla: los hijos nos hacen perder la vergüenza a punta de “osos” durante casi toda su niñez, se especializan en hacernos quedar mal en todo momento. En retaliación y a modo de venganza tenemos toda su adolescencia y parte de la adultez para desquitarnos.

Lolo con sus escasos dos años ha ido formándome una personalidad libre de timidez.

En unas vacaciones, Lolo chapoteaba agua en una piscina de cuyo nombre no quiero acordarme. Confiado en la seguridad que su pañal de agua le brindaba decide hacer la digestión. Yo veo su sonrisa característica de labios apretados para estos menesteres y lo saco de la piscina a la velocidad de la luz tan pronto veo un hilo de agua de otro color nadando como una lombriz en el agua. Con la toalla de bronceo logro limpiar el desastre que ya ha llegado también a sus piernas. El estrés me salva de vomitar. Y la vergüenza con el resto de turistas me genera un ataque de risa nervioso. Descubro que el calor, el agua y al parecer la arepa de huevo crean una mezcla demasiado peligrosa para ser contenida por un humilde pañal de agua. Los otros días los dedico al mar no me atrevo a dar la cara por la piscina.

Hay días que Lolo decide soltar un peito en el ascensor. Contrario a lo que la gente puede pensar, ese pequeño con carita de ángel, sonrisa contagiosa, mirada de galán de novela puede producir unos olores altamente contaminantes similares a los de un adulto enguayabado. Cuando semejante oprobio se expande por las narices de todos siento las miradas inquisidoras que sospechan más de la madre que del angelito.

“Ana María deja que Lolo experimente con la comida de esa manera le cogerá gusto” me repetía mi pediatra. Y si, Lolo es feliz comiendo spaguettis y untándoselos, espichando una papa en su mano y embutiéndosela después en la boca y yo también. Nunca pensé que ver comer a un hijo generara tanta satisfacción y felicidad, pero en los restaurantes esto es insoportable. Lolo quiere ser dueño de su comida como lo es en casa y eso no parece gustarle mucho al resto de gente. La vergüenza de pararse de la mesa se aliviana un poco limpiando con pañitos húmedos y dejando una buena propina.

Suelen decirme que en un años tendré que espantar mucha jovencita enamorada en la puerta de mi casa pero hasta que llegue ese momento sufro cada vez que una quiere interactuar con Lolo… “Lolo mira saluda a Valentina, mira que niña más linda, mira que te está dando la mano, ella te quería conocer, ay la vas a abrazar que bueno, no Lolo no, suéltale el pelo, Lolo, por favor no se lo arranques, Lorenzo suelta a Valentina, Lolo con la arena no, en el pelo noooooo”. La mamá de Valentina huye despavorida de nuestro lado no sin antes lanzarnos miradas que si las pusiera en palabras, este post sería uno muy grosero, y yo me quedo sola en la arenera sintiéndome la peor mamá del universo.

A pesar de haber lactado escasos tres meses Lolo tiene una fascinación por meter la mano en mi brasier. No me alcanzan los dedos de la mano y los pies para contarles el sin número de veces que por culpa de su manía he andado por la calle exhibiendo más de la cuenta. No es gratuito que en muchos sitios me hayan atendido con una sonrisa inusual y una lentitud exagerada. Y yo que pensaba que lo difícil había sido quitarle esa maña al papá.

Y si les contara las cantidad de veces que le he dicho a mi mamá o a mi suegra que Lolo no come esto o lo otro y de la mano de ellas no sólo lo recibe, sino que lo devora, repite y pide más. Defenderse es poco útil en estos casos porque la sonrisa ganadora de ellas te harán sentir no sólo mentirosa, mala cocinera y antipática sino además una pésima persona.

La verdad es que todos estos “osos” son tan sólo la antesala al paredón de la vergüenza. Apenas Lolo comience a hablar, la cosa se pondrá peluda de verdad. Historias de apuntes de niños hay mil y todas son excesivamente divertidas precisamente porque dejan muy mal paradas a las mamás o al menos sin algo que decir.

– “Uy mire ese negro tan feo se parece como a usted”. Daniel Medina. 6 años. A su tío costeño.

– “Yo voy a almorzar pero si no cocina usted”. Manuela. 5 años. A su abuelita.

– “Me das un beso? Si pero espere me saco este moco”. Maria Alejandra. 4 años. A la amiga de su abuelita.

– “Y qué hace tu mamá todo el día? Regañarme y hablar por celular”. Juan José. 8 años.

– “Quién era Simón Bolívar? Pues Cristóbal Colón”. Andrés Medina. 8 años.

– “Por qué no aprendes a tocar piano? Porque de grande quiero ser bruta como mi mamá“. Ana María Medina. 6 años.

Con todo esto y con lo que me falta, desde ya les aseguro que no me voy a aguantar las ganas de salir a buscarlo en pijama y despelucada si ha incumplido la hora acordada. No me voy a morder la lengua frente a su novia cuando me pregunte hasta que edad se orinó en la cama. Voy a gozar cuando haga su primer gol y yo seré la loca demente en la tribuna disfrazada de porrista gritando: “ése es mi bebé”. No me temblará la voz para contar un mal chiste delante de sus amigos, ni la mano para tomarme una selfie con él en su primer día de universidad antes de entrar al salón. Y mucho menos me contendré de besuquearlo en frente de quien sea. Lolo renegará y creerá que no ha hecho nada en la vida para que yo le haga pasar por estos momentos bochornosos. Yo sonreiré y me haré la güevona porque la teoría de la vergüenza habrá completado su ciclo.

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December: Month that intoxicates us in happiness, love to the world and good desires. It’s the perfect month to share with your family. The novenas, candle night, Christmas Eve, fool’s day, new year’s eve, the magi… a thousand and one excuses to have incredible moments with them. The hangover comes in January when we realize that the excess of family, just as the one with food, has its contraindications. Overcoming family vacations without at least a squabble is a complete challenge and requires a lot of patience, tolerance and love (now I understand why these words always go in Christmas slogans).




If someone has returned from holidays without feeling the desire for at least one second of choking a family member, as nice as he is, he must be an orphan, be pending on being sanctified, or as in most cases, be a man. It’s not a secret that we women complicate things a lot more, especially when we are moms.

My advice to not mess up future vacations or start counterpointing a family member, which will later bring regret, is to prepare the best answer to give against adversities. By adversities I mean a series of unfortunate comments that didn’t had the opportunity to have a trip through the brain before getting to the mouth and that once you are a mom there will always be someone who will make it. For the one who makes them they might be inconsequential and fun, but for us they wake up the Charles Manson that we have inside.

  1. “Today you girls are weak. I don’t understand why you complain. For me it was hard, with four babies in a row, without a babysitter, with cloth diapers and a husband like the ones in those days that didn’t help at all.”

Answer that you would like to give: What a misery that you had to live in that era. I suppose that, besides disposable diapers, safe contraconception methods were not invented yet, because who the hell would want 4 children in 5 years. Actually, how did you get pregnant with a husband that wasn’t at home? I understand your problems but I would also be consumed.

Answer that you should give: Smile and send them to Coventry.

  1. “I would’ve already slapped that kid; he won’t whine like that to me.”

Answer that you would like to give: If you had children (because paradoxically this phrase is always given by people without children) that if in the middle of the whining I get equally or more violent than him, the thing will get worse to the point of triggering World War III. By being condescending I’m trying for you to have a nice moment and carry out things the good way. In the tranquility and intimacy of our house I’ll see how to fix it.

Answer that you should give: Smile and send them to Coventry.

  1. “Are you gonna sleep now? Don’t be so boring!”

Answer that you would like to give: You find it boring that I spent all the day at the pool, not laid down tanning like you did, but playing shark, drowned and jellyfish (introduce your face in the water and make bubbles until you can’t have one more broken vessel). You find it boring that I had to go to the pool again while you were napping before lunch? I think I should rest because you aren’t going to help me take care of him and you are only going to carry him 5 seconds for the pic you’re going to take.

Answer that you should give: Smile and send them to Coventry

  1. “Lolo is spoiled and apathetic, you should see Faustina’s grandson how sympathetic he is with everybody.”

Answer that you would like to give: If you visited him more often maybe you wouldn’t be such a stranger to him. If you knew him a little bit more you would know that he doesn’t like to be forced to be hugged, that it hurts him when they squish his cheeks and that he gets scared when you scream at him, even if it’s that tong twister that you think it’s funny. Maybe that’s why he runs away frightened all the time. Lolo isn’t apathetic, he is selective. Ah and I don’t care about Faustina’s grandson.

Answer that you should give: Smile and send them to Coventry.

  1. “The kid was fine until his mom arrived”

Answer that you would like to give: What the f… hell are you trying to say? I’m not even going to try to elaborate an answer, come here and receive your slap.

Answer that you should give: Smile, send them to Coventry and go for a drink.

If the drink doesn’t help think that everything can always be worse, I know some that came up with this jewel: “I don’t know who that kid looks like, because that person is not from this side of the family.”

And if you felt identified, alluded or attacked with at least one of these phrases, just smile and send me to Coventry. To be a happy mom sometimes that’s all you need.

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Diciembre: Mes que nos embriaga de felicidad, amor por el mundo y buenos deseos. Es el mes perfecto para compartir en familia. Las novenas, el día de las velitas, noche buena, día de los inocentes, año nuevo, reyes… mil y una excusas para pasar momentos familiares increíbles. El guayabo nos llega en enero cuando nos damos cuenta que el exceso de familia, así como de comida, tiene sus contraindicaciones. Superar unas vacaciones familiares sin al menos una pequeña rencilla o un cruce de frases fuertes, es todo un reto y requiere de mucha paciencia, tolerancia y amor (Comienzo a entender porque estas palabras siempre van en los slogans de navidad).




Si alguien ha regresado de unas vacaciones sin haber sentido al menos por un segundo ganas de ahorcar a algún familiar, por querido que sea, debe ser huérfano, estar pendiente de santificar o, en la mayoría de casos, ser hombre. No es un secreto que las mujeres todo lo complicamos y más aún cuando somos mamás.

Mi consejo para no dañarse futuras vacaciones o empezar un contrapunteo con alguien de la familia, del que después se va a arrepentir, es que prepare la mejor respuesta que puede dar ante las adversidades. Por adversidades me refiero a una serie de comentarios desafortunados que no tuvieron la oportunidad de darse un paseo por el cerebro antes de llegar a la boca y que una vez eres mamá no faltará quien te los haga. Para el que los hace puede que sean poco trascendentales y divertidos pero a nosotras nos despiertan el Charles Manson que llevamos dentro.

1. “Ustedes ahora son muy flojas. Yo no entiendo de que se quejan. A mi si me tocó difícil, con cuatro bebés seguiditos, sin empleada, con pañales de tela y con un esposo como los de antes que no ayudaban para nada”

Respuesta que quisieras dar: Que embarrada que te haya tocado vivir en esa época. Supongo que, además de pañales desechables, tampoco se habían inventado métodos de anticoncepción seguros porque a quien se le ocurre tener 4 hijos en menos de 5 años. Es más, a que hora lograbas quedar embarazada con un marido que no se aparecía por la casa. Entiendo tus achaques yo también estaría rendida.

Respuesta que debes dar: Sonríe y hazte la güevona

2. “Yo ya le hubiera dado una buena palmada a ese niño; a mi si que no me venga a hacer ese berrinche”

Respuesta que te gustaría dar: Si tuvieras hijos (porque paradójicamente esta frase siempre es dicha por gente sin hijos) entenderías que si en medio de este berrinche me pongo a la par o más violenta que él, la cosa no va a mejorar sino por el contrario va a empeorar al punto de desencadenar la tercera guerra mundial. Estoy tratando de que tengas un momento mas ameno al ser condescendiente y llevar las cosas por la buena. Yo ya veré en la tranquilidad e intimidad de mi casa como lo corrijo.

Respuesta que debes dar: Sonríe y hazte la güevona

3. “Te vas a acostar ya? No seas tan aburrida”

Respuesta que te gustaría dar: Te parece aburrido que haya estado todo el día en la piscina, no echada bronceándome como tu, sino jugando a tiburón, ahogados y medusa (meter la cara y hacer burbujas hasta que los ojos no pueden tener un vaso más reventado). Te parece aburrido que haya tenido que volver a otra tanda de piscina mientras tu le hacías la siesta al sancocho? Creo que me merezco descansar ya que mañana tu no me vas ayudar a cuidarlo y solo lo vas a alzar los 5 segundos que te demoras tomándote una foto con él.

Respuesta que debes dar: Sonríe y hazte la güevona




4. “Lolo está muy mimado y antipático, vieras el nieto de Faustina lo simpático que es con todo el mundo”

Respuesta que te gustaría dar: A lo mejor si lo visitaras más seguido no le parecerías tan extraña. Si lo conocieras un poquito más sabrías que no le gusta que lo traten de abrazar a la fuerza, que le duele cuando le pellizcan los cachetes y que se asusta cuando le gritas, así sea ese trabalenguas que te parece tan divertido. Creo que por eso cada vez que te ve sale despavorido. Lolo no es antipático, es selectivo. Ah y el nieto de Faustina no puede importarme menos.

Respuesta que debes dar: Sonríe y hazte la güevona

5. “El niño estaba bien hasta que llegó la mamá”

Respuesta que te gustaría dar: Qué pu… carajos estás queriendo decir? Ni siquiera voy a intentar elaborar una respuesta, acércate y toma tu cachetada.

Respuesta que debes dar: Sonríe, hazte la güevona y ve por un trago.

Si el traguito no ayuda piensa que todo siempre puede ser peor, conozco a algunas que les salieron con ésta joya: “Yo no sé a quién se parece ese niño, porque por este lado de la familia no es.”

Y si eres de las que te sentiste identificada, aludida o atacada con alguna de estas frases, simplemente sonríe y hazte la güevona. Para ser una mamá feliz a veces eso es todo lo que se necesita.

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They say that they key to happiness is not comparing yourself to anyone else… or at least not with someone who is in a situation much better than ours. We could think that if we do it backwards, with someone who is in a worse situation, it could work. But after the bliss explosion, satisfaction and thankfulness comes guilt, pity and even remorse. So in the long term, it will always be better to not compare yourself, not looking neither up nor down. I have it clear, but be careful, having it clear doesn’t mean I do it. I don’t have to repeat to you guys that I am a mom, in other words, I preach things that I don’t apply, I teach things that I don’t know, I cook things that I don’t eat and I demand things that I don’t do. Since that first day that we make public our pregnancy the comparisons start, almost always (not to say always) hateful.




“She turned so ugly, porky and full of rashes.”

“I didn’t fatten as much as her, she must have her belly full of stretch marks”.

“She’s gonna have him at a clinic, with a professional doctor, anesthesia and if something goes wrong they’ll do a cesarean section; she’s so weak”.

In the universe of “mommies and daddies” (how vilely teachers and nurses insist in calling us) if it wasn’t for comparisons there wouldn’t be any topics to touch with other “mommies and daddies” for sure.

“Mine can pass a night strait, doesn’t yours?”

“Mine walked when he was 9 months old, didn’t yours”

“Mine stopped using diapers, feeding bottle and even spoke when he was that age. How come yours doesn’t”

Obviously, and luckily it’s something worth saying, for each mom there’s no better child than her own. We know there are more cute, compliant, intelligent, sympathetic, less weeping and even so, don’t ask me why, no one will be better than ours. That might be why the majority of times instead of being compassive with other moms, we prefer to brag and even lie to feel that our role is being executed better.

“Since the third month we don’t know what it is to wake up at midnight”.

“Off course, we actually had to catch him up because if not at the 8th month he would run a marathon”.

“Please, mine already started taking mandarin classes but german is still his favorite”.

My self, like all others, have bragged, exaggerated, omitted and lied making Lolo show off. But one day I gave up, decided not to respond to my “opponent” with more maternal musings and discovered that we are all the same. The only thing we want to know is if we are messing up or doing it well and in order to do that we need to compare ourselves.

Jonnie Doe (the real name has been changed to protect his identity) eats everything. He loves all fruits and veggies.

“Awesome, but Lulo (his name has been changed as well in order to protect his identity) doesn’t like fruits or veggies, we haven’t been able to change that.”

“Okay, Jonnie Doe doesn’t eat all of them. He sometimes accepts to receive mango or banana. But not always and it’s a quarrel. And veggies have to be cooked and hidden in a piece of meat. Well, I always end up complementing with a feeding bottle in order to nourish him”.

Things being like that, as a social labor I have decided to confess my truths so that when you compare with me: look at me with a snobbish face, conmmiserate me or, even better, relax yourselves: Lorenzo walked when he was 13 months old and not before, he still wakes us up at dawn, the majority of those wake ups I take him to my bed, he still asks for a feeding bottle to sleep at night, only says “mamá, papá, tete, pepa and amapatacamaatapita”, which I haven’t been able to figure out its meaning; he is sometimes so restless and rowdy that he makes me feel embarrassed with guests, he doesn’t like fruits, it’s a true odyssey to change his diapers and he asks for most things with a little, constant and exasperating weeping similar to Chewbacca’s.

However, I do have to recognize: Since he was 2 months old, my son poses for pics, doesn’t yours?

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Ser o no ser mamá. Es una discusión que se ha empezado a apoderar de nuestras “noches de chicas”, de los timelines en twitter, de los blogs de moda, de las editoriales de revista, de las visitas a la suegra y hasta de las obligadas, y por fortuna cortas, conversaciones de ascensor. Es un tema que toca tantas susceptibilidades tanto para la que lo es como para la que no lo quiere ser que termina como “por variar” enfrentando a mujeres contra mujeres.

Para mi, dicho debate no debería siquiera de existir. Que la que no quiere ser mamá no lo sea. No tener hijos no significa que seamos personas egoístas, inmaduras o superficiales, como muchos padres de familia desesperadamente tratan de ofender a quien expresa su deseo de no tener hijos. Ahora bien, tampoco significa que seamos más inteligentes, mas conscientes, más felices o más “cool” si no los tenemos.

Soy mamá. Y me desgasta enormemente ver otras mamás buscando razones descabelladas, para refutar, entre otros, el argumento de “hay sobrepoblación en el mundo como para traer otra persona más a gastar los pocos recursos que nos quedan”. La que no quiere ser mamá ya tomó su decisión así que déjenla en paz, por más que le queramos explicar lo increíble que es el amor por un hijo jamás va a siquiera alcanzar a imaginárselo. Ahí si como bien dice el dicho “el que lo vive es quien o goza” así que no seamos tan mamomas o, valga la pena decirlo, tan mamás. La  verdadera y realmente válida discusión debería ser: si ya soy mamá, que tipo de mamá quiero ser?.

El embarazo a pesar de sus incomodidades y nauseas, es fácil. El parto no es tan grave como lo pintan o por algún mandato divino a uno hasta se le olvida. Las trasnochadas dando tetero y no rumbiando no son todas y no son para siempre. Lo difícil no es ser mamá, lo difícil es ser una buena. Lo desafiante es garantizarle a tus hijos que vienen a ser parte de un hogar feliz, es seguir amando y consintiendo a tu esposo, a tus padres, a tus suegros, a tu empleada, porque con el ejemplo le enseñas más que con una cantaleta y una jalada de orejas. El reto es dedicarle el tiempo que puedas pero tiempo de verdad, no con tu mente en el celular. La tarea es llenarlos de amor así a veces nos digan que nos los vamos a tirar. Lo difícil es sacrificar mil cosas que te gustaría hacer pero que comparadas con estar con ellos resultan poco importantes (el gimnasio puede esperar, si no tengo un perfecto manicure no me voy a morir, si me pierdo el chiste del momento en el chat tampoco pasa nada…) Lo importante es no buscar como deshacernos de ellos a cada oportunidad que tenemos, es realmente esa vecina, ese programa de tv mejor que estar conmigo así sea haciendo mercado?. Lo osado y heroico es que seas tu quien se arriesgue a criarlos y no tu empleada o la abuela. Por más buenas que sean, la empleada no podrá remplazarte y la genialidad de la abuela es precisamente que los pueda malcriar. Lo audaz de ser madre no es haber soportado una panza y 20 kilos de más por 9 meses (ni tampoco haber logrado bajarlos) es acostarte, seguramente acabada, con la satisfacción de que tu bebé es un bebé feliz gracias a ti.

Estoy rodeada de mujeres que han decidido no ser madres con argumentos que parecen más excusas que razones. Es triste, pero lo realmente sobrecogedor es estar rodeada de mamás que decidieron serlo al parecer por las razones equivocadas.

Aplaudo de pie a aquellas mujeres valientes que analizaron a fondo el oficio de ser mamá y decidieron no serlo no porque les preocupaba perder noches de rumba o tardes de shopping sino porque llegaron a la conclusión que de que no podrían ser lo mejor para ese bebé. Aplaudo, aún más, a aquellas con agallas que lo analizaron, decidieron serlo y se esfuerzan cada día por ser las mejores. A las otras, prefiero no decirles nada porque lo único que podría decir ya no tiene sentido: ojalá hubieras seguido planificando.

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